No pueden esperar



La muerte de Sofía, tras haber sido golpeada y abusada brutalmente en su propia casa, dejó en evidencia las enormes falencias que aún existen para la asistencia de la niñez vulnerable y las víctimas de violencia familiar en Río Negro.

La investigación judicial, que incluyó el arresto de sus padres, reveló entre otras cosas que la Secretaría de Niñez y Familia (Senaf) había sido notificada de la situación tras una intervención del Juzgado de Paz, pero el informe estaba “en lista de espera” en Lamarque, donde residía en primera instancia la familia, y tras una advertencia de que “debían cesar los maltratos” la familia se mudó a Villa Regina, donde los abusos continuaron y llevaron al trágico desenlace.

En medio de las críticas por la actuación del organismo provincial, primera instancia de intervención proteccional en estos casos, los trabajadores y profesionales del Senaf denunciaron que hay cientos de situaciones graves sin poder asistir, debido a la falta de personal y carencia de vehículos, combustible, lugares de refugio, entre otros, para el adecuado funcionamiento del organismo y la efectiva aplicación de medidas urgentes. Se mencionó que los bajos sueldos de los operadores hacen poco atractivas las convocatorias, para una tarea que requiere una importante capacitación profesional, dedicación exclusiva y produce un fuerte desgaste por la dura temática que deben abordar . En el caso de Valle Medio, por ejemplo, se dijo que al momento de ocurrir el caso de Sofía, la Senaf contaba solamente con una asistente social para recorrer tres localidades de esa extensa zona.

La crisis económica y social que vive el país, sumada a los cada vez mayores índices de abuso de alcohol y drogas, han incrementado las situaciones de abandono y violencia en muchos hogares vulnerables. Pero la creciente demanda que recibe el organismo desde distintas instancias judiciales, denuncias en comisarías, pedidos desde escuelas u hospitales y alertas espontáneas de vecinos, como fue el caso de Sofía, encuentran a menudo a profesionales y operadores agotados y desbordados, con pocos recursos para intervenir en forma rápida y eficaz.

La reducción de fondos desde Nación, en el marco del ajuste general ordenado por el gobierno, ha empeorado la situación. Las carencias y los problemas de coordinación entre poderes estatales también dificultan la aplicación de medidas cautelares dispuestas por la Justicia, como la restricción de contactos, custodia policial y los controles periódicos de legalidad, que a veces agravan las situaciones.

Ante el reclamo, la primera reacción del gobierno provincial fue negar la situación, asegurando que todos los casos reciben atención, que no existen las “listas de espera” de hasta un año y que se hace “un uso político nefasto” de casos como el de la nena de Lamarque. Sin embargo, pocos días después, en un tácito reconocimiento de los problemas, anunció una convocatoria para incorporar “en los próximos meses” técnicos y profesionales (trabajadores sociales, psicólogos, abogados, choferes, operadores para hogares y personal de mantenimiento) para reforzar equipos y ampliar la cobertura de actuación.

Es de esperar que los anuncios se concreten prontamente y no se queden en maniobras de campaña altisonantes como las que el oficialismo atribuye a sus rivales en las próximas elecciones.

No es la primera vez que desde este diario se han denunciado situaciones de descuido y desatención de los organismos encargados de proteger a la niñez vulnerable, como ocurrió en el pasado en Viedma y Bariloche, con resonantes casos de abusos a menores bajo la tutela estatal. También los constantes cambios de liderazgo (desarrollo social tuvo hasta 6 conducciones hasta la creación de la Senaf), subejecución de partidas, denuncias de maltrato laboral y falta de coordinación con otras instancias, entre otros problemas.

El negativo contexto socioeconómico que viven el país y la región, con aumento del desempleo y la pobreza que castigan especialmente a los niños, hace que quienes ven sus derechos más básicos vulnerados no puedan esperar los a menudo parsimoniosos tiempos de la política.


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