Música, danza y un gran adiós
Atenas clausuró los Juegos Olímpicos con una imponente puesta en escena.
“Los Juegos Olímpicos volvieron a casa, y le hemos mostrado al mundo las cosas maravillosas que pueden hacer los griegos”, dijo Gianna Angelopolulos, presidenta del comité organizador. Ayer Atenas despidió sus Juegos y dio la bienvenida a Pekín 2008, con una ceremonia colorida y ruidosa, caótica, alegre y desestructurada, con la que hizo un homenaje al júbilo humano en la cuna del olimpismo. La fiesta comenzó con una explosión de fuegos artificiales y con la música de cinco de los mejores cantantes griegos, que nunca antes habían estado juntos en un escenario, mientras el público y bailarines agitaban pañuelos blancos, en una noche que tocó de luna llena. A partir de ahí el estadio Spyridon Louis se convirtió en una sucesión de “flashes” de distintas celebraciones griegas con música que saltaba de lo romántico a lo vibrante, del ambiente íntimo al festivo. Después de que los bailarines formaran los cinco aros olímpicos en la base del estadio, como parte de la ceremonia de clausura, se dio paso, por primera vez en unos Juegos Olímpicos, al acto de entrega de medallas de los ganadores de la carrera del maratón. El italiano Stefano Baldini, ganador del oro, el estadounidense Mebrahtom Keflezighi, plata, y el brasileño Vanderlei Lima, bronce, recibieron sus respectivas preseas. Luego, con el estruendo y la luz de los fuegos artificiales, entraron los abanderados de las distintas delegaciones olímpicas, en una procesión de banderas que recorrió todo el estadio. Y se abrieron las puertas. Todos mezclados, unos corriendo, otros a paso lento, unos haciendo fotos, otros con banderitas, los deportistas y las delegaciones ingresaron en el estadio. Finalmente entraron la alcalde de Atenas y el alcalde de Pekín. Atenas alzó la bandera olímpica y con la bandera en alto avanzó por el estadio. La entregó a Rogge. Y la tomó Pekín. Y China se apropió del estadio, con música y representaciones orientales. Luego, la llama olímpica descendió y una niña vestida de blanco simuló tomar su luz entre las manos. La compartió con otros niños y caminó, mientras en el pebetero se apagaba la llama. (DPA)
Elgueta versus Armoa
El sanjuanino Jorge Elgueta fustigó duramente al entrenador del seleccionado argentino de vóley, Fabián Armoa, a quien lo responsabilizó de haber perdido, con sus decisiones, la semifinal del torneo olímpico de ese deporte. “Nosotros (por los jugadores) la podemos manejar dentro de la cancha, pero hay cuestiones que se ven mejor desde afuera y es ahí donde varias decisiones de Armoa nos perjudicaron”, dijo Elgueta. El jugador argentino, junto al resto de sus compañeros, llegó anteayer desde Atenas, y ni bien pisó el aeropuerto internacional de Ezeiza descargó toda su bronca e impotencia contra el entrenador. “Yo creo que lo que pasó con él (por Armoa) fue más por inexperiencia que por capricho. Durante el partido con Italia nosotros después de leer las planillas le dijimos cuál era la rotación en la cual mejor provecho sacábamos Marcos (Milinkovic) y yo, pero nunca escuchó esas sugerencias”, agregó. • Oro para Brasil. El vóley masculino se proclamó ayer campeona olímpica al vencer en la final a Italia por 3-1, con lo que repite el oro logrado en Barcelona 1992. E
“Los Juegos Olímpicos volvieron a casa, y le hemos mostrado al mundo las cosas maravillosas que pueden hacer los griegos”, dijo Gianna Angelopolulos, presidenta del comité organizador. Ayer Atenas despidió sus Juegos y dio la bienvenida a Pekín 2008, con una ceremonia colorida y ruidosa, caótica, alegre y desestructurada, con la que hizo un homenaje al júbilo humano en la cuna del olimpismo. La fiesta comenzó con una explosión de fuegos artificiales y con la música de cinco de los mejores cantantes griegos, que nunca antes habían estado juntos en un escenario, mientras el público y bailarines agitaban pañuelos blancos, en una noche que tocó de luna llena. A partir de ahí el estadio Spyridon Louis se convirtió en una sucesión de “flashes” de distintas celebraciones griegas con música que saltaba de lo romántico a lo vibrante, del ambiente íntimo al festivo. Después de que los bailarines formaran los cinco aros olímpicos en la base del estadio, como parte de la ceremonia de clausura, se dio paso, por primera vez en unos Juegos Olímpicos, al acto de entrega de medallas de los ganadores de la carrera del maratón. El italiano Stefano Baldini, ganador del oro, el estadounidense Mebrahtom Keflezighi, plata, y el brasileño Vanderlei Lima, bronce, recibieron sus respectivas preseas. Luego, con el estruendo y la luz de los fuegos artificiales, entraron los abanderados de las distintas delegaciones olímpicas, en una procesión de banderas que recorrió todo el estadio. Y se abrieron las puertas. Todos mezclados, unos corriendo, otros a paso lento, unos haciendo fotos, otros con banderitas, los deportistas y las delegaciones ingresaron en el estadio. Finalmente entraron la alcalde de Atenas y el alcalde de Pekín. Atenas alzó la bandera olímpica y con la bandera en alto avanzó por el estadio. La entregó a Rogge. Y la tomó Pekín. Y China se apropió del estadio, con música y representaciones orientales. Luego, la llama olímpica descendió y una niña vestida de blanco simuló tomar su luz entre las manos. La compartió con otros niños y caminó, mientras en el pebetero se apagaba la llama. (DPA)
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora