México: La noche triste de AMLO

Carlos Loret de Mola *


Perder medio centenar de diputados no lo vuelve un presidente de papel. Seguirá siendo muy fuerte y seguirá ejerciendo el poder sin tolerancia, a oídos cerrados.


Si el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), fuera un político normal, tendría que festejar el resultado de las elecciones intermedias de ayer: en medio de una crisis económica, de violencia, de corrupción y de salud, la alianza electoral encabezada por su partido, Morena, logró mantener la mayoría simple en la Cámara de Diputados -según los resultados preliminares- y parece que ganará la inmensa mayoría de las 15 gubernaturas en juego. Para cualquier presidente del mundo, ante un país en crisis, un resultado electoral como este sería un éxito.

Pero AMLO es todo menos un político normal. Él no acepta que su gobierno va mal, a pesar de que todas las cifras apuntan en esa dirección, y además se asume como el único representante legítimo del “pueblo”. Con esos parámetros, el resultado de la elección intermedia de este domingo 6 es un tropiezo: deja a su proyecto con al menos 50 diputados menos, sin la mayoría calificada que le permitiría cambiar la Constitución a su antojo.

Este resultado le rompe la narrativa. Y para AMLO la narrativa lo es todo: dedica diariamente dos horas a hacer un simulacro de conferencia de prensa en la que habla de logros imaginarios de su gobierno y de cómo él encarna a lo que denomina el “pueblo”. Al amanecer de este lunes 7, habrá que reconocer que una parte de ese pueblo ya no está con él y ha preferido recetarle un contrapeso en la Cámara de Diputados, que si bien no será capaz de frenarlo por completo, sí le complicará la ruta. El pueblo habló, fuerte y claro: la participación fue la más alta para una elección intermedia en el siglo XXI.

Además, la nueva conformación de la Cámara dejará al presidente expuesto: para obtener la mayoría simple (que le servirá para aprobar presupuestos y leyes) deberá echar mano de sus aliados del Partido Verde Ecologista de México, quien este fin de semana utilizó a influencers para romper la veda electoral y carga con un desprestigio de años: está conformado por una élite que se ha hecho multimillonaria gracias a su sagacidad para vender sus votos al presidente en turno, que a cambio les brinda dinero e impunidad.

Para un presidente que se presume diferente a los del pasado, e incluso moralmente superior, la alianza indispensable con el Partido Verde lo deja moralmente cojo. En cambio, para el Partido Verde representa la invaluable oportunidad de vender caro sus votos a AMLO… o a otro. Porque si algo sabemos del Partido Verde es que sus lealtades son temporales. El reto de Morena y AMLO será mantener cohesión con sus aliados, por impresentables y dúctiles que sean. Sobre todo porque a AMLO ni siquiera le salió la apuesta de insertar a dos nuevos partidos satélite en la arena política que le facilitarían la mayoría: ninguno alcanzó la votación mínima para sobrevivir.

Durante la noche electoral de hace tres años, tras su victoria, AMLO abarrotó el Zócalo, la plaza principal de Ciudad de México. Era un torbellino de poder ante el que se rendía casi todo el país. La noche de este domingo, el Zócalo estuvo vacío.

El presidente se considera protagonista de una gesta heroica que no repara en nimiedades como el resultado de una elección, por ello es previsible que no baje el ritmo. Perder medio centenar de diputados no lo vuelve un presidente de papel. Seguirá siendo muy fuerte y seguirá ejerciendo el poder sin tolerancia, a oídos cerrados ante cualquiera que pretenda contradecirlo.

AMLO ha emprendido el sendero que conduce al autoritarismo, a la dictadura. Aún está lejos de llegar al destino. Lo de este domingo no lo descarrila ni le obliga a detenerse, pero sí le pone obstáculos en la ruta.

La oposición, extraviada durante la mitad del sexenio obradorista, ha encontrado su sitio. El viento en contra ya sopla distinto. Pero tampoco es para festejar: ante un gobierno que ha fracasado estrepitosamente, solo lograron evitar que no ganara la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

Este nuevo contrapeso legislativo no garantiza, porque no es lo suficientemente robusto, que AMLO no continúe con su impulso de avanzar hacia el país de un solo hombre: apoderándose, fustigando o desapareciendo organismos autónomos, la Suprema Corte de Justicia, organizaciones de la sociedad civil o la prensa crítica, entre otros.

* Columnista The Whashington Post


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