Monja de Allen cuenta lo que fue vivir bajo las bombas
Gentileza
Los ruidos ensordecedores de las bombas que estallaban con tanta fuerza y tan cerca ya no están. Pero fueron días “de mucho movimiento”, de tensión en el aire. También de encierro. Y el temor aún subsiste en la Franja de Gaza. Tras el alto el fuego acordado entre Israel y el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), la calma lentamente regresa, cuenta María Madre del Resucitado Almirón, una joven de 28 años, nacida en Allen, a la que le tocó vivir los ataques en primera persona. Desde octubre del 2010 vive en aquellas tierras lejanas en una misión religiosa. Es una de los tantos argentinos que realizan labores solidarias –pertenece al instituto Verbo Encarnado– en aquella zona de conflicto y ayer, desde la Franja de Gaza, habló unos minutos con “Río Negro”. “Hasta que uno no lo vive, no sabe cómo es esto. Fueron unos días muy movidos, pero estamos bien. Ayer (miércoles) se terminó todo por suerte, pero había mucha tensión, mucho temor en la gente”. María se convirtió en monja muy joven y hace más de dos años fue destinada a Gaza. “Nosotros dimos nuestra vida a Dios y acá estamos para ayudar a la gente”, dice, con una tranquilidad sorprendente. Ella junto a María Nazaret, otra argentina en Gaza, se encuentran en una parroquia ubicada en proximidades a la zona donde se desencadenaron los fuertes ataques. –¿Cómo fueron los últimos días? –Y… de mucho temor en la gente, mucha tensión. No se podía salir, había que estar encerrado, así que nosotros desde acá tratábamos de ayudar a la gente, hablar con ellos por teléfono para llevar calma. –¿Cómo viviste el conflicto? –En la noche era peor, muy difícil dormir porque durante todo el día uno escuchaba las bombas y no te das cuenta, no sabés cuán cerca fue. Escuchás el estruendo y ves los fogonazos, pero todo se intensificaba a la noche. Es algo muy difícil de sobrellevar para la gente. Por esa nuestra labor es ayudar y dar fortaleza a las familias. (AR)