“Necesidad de limitar el poder presidencial”



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Nelson Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica en las primeras elecciones con sufragio universal celebradas en ese país ejerciendo su mandato por un solo período –de 1994 a 1999–, rechazando la posibilidad de reelección no obstante que la Constitución se lo permitía, entendiendo que para conseguir el objetivo de reconciliación nacional y progreso de la nación sudafricana correspondía alentar la alternancia en el poder, desestimando cualquier posibilidad de perpetuarse en el cargo, en tanto tal comportamiento distorsionaría los objetivos mencionados precedentemente como prioritarios. Argentina necesita hoy que el político que pretenda acceder al poder en el 2015 proponga en primer lugar en su agenda la necesidad de reformar la Constitución en este punto, limitando la duración en el cargo de presidente a un solo período de seis años con posibilidades de reelección, con intervalo de un período, tal como sucedió conforme la constitución de 1853-1860 con Julio Argentino Roca (1880-1886 y 1898-1904) y con Hipólito Yrigoyen (1916-1922 y 1930, frustrado por la revolución del 6 de setiembre del último año). Se dice que el poder corrompe (y el poder absoluto corrompe mucho más) y para evitarlo aparece oportuno volver al régimen de la Constitución de 1853-1860 que impedía la reelección sucesiva, o sin alternancia, por lo menos por un período de gobierno, circunstancia que alejaba cualquier aventura totalitaria. La propuesta precitada aparece mejorada en un excelente artículo titulado “Comenzar de nuevo” del empresario Javier Campos, publicado en “La Nación” on-line de fecha 21/4/14 donde se reclama: “ (…) convocar a una reforma constitucional para modificar la cláusula referente al mandato presidencial, a fin de instaurar un mandato único de cinco o seis años sin posibilidad de reelección e incorporando restricciones para cónyuges y parientes en primer grado para el mandato subsiguiente”. Además, el autor referenciado afirma: “Sólo volveremos a creer en el país y en su futuro si vemos en nuestros dirigentes una autolimitación a su tendencia a perpetuarse. Entonces habremos llegado a uno de esos momentos históricos únicos donde el poder del amor al país vence en su eterna batalla contra el amor al poder. Habrá llegado la hora del gobierno más fuerte de todos, el gobierno del largo plazo para el bien de los más débiles, el gobierno del bronce, el que dará inicio a una Segunda República.” No tengo dudas de que, en caso que el objetivo de la reconciliación nacional y el progreso del país sean considerados prioritarios, los políticos que se postulen para el 2013 no dudarán consignar desde ya en su agenda de campaña volver al régimen de la Constitución de 1853-1860, cuando el presidente y el vicepresidente eran elegidos por el término de seis años y no podían ser reelegidos sino con un intervalo de un período. Sería una muestra de grandeza de aquel candidato que lo proponga y que elegido lo concrete. En tanto, hechos y no palabras demostrarían que el bienestar general y la unión nacional han reemplazado de una vez y para siempre la exclusiva y excluyente intención de llegar al poder para eternizarse en él y enriquecerse ilimitada e impúdicamente sin que medie interés en satisfacer otras necesidades más que las propias y las de su entorno. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 Zapala

Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 Zapala


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