Miau

Redacción

Por Redacción

¡Miau! Isidoro Reyes está en su habitación. En el silencio de la noche escucha hasta su respiración. En cuatro días saldrá de viaje, otra vez. Volverá a pasar más de un mes fuera de su casa, que a veces no sabe bien dónde queda. Desde hace un año, cada mes duerme en un lugar distinto. No está prófugo, sólo busca. “Cuando pregunten por vos, les voy a decir: ‘Reyes no vive acá, vive en el mundo’”, le dijo un amigo que lo hospedó un tiempo. ¡Miau! Faltan tres días para el viaje, esta vez a Europa. Reyes está en su escritorio, frente a su laptop. Es medianoche y se le cierran los ojos. ¡Miau! Se para, camina hasta la cocina, sirve comida y se la lleva al gato, que espera en el jardín. Lo mira comer y, al rato, saltar por los techos. *** En los últimos ocho meses, o sea, desde que Reyes se separó de su exnovia, Miau pide comida y se pasa los días en la calle. Ambos están reacomodando sus cosas, sus espacios, sus tiempos: la vida misma. Miau vivía en un jardín encajonado entre dos paredes altísimas, de las que casi no podía escapar. Ahora está en un jardín más amplio. Pileta, árbol por el que se trepa y paredes bajas. Las puertas de la libertad: vive en los techos, en la calle. Pero vuelve a comer. *** Dos días antes de viajar, Reyes estaciona el auto en su casa y ve que Miau está en la vereda de enfrente. Cruza para buscarlo pero Miau se escapa y esa noche ya no vuelve. A la mañana siguiente, como siempre, en la puerta de la cocina: ¡miau! Esa tarde, la última antes de viaje, Miau entra a la casa por primera vez. ¿Habrá estado enojado y se le pasó? Da una vuelta y se queda sobre el sillón, frente a la televisión apagada. En su habitación, Reyes escucha algo raro. Se asoma al living: la lengua rasposa de Miau está trabajando el sillón. ¡¿Qué hacés?! Al acercarse, se da cuenta de que Miau había hecho pis sobre el sofá. “Si se porta mal, retalo. Los gatos no se ofenden”, le dijo un amigo a Reyes. Mudarse y viajar, como cada decisión, tiene consecuencias. Es posible que Miau no se ofenda con un reto, lo seguro es que se distanció en los últimos meses, después de tanto movimiento. Llega la noche. La última antes del viaje, ¿lo sabrá Miau? Reyes arma el bolso y escucha: ¡Miau! Le sirve comida y vuelve a su escritorio. Se sienta a responder mails. ¡Miau! ¡¿Y ahora qué?! ¡Miau! miau está en la habitación: salta y se acuesta sobre las piernas de Reyes. Ronronea.

Juan Ignacio Pereyra


¡Miau! Isidoro Reyes está en su habitación. En el silencio de la noche escucha hasta su respiración. En cuatro días saldrá de viaje, otra vez. Volverá a pasar más de un mes fuera de su casa, que a veces no sabe bien dónde queda. Desde hace un año, cada mes duerme en un lugar distinto. No está prófugo, sólo busca. “Cuando pregunten por vos, les voy a decir: ‘Reyes no vive acá, vive en el mundo’”, le dijo un amigo que lo hospedó un tiempo. ¡Miau! Faltan tres días para el viaje, esta vez a Europa. Reyes está en su escritorio, frente a su laptop. Es medianoche y se le cierran los ojos. ¡Miau! Se para, camina hasta la cocina, sirve comida y se la lleva al gato, que espera en el jardín. Lo mira comer y, al rato, saltar por los techos. *** En los últimos ocho meses, o sea, desde que Reyes se separó de su exnovia, Miau pide comida y se pasa los días en la calle. Ambos están reacomodando sus cosas, sus espacios, sus tiempos: la vida misma. Miau vivía en un jardín encajonado entre dos paredes altísimas, de las que casi no podía escapar. Ahora está en un jardín más amplio. Pileta, árbol por el que se trepa y paredes bajas. Las puertas de la libertad: vive en los techos, en la calle. Pero vuelve a comer. *** Dos días antes de viajar, Reyes estaciona el auto en su casa y ve que Miau está en la vereda de enfrente. Cruza para buscarlo pero Miau se escapa y esa noche ya no vuelve. A la mañana siguiente, como siempre, en la puerta de la cocina: ¡miau! Esa tarde, la última antes de viaje, Miau entra a la casa por primera vez. ¿Habrá estado enojado y se le pasó? Da una vuelta y se queda sobre el sillón, frente a la televisión apagada. En su habitación, Reyes escucha algo raro. Se asoma al living: la lengua rasposa de Miau está trabajando el sillón. ¡¿Qué hacés?! Al acercarse, se da cuenta de que Miau había hecho pis sobre el sofá. “Si se porta mal, retalo. Los gatos no se ofenden”, le dijo un amigo a Reyes. Mudarse y viajar, como cada decisión, tiene consecuencias. Es posible que Miau no se ofenda con un reto, lo seguro es que se distanció en los últimos meses, después de tanto movimiento. Llega la noche. La última antes del viaje, ¿lo sabrá Miau? Reyes arma el bolso y escucha: ¡Miau! Le sirve comida y vuelve a su escritorio. Se sienta a responder mails. ¡Miau! ¡¿Y ahora qué?! ¡Miau! miau está en la habitación: salta y se acuesta sobre las piernas de Reyes. Ronronea.

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