Al igual que con Trump: las Islas Malvinas se colaron en el conflicto entre Israel y Reino Unido por Cisjornadia

El anuncio británico sobre la prohibición comercial a los asentamientos en territorios palestinos desató una dura respuesta del gobierno israelí. Referentes de la ultraderecha de Israel exigen a Benjamin Netanyahu el reconocimiento de la soberanía argentina. En paralelo a las presiones estadounidenses por el gasto militar, este lunes hubo un contacto oficial entre Donald Trump y el primer ministro británico, Andy Burnham.

Por Gabriel Jara

Foto: AFP.

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El reclamo histórico por la soberanía de las Islas Malvinas se metió en un severo cortocircuito diplomático entre el Estado de Israel y el Reino Unido. La crisis bilateral se desató tras la decisión del gobierno británico de prohibir el comercio de bienes y servicios procedentes de los asentamientos israelíes ubicados en Cisjordania. Como represalia ante esta medida, el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, instó al primer ministro Benjamin Netanyahu a reconocer de manera pública el reclamo territorial argentino sobre el archipiélago y a imponer sanciones contra Londres por la ocupación de las islas.

Esta inesperada intervención israelí a favor de la Argentina se suma a las recientes presiones ejercidas por el gobierno de los Estados Unidos contra la administración del primer ministro británico, Andy Burnham. Pocos días atrás, el presidente norteamericano Donald Trump sugirió una posible revisión de la postura de neutralidad histórica de Washington respecto a las Malvinas, con el objetivo de forzar al Reino Unido a incrementar su presupuesto militar dentro de la OTAN. De esta manera, el conflicto en el Atlántico Sur se transformó en una herramienta de presión diplomática utilizada por dos aliados históricos de los británicos para condicionar sus políticas de Estado.


El quiebre comercial por Cisjordania y la respuesta israelí


El origen de la tensión radica en el replanteamiento integral de las relaciones impulsado por el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband. El funcionario prevé anunciar un paquete de medidas para prohibir el ingreso de productos originados en asentamientos civiles israelíes construidos en territorios capturados en 1967, a los cuales el Reino Unido considera ilegales según el derecho internacional.

La iniciativa británica rechaza de forma directa el proyecto de asentamiento E1, un plan para edificar más de 3.400 viviendas nuevas que dividiría en dos a Cisjordania. Miliband argumentó que el gobierno británico no tolerará la destrucción de la solución de dos Estados y hará un llamado a respetar los derechos palestinos.

Horas después de la difusión de estas medidas, Itamar Ben Gvir acudió a la red social X para exigir un pronunciamiento de Netanyahu a favor de la Argentina. “Es hora de que el Estado de Israel reconozca públicamente que las Islas Malvinas son territorio argentino ocupado, que los británicos le roban violentamente al pueblo argentino”, publicó el titular de Seguridad Nacional.

Además, el funcionario acusó a Gran Bretaña de realizar perforaciones petroleras para apropiarse de los recursos económicos del país sudamericano. En sintonía con estos reclamos, Yair Netanyahu, hijo del primer ministro, también afirmó que el territorio insular le pertenece a la Argentina, mientras que el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, exigió la remoción del embajador británico en Tel Aviv.

El encargado de exigir el reconocimiento de la soberanía argentina es uno de los máximos referentes de la ultraderecha israelí y forma parte del ala más extrema del gobierno de coalición. Ben Gvir, líder del partido Otzma Yehudit (Poder Judío), posee un historial marcado por múltiples crisis internacionales. En mayo de 2026, los gobiernos de Italia y Francia convocaron a los embajadores de Israel para protestar de manera formal por el trato que este funcionario dispensó a los activistas de la Global Sumud Flotilla. Esta embarcación pretendía romper el bloqueo naval sobre Gaza cuando las fuerzas de seguridad interceptaron a sus 430 tripulantes.

El conflicto diplomático europeo estalló cuando el propio ministro difundió un video donde se burlaba de los manifestantes esposados y arrodillados en el puerto de Ashdod. En dicha grabación, el titular de Seguridad Nacional ondeaba una bandera israelí frente a los detenidos y exclamaba: “Bienvenidos a Israel, somos los amos”. La conducta motivó el repudio de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien calificó la acción como una violación a la dignidad humana. A nivel interno, el suceso generó un profundo malestar: el canciller Gideon Sa’ar le reprochó públicamente que sus acciones causaban daño deliberado al Estado, mientras que Netanyahu ordenó la deportación inmediata de los detenidos para tomar distancia de la actitud de su funcionario.


El contexto internacional favorece a los reclamos nacionales


Las declaraciones del gabinete israelí coinciden con un endurecimiento de la política exterior del presidente Javier Milei, que apuntó contra la explotación no autorizada de recursos hidrocarburíferos y pesqueros.

El foco principal del enojo gubernamental es el avance del proyecto offshore Sea Lion, cuya operación se encuentra bajo el control de la compañía israelí Navitas Petroleum con un 65 por ciento de participación, junto con la británica Rockhopper Exploration, titular del 35 por ciento restante.

Esta iniciativa obtuvo la decisión final de inversión en diciembre de 2025 para concretar una primera etapa valuada en US$ 1800 millones, con proyecciones de iniciar la producción petrolera en el primer trimestre de 2028.

Para contrarrestar este escenario, Milei anunció que presentarán una denuncia penal contra las petroleras que operan en la cuenca del mar argentino bajo legislación británica.

La medida se debe a que las compañías cuentan con «licencias otorgadas por el ilegítimo gobierno del Reino Unido para la exploración y/o explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte». Además, enmarcaron que la misma viola las disposiciones establecidas por la Ley N° 26.659, la cual fue sancionada en el año 2011.


El antecedente de Trump y las presiones por el presupuesto militar


El reclamo israelí se produjo apenas una semana después de que el gobierno estadounidense utilizara la causa Malvinas como un elemento de coerción contra Londres. A fines de agosto, Donald Trump afirmó desde el Despacho Oval que siempre revisa todas las posturas de su administración, ante una consulta específica sobre la disputa territorial entre Argentina y Reino Unido. Esta declaración ocurrió luego de que funcionarios del Pentágono amenazaran a la gestión de Andy Burnham con modificar la histórica neutralidad norteamericana si Gran Bretaña no eleva su inversión en defensa hasta el 5 por ciento de su Producto Bruto Interno.

Para la Casa Blanca, el plan de inversión militar británico representa un paso correcto, pero insuficiente. Pese a esta controversia, el primer contacto directo entre Trump y Burnham tras el incidente obvió por completo la cuestión del Atlántico Sur.

Durante una conversación telefónica oficial este lunes, los líderes dialogaron sobre el crecimiento del empleo, el respaldo a Ucrania y la necesidad de priorizar la paz en Medio Oriente a través de una solución de dos Estados. Según detalló Downing Street, los mandatarios evitaron las menciones a la soberanía del archipiélago austral en su intercambio.


El reclamo histórico por la soberanía de las Islas Malvinas se metió en un severo cortocircuito diplomático entre el Estado de Israel y el Reino Unido. La crisis bilateral se desató tras la decisión del gobierno británico de prohibir el comercio de bienes y servicios procedentes de los asentamientos israelíes ubicados en Cisjordania. Como represalia ante esta medida, el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, instó al primer ministro Benjamin Netanyahu a reconocer de manera pública el reclamo territorial argentino sobre el archipiélago y a imponer sanciones contra Londres por la ocupación de las islas.

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