Miedo y soledad en el feudo de «Don Diego»
EL VERGEL, Colombia (AP/AFP).- Vastos y verdes potreros vacíos, un modesto caserón rural abandonado y un miedo que atenaza los labios de la gente son los legados del imperio que el presunto narcotraficante Diego Montoya dejó en esta región del oeste colombiano.
Un estrecho camino de tierra y piedras que cruza los potreros conduce a la hacienda El Pital, «vedada»' por peligrosas cuadrillas de hombres armados que la cuidan .
Ese territorio se enlaza por medio de caminos con los municipios Sevilla, La Paila y Zarzal, un detalle estratégico cuando quien habita el lugar resulta ser Montoya, alias «Don Diego». Montoya se escondía de las autoridades en un caserón de dos pisos en forma de L, con pisos de cemento rajado, puertas oxidadas, techo de tejas de barro y varias habitaciones destinadas a almacenar roperos, cómodas, sillas y mesas vetustas. Nada de los suntuosos y lujosos detalles de los capos del narcotráfico
El poderoso narco cuya fortuna es «incalculable» según autoridades, fue hallado en calzoncillos y oculto tras un matorral por el comando militar que lo sorprendió junto a su madre anciana.
Según narró el comandante del Ejército, general Mario Montoya, al amanecer del lunes, un comando élite de 45 miembros irrumpió de sorpresa en helicópteros Black Hawk en la hacienda. «Cuando las tropas aterrizan en el patio de la casa, los soldados se dispersan. Unos llegan hasta una habitación, identifican a tres mujeres y dos hombres y rápidamente observan sobre una cama una billetera. Al registrarla, encuentran una cédula con el nombre del capo», narró. Los soldados «encuentran un rastro de un pie que se arrastra. Llegan a una quebrada, hallan una hojarasca y debajo de ésta, a 'Don Diego' enterrado hasta el cuello y en ropa interior. La tropa lo captura y éste, sin dudarlo, les ofrece cinco millones de dólares», añadió. «Yo soy un hombre muy poderoso. Déjenme volar (escapar)», les dijo a los soldados. «Al pie de la casa, el capo tenía tres medios para escapar: un carro pequeño, un jeep Willis y un caballo ensillado. Pero su sorpresa ante la operación fue tal que no pudo utilizar ninguno», indicó. Así cayó según el relato del oficial el hombre de 49 años y 1,82 metros de estatura, responsable del 70% del tráfico de cocaína a EE. UU. y Europa y a quien se le atribuyen más de 1.500 asesinatos.
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