“Mucha mentira, poca sensibilidad”

Redacción

Por Redacción

Mientras en el mundo la mitad de la población se “ocupa” cada día en preparar el menú de alimentos que llevará a su mesa, la otra mitad está “preocupada” intentando conseguir esa misma comida, aunque sea en menor dosis, para paliar el hambre que la persigue y la lleva en muchos casos a condiciones de hambruna, horror reconocido por las propias instituciones internacionales que deberían ocuparse para que ello no ocurriera, ya que todo indica que los genios de las estadísticas sólo están para sacar cuentas de cuántos somos, qué comemos, dónde vivimos, cuántos nacemos, pero ninguno nos dice cómo solucionamos el problema inmediato que es el hambre, nada menos. Está tan alejado de la realidad cotidiana de los gobernantes este fenómeno que pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y comerciales, en su gran mayoría cómplices de la política encargada de fabricar bolsones de desnutrición y pobreza para seguir sometiendo a la gente pobre por un mísero voto. Nos mienten cuando dicen que no hay alimentos para todo el mundo y por ello al racionar los mismos se produce el desbalance entre pobres y ricos, cuando la realidad es que no dejan producir para que los precios se mantengan elevados y las potencias económicas puedan continuar llenando sus arcas con las necesidades de los pueblos. Es cierto que los beneficios del progreso están llegando para solucionar muchos problemas, generalmente vinculados con la salud y con la nueva tecnología, pero de nada sirve si una vez que lo curan no lo alimentan y sólo se beneficia a un sector de los humanos. Todos los días, por causas ligadas a la pobreza continúan muriendo miles de personas por no ser atendidas en tiempo y forma a pesar de contar con los medios para hacerlo. Lamentablemente, el último informe presentado por la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación) no muestra ninguna mejora en los últimos años. Quizá haya llegado la hora de imitar a países asiáticos como China, que ha logrado la disminución en 45 millones de pobres y desnutridos del sistema alejándolos del riesgo, aunque lamentablemente esa misma cantidad aumentó en países de África, al sur del Sahara, de 69 a 206 millones de hambrientos en apenas diez años. Estamos hablando de seres humanos. Con ironía, pero todo indica que van sacándose de encima la pobreza unos para enviársela a otros. La verdad es que cuando vemos que los gobernantes de turno se reúnen en la ONU, la OEA, la OTAN, el Mercosur, el ALCA, la Unasur, todas organizaciones vacías de contenido con semejante gasto en infraestructura, embajadores, representantes, traslados, agasajos y tanta estupidez humana que los hace alejar de la realidad, nos produce cierta sensación de bronca e impotencia, pues sabemos que eso no sirve para nada si no se aplican las medidas correctas a la hora de salvar a la humanidad del flagelo del hambre, hambre que viene acompañado por el analfabetismo, cuyo crecimiento se ha duplicado en la última década. Un párrafo aparte para los descendientes de niñas embarazadas que no tienen el grado de nutrición y control suficiente durante la gestación. Es también una cuestión de género y ha llegado la hora de que los hombres nos pongamos los pantalones y aceptemos la realidad tal cual se presenta, pues comprobado está que son las mujeres las que en cualquier lugar del planeta, ante la necesidad de alimentar a sus hijos, salen en la búsqueda de comida a trabajar o, en el peor de los casos, mendigar para que sus retoños al menos tengan algo para subsistir. Me llama mucho la atención que ante el crecimiento vertiginoso de las mujeres al frente de poderes ejecutivos o legislativos no hagan hincapié en este triste detalle. Nuestra Argentina no está fuera del mundo y por más que nuestra presidenta intente hacernos creer que estamos mejor, la verdad está muy distante y no podemos aceptar ese mensaje, pues en un país al que le va como la mona en la mayoría de sus actos institucionales y políticos es muy difícil que le vaya bien a su pueblo. Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví

Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví


Mientras en el mundo la mitad de la población se “ocupa” cada día en preparar el menú de alimentos que llevará a su mesa, la otra mitad está “preocupada” intentando conseguir esa misma comida, aunque sea en menor dosis, para paliar el hambre que la persigue y la lleva en muchos casos a condiciones de hambruna, horror reconocido por las propias instituciones internacionales que deberían ocuparse para que ello no ocurriera, ya que todo indica que los genios de las estadísticas sólo están para sacar cuentas de cuántos somos, qué comemos, dónde vivimos, cuántos nacemos, pero ninguno nos dice cómo solucionamos el problema inmediato que es el hambre, nada menos. Está tan alejado de la realidad cotidiana de los gobernantes este fenómeno que pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y comerciales, en su gran mayoría cómplices de la política encargada de fabricar bolsones de desnutrición y pobreza para seguir sometiendo a la gente pobre por un mísero voto. Nos mienten cuando dicen que no hay alimentos para todo el mundo y por ello al racionar los mismos se produce el desbalance entre pobres y ricos, cuando la realidad es que no dejan producir para que los precios se mantengan elevados y las potencias económicas puedan continuar llenando sus arcas con las necesidades de los pueblos. Es cierto que los beneficios del progreso están llegando para solucionar muchos problemas, generalmente vinculados con la salud y con la nueva tecnología, pero de nada sirve si una vez que lo curan no lo alimentan y sólo se beneficia a un sector de los humanos. Todos los días, por causas ligadas a la pobreza continúan muriendo miles de personas por no ser atendidas en tiempo y forma a pesar de contar con los medios para hacerlo. Lamentablemente, el último informe presentado por la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación) no muestra ninguna mejora en los últimos años. Quizá haya llegado la hora de imitar a países asiáticos como China, que ha logrado la disminución en 45 millones de pobres y desnutridos del sistema alejándolos del riesgo, aunque lamentablemente esa misma cantidad aumentó en países de África, al sur del Sahara, de 69 a 206 millones de hambrientos en apenas diez años. Estamos hablando de seres humanos. Con ironía, pero todo indica que van sacándose de encima la pobreza unos para enviársela a otros. La verdad es que cuando vemos que los gobernantes de turno se reúnen en la ONU, la OEA, la OTAN, el Mercosur, el ALCA, la Unasur, todas organizaciones vacías de contenido con semejante gasto en infraestructura, embajadores, representantes, traslados, agasajos y tanta estupidez humana que los hace alejar de la realidad, nos produce cierta sensación de bronca e impotencia, pues sabemos que eso no sirve para nada si no se aplican las medidas correctas a la hora de salvar a la humanidad del flagelo del hambre, hambre que viene acompañado por el analfabetismo, cuyo crecimiento se ha duplicado en la última década. Un párrafo aparte para los descendientes de niñas embarazadas que no tienen el grado de nutrición y control suficiente durante la gestación. Es también una cuestión de género y ha llegado la hora de que los hombres nos pongamos los pantalones y aceptemos la realidad tal cual se presenta, pues comprobado está que son las mujeres las que en cualquier lugar del planeta, ante la necesidad de alimentar a sus hijos, salen en la búsqueda de comida a trabajar o, en el peor de los casos, mendigar para que sus retoños al menos tengan algo para subsistir. Me llama mucho la atención que ante el crecimiento vertiginoso de las mujeres al frente de poderes ejecutivos o legislativos no hagan hincapié en este triste detalle. Nuestra Argentina no está fuera del mundo y por más que nuestra presidenta intente hacernos creer que estamos mejor, la verdad está muy distante y no podemos aceptar ese mensaje, pues en un país al que le va como la mona en la mayoría de sus actos institucionales y políticos es muy difícil que le vaya bien a su pueblo. Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví

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