Ni latín, ni ciudadanos de nacimiento: nueve datos del Vaticano en su primer aniversario con León XIV

Este 11 de febrero el Estado más pequeño del mundo celebra 97 años de soberanía. En una nueva etapa histórica tras la asunción del nuevo Papa, repasamos los récords y secretos del enclave amurallado.

Por Redacción

La Ciudad del Vaticano conmemora hoy casi un siglo de soberanía plena. Desde aquel histórico 1929, cuando la firma de los Pactos de Letrán puso fin al conflicto con Italia, este enclave de apenas 0,44 kilómetros cuadrados ha operado bajo una lógica que parece extraída de otro tiempo.

En pleno recambio institucional tras la llegada de León XIV, el aniversario número 97 invita a repasar las particularidades que convierten a este microestado en un fenómeno único a nivel global.


Una ciudadanía con fecha de vencimiento


A diferencia de cualquier otra nación, en el Vaticano nadie posee la nacionalidad por derecho de nacimiento. El pasaporte vaticano es, esencialmente, una herramienta de trabajo. Se otorga de forma funcional y temporal a quienes desempeñan cargos para la Santa Sede; una vez que el servicio finaliza, la ciudadanía se extingue.

Es un país de residentes permanentes, pero sin ciudadanos definitivos.


El latín: entre la solemnidad y los cajeros automáticos


Aunque el imaginario popular sitúa al latín como la lengua cotidiana, la realidad es distinta. El italiano es el idioma administrativo y de convivencia en las calles vaticanas.

Sin embargo, el latín sobrevive con una tenacidad asombrosa: además de utilizarse en documentos papales de alta jerarquía, es el idioma oficial de las instrucciones en los cajeros automáticos del Estado, un detalle que mezcla la tradición milenaria con la tecnología moderna.


La última monarquía absoluta de Europa


Bajo el liderazgo de León XIV, el Vaticano se mantiene como el único Estado europeo donde persiste la monarquía absoluta. Legalmente, el Papa concentra la totalidad de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.

Esta estructura política, que desafía los estándares democráticos del siglo XXI, ha sido el pilar de su estabilidad interna durante casi cien años.


Un ejército de élite con reglas inamovibles


La seguridad del Pontífice recae, desde 1506, en la Guardia Suiza. Los requisitos para formar parte de este cuerpo que protege a León XIV son estrictos: ser ciudadano suizo, católico practicante, soltero y tener una edad comprendida entre los 19 y 30 años.

Este ejército, famoso por sus uniformes renacentistas, es una de las fuerzas militares más antiguas y especializadas del planeta.


Un pulmón verde y ferroviario


A pesar de la imagen de cúpulas y plazas de piedra, más del 50% del territorio vaticano está compuesto por jardines. Este bosque privado funciona como el pulmón verde del Papa en medio del bullicio romano.

En este entorno se encuentra también un récord de brevedad: la estación de tren local, cuyas vías recorren apenas 200 metros dentro del territorio soberano antes de conectar con la red ferroviaria italiana.


Patrimonio absoluto y fronteras invisibles


El Vaticano ostenta un título que ninguna otra nación posee: es el único país del mundo declarado en su totalidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su frontera es igualmente singular; no existen aduanas ni muros infranqueables para el visitante. En la Plaza de San Pedro, una simple línea blanca de piedra en el suelo marca el límite técnico donde termina Italia y comienza el Estado soberano.

Este aniversario no solo celebra la independencia, sino el fin de una era de aislamiento. Antes de 1929, los Papas se consideraban «prisioneros» dentro de sus propios muros al no reconocer al Estado italiano.

Hoy, bajo el pontificado de León XIV, esos muros representan no una cárcel, sino la sede de un poder que, a pesar de su tamaño mínimo, sigue influyendo en el rumbo de la historia global.


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