Museo violento

Por Redacción

Lo mismo que ciertas provincias argentinas a las cuales se asemeja, Paraguay es gobernado por una casta política sumamente corrupta e inescrupulosa cuya preocupación principal es aprovechar cualquier oportunidad que se presente para hacer negocios, pero mientras que aquí el gobierno nacional, respaldado firmemente por la opinión pública, suele intervenir cuando las dirigencias locales se apartan demasiado de las reglas democráticas, en el país «hermano» dicho papel es desempeñado, si bien de manera informal, por sus socios del Mercosur y los Estados Unidos. Si no fuera por la voluntad de Buenos Aires, Brasilia y Washington de presionar a los políticos o los militares paraguayos cada vez que se les ocurriera reincidir en las prácticas tradicionales de la región, la posibilidad de que un día nuestro vecino evolucionara hacia una democracia auténtica se aproximaría a cero porque cultura democrática autóctona hay muy poca. Sin embargo, aunque la actitud de la «comunidad internacional» ha asegurado que a pesar de todo Paraguay conserve hasta ahora las instituciones propias de una democracia, no ha estado en condiciones de lograr que echen raíces muy profundas. Como nos lo recordó la reciente chirinada, en Paraguay todavía abundan los convencidos de que en última instancia lo único que cuenta es la violencia.

Según el presidente Luis González Macchi, la intentona no muy seria que estalló la noche del 18 de este mes fue obra del general Lino Oviedo, acusación que ha negado con énfasis esta figura extravagante que salió de su asilo argentino cuando el presidente Fernando de la Rúa asumía la presidencia, y su fracaso mostró que la prédica del militar supuestamente carismático ya no atrae a nadie, que «el oviedismo desestabilizador y antidemocrático está en desbandada». Según otros, empero, se trataba de un «autogolpe» montado por el propio González Macchi a fin de distraer la atención de sus conciudadanos del estado lamentable del país. Por supuesto, tanto estas teorías como muchas otras a primera vista excéntricas resultan por lo menos creíbles en el contexto paraguayo, porque no cabe duda alguna ni de que Oviedo sería capaz de organizar un golpe ni de que González Macchi lo sería de armar una farsa destinada a mejorar su propia situación. Al fin y al cabo, nadie ignora que tanto el presidente como el general prófugo, además de muchos otros dirigentes paraguayos actuales, se formaron en el entorno del dictador Alfredo Stroessner, uno de los personajes más tenebrosos y corruptos de América Latina.

Con todo, aunque las credenciales de González Macchi dejan muchísimo que desear, tanto que para los constitucionalistas más exigentes no tiene derecho alguno a ocupar la presidencia de su país, por ahora a los representantes de las tres potencias rectoras no les queda más alternativa que la de fingir creerlo un demócrata cabal y de brindarle su respaldo cuando sus enemigos procuren desplazarlo por la fuerza. Si bien la democracia paraguaya es a lo sumo un simulacro, una cáscara institucional sin mucho contenido, es esencial mantenerla para que andando el tiempo pueda adquirir vida propia, interviniendo indirectamente cuando las violaciones de las reglas resulten ser demasiado flagrantes, para que los dirigentes políticos, conscientes de que los costos del aislamiento serían muy elevados, vuelvan al buen camino. No es meramente una cuestión de tratar de ayudar a que todos los paraguayos disfruten de los derechos que consideramos fundamentales. En su condición actual, Paraguay es un foco de infección muy peligroso que afecta adversamente a terceros países debido a que, gracias a la corrupción sistemática de su clase dirigente, constituye un polo de atracción irresistible para narcotraficantes, terroristas y otros criminales, los cuales, obvio es decirlo, aprovechan la ubicación del país para operar con sus equivalentes aquí, en el Brasil y en otros estados de la región, contribuyendo de este modo a debilitar sus defensas contra males que ya han causado perjuicios gravísimos en Colombia y otras naciones y que ahora amenazan con propagarse por toda América Latina.