Moyano, el moderado
Para alivio del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de muchos empresarios, el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, dijo que hasta nuevo aviso los trabajadores del sector formal de la economía deberían conformarse con aumentos salariales “del 20 ó 20 y pico por ciento”, insinuando así que a su juicio les permitiría recuperar lo que han perdido por lo que llama “la inflación del supermercado”. De tomarse en serio las cifras difundidas por el Indec, que acaba de informarnos que el año pasado el costo de vida subió el 10,9%, la voluntad de Moyano de pedir el doble serviría para alejarlo del gobierno nacional, pero puesto que según las consultoras privadas, y las de varias provincias, el año pasado la tasa de inflación se aproximó al 25%, la verdad es que el habitualmente combativo camionero parece haber elegido actuar como un dechado de moderación. Si bien más tarde procuró mitigar el impacto de sus palabras, afirmando que los periodistas las habían sacado de contexto, Moyano tiene sus motivos para querer congraciarse con el gobierno. No es que le preocupen demasiado las consecuencias económicas y sociales que tendría una puja salarial más fuerte, sino que es consciente de que no le convendría enfrentarse con quienes lo han colmado de beneficios y que, cree, están en condiciones de protegerlo contra quienes esperan que comparta el destino del compañero Juan José Zanola, el líder de los bancarios que está entre rejas desde hace más de un año por su presunto papel en la “mafia de los medicamentos”. En opinión de la ex ministra de Salud, Graciela Ocaña, Moyano “debería correr la misma suerte”, eventualidad que, es innecesario decirlo, tendría un gran impacto político por tratarse del personaje más poderoso del país con la única excepción de la presidenta. Como Moyano sabe muy bien, diversos sindicatos ya han conseguido aumentos muy superiores al “20 y pico” por ciento y, de acelerarse la suba de precios de los alimentos, muchos reclamarán el 30% o más para no quedar rezagados. Por lo tanto, no le será nada fácil seguir solidarizándose con el gobierno que por razones comprensibles no quiere que el tema de la inflación domine la campaña electoral que ya se ha iniciado sin verse acusado de traición por otros dirigentes sindicales, en especial por aquellos “gordos” que entienden que su protagonismo desprestigia su parte del movimiento obrero. Incluso los camioneros, los que hasta ahora lo han apoyado con fervor merced a las muchas “conquistas” que les ha deparado, podrían abandonarlo si comenzaran a sentirse postergados. En el universo sindical abundan militantes ambiciosos que están más que dispuestos a aprovechar cualquier síntoma de debilidad que detecten en dirigentes que privilegian sus propios intereses por encima de aquellos de los afiliados. Aunque en diversas ocasiones Moyano ha afirmado que los aumentos salariales no inciden en la evolución del costo de vida –según él, los precios suben debido a la codicia de los empresarios–, sabe muy bien que la experiencia de décadas de inflación crónica nos ha enseñado que las pujas salariales distan de ser inocuas. Al difundirse la sensación de que todos los meses el salario pierde valor, se pone en marcha un proceso que propende a cobrar cada vez más fuerza, obligando al gobierno y a los empresarios, sindicalistas y, desde luego, los consumidores a adaptarse continuamente a una realidad cambiante. Cuando esto ocurre, los más perjudicados no son los afiliados de los sindicatos fuertes, sino el 40% o más de los trabajadores que dependen de la economía negra en la que rigen normas que sí podrían calificarse de “neoliberales”. En vista de que el sector así supuesto constituye la base electoral más importante del kirchnerismo, es lógico que tanto el gobierno como su aliado sindical clave, Moyano, quieran impedir que en los meses próximos se multipliquen los conflictos salariales, de ahí el intento del camionero a convencer a sus huestes de que sería un error exigir mucho más que el 20% aun cuando, de acuerdo con las mediciones efectuadas por consultoras privadas, el precio de la canasta básica haya subido más del 30% en el transcurso de los doce meses últimos.