Misión casi imposible

Puesto que Lavagna fue elegido por descarte, le costará mucho adquirir la autoridad que le sería imprescindible.



La tarea que enfrentará Roberto Lavagna en cuanto asuma como el segundo ministro de Economía de la presidencia de Eduardo Duhalde no será fácil en absoluto. Además de tener que solucionar o, cuando menos, atenuar la serie de problemas gravísimos que está provocando la desconfianza generalizada, entre ellos el planteado por el corralito, le será necesario convencer a todos de que es la persona indicada para manejar la economía nacional en medio de una emergencia que ha dejado perplejos no sólo a los dirigentes locales, sino también a los especialistas más prestigiosos del mundo. Puesto que Lavagna, un peronista que ha sabido mantener vínculos estrechos con el alfonsinismo radical, fue elegido por descarte luego de la búsqueda de dos días que fue desatada por la decisión de los gobernadores provinciales de vetar la postulación, por el mismísimo presidente Duhalde, de Alieto Guadagni, le costará mucho adquirir la autoridad que le sería imprescindible para que desempeñara su función con eficacia. Aunque a juzgar por sus declaraciones más recientes Lavagna coincide con los gobernadores en lo fundamental que es mantener una buena relación con el FMI, cumplir con los compromisos internacionales y limitar con severidad el gasto fiscal, tendrá que soportar las presiones de sectores al parecer convencidos de que al país le iría mejor si emprendiera una estrategia diametralmente opuesta. Si bien los voceros -el más locuaz es el camionero Hugo Moyano- de tales punto de vista carecen de prestigio, son plenamente capaces de causarle muchas dificultades.

Con todo, siempre y cuando Lavagna logre afianzarse en su nuevo puesto, el desafío más complicado que le esperará procederá de Duhalde, político que por no tener ideas económicas propias es propenso a prestar demasiada atención a los consejos de los comprometidos con una variedad de planteos heterodoxos. Estos pueden tener sus méritos, pero al ponderarlos Duhalde sólo consigue hacer pensar que está resuelto a abandonar el “rumbo” que se ha propuesto para intentar otro que sea radicalmente distinto, modalidad que, de más está decirlo, no ayuda a difundir la sensación de seguridad sin la que ninguna política, sea ortodoxa o no, pueda brindar resultados positivos. En efecto, la renuncia de Jorge Remes Lenicov fue consecuencia del deseo de Duhalde de “anclar” el peso nuevamente al dólar -parece que por ahora quisiera hacerlo por sólo tres meses-, mientras que la intervención de los gobernadores provinciales se debió a la sospecha de que tenía en mente entregarse a una aventura populista de desenlace sumamente incierto pero con toda probabilidad nefasta.

Pues bien: si incluso Remes, un amigo personal que lo había aconsejado durante veinte años, no pudo controlar a su jefe nominal, la posibilidad de que Lavagna sea capaz de hacerlo no es muy grande. Aunque contará con la ventaja de que los gobernadores peronistas más poderosos han trazado con claridad casi insultante el “rumbo” por el que el gobierno tendrá que seguir, la actitud poco cooperativa de los legisladores, las maniobras de los muchos lobbistas que pululan en las proximidades del gobierno y los embates de “la calle”, dominada actualmente por contestatarios, y también de ciertos medios de difusión no pueden sino dificultar su gestión. Por supuesto, el que la crisis esté ocasionando tantos estragos debería servir para convencer a todos, salvo los interesados en sembrar miseria y caos, de que les convendría cerrar filas en torno del responsable de pilotear la economía a través de la tormenta más violenta que el país haya encontrado en su camino a partir de la Gran Depresión que se inició a fines de los años veinte del siglo pasado, pero si los meses últimos nos han enseñado algo, esto es que la voluntad de la “clase política” de actuar con el vigor necesario es virtualmente nula, sin duda porque un cambio auténtico obligaría a sus miembros a sacrificar algunos intereses propios. Lo sepa él mismo o no, Lavagna acaba de aceptar lo que bien podría ser el puesto de empleo más problemático del mundo entero y lo ha hecho en circunstancias decididamente negativas, razón por la que muchos se sentirán muy sorprendidos si su gestión resultara ser superior a aquella de su antecesor, Remes.


Comentarios


Misión casi imposible