Ni ángeles ni demonios

Por Carta de lector

A pesar de todo lo que pudimos experimentar de dolor, a quienes fuimos viajeros de mi generación nadie nos va a quitar el privilegio de haber sido contemporáneos activos o testigos de las damas y caballeros que produjeron los mejores descubrimientos en todo sentido, desde nuestra niñez hasta la actualidad. Hemos vivido junto a los grandes intelectuales y científicos, médicos que abrieron caminos y dejaron huellas, cantantes de todos los ritmos y voces de todos los géneros, teatro del mejor con autores que pintaban la realidad del mundo en cada época, actores de calidad irrepetible que nos hicieron llorar y reír.

El siglo XX trajo guerras, pestes, cataclismos, inundaciones, sequías, pero también los mayores descubrimientos de la historia hasta hoy. La medicina junto a la tecnología formaron una dupla que dio comienzo a una nueva etapa para salvar vidas con nuevos y asombrosos avances en el conocimiento de nuevas posibilidades gracias a la ciencia. El satélite, los celulares, la computadora fija o portátil, los televisores planos, el aire acondicionado y la vedette del progreso, porque sin ella nada sería posible de todos los adelantos que hemos tenido: la energía eléctrica, esa fuerza invisible que enciende cada día nuestras vidas.

Nuestra mente trabaja buscando nuevas emociones, pero nuestro cerebro solo es utilizado en un 7% de su capacidad productiva. Así hemos logrado conectarnos entre los continentes con aviones que nos llevan en el día desde el hemisferio norte al sur sentados a 10.000 metros de altura, milagros de una nueva era con nosotros, los pasajeros que iremos bajando en las estaciones próximas, para que otros viajeros de esta nuestra casa, llamada Tierra, sigan disfrutando y descubriendo para asombro de la humanidad nuevas formas de vida.

Ricardo Bustos

Misiones


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