“¿No será mucho? Y si no cumplen, ¿quién los sanciona?”
Alabado seas mi señor. Así comienza la carta encíclica de la casa común escrita por el papa Francisco referida al cuidado del ambiente. Menciona que el cambio climático es un problema global con dimensiones graves ambientales, sociales, económicas, administrativas y políticas. El santo padre exhorta especialmente a los estados y empresas multinacionales a adoptar urgentemente medidas para contrarrestar el efecto invernadero que está afectando seriamente la vida en la tierra, la concentración de gases como anhídrido carbónico, metano, óxido de nitrógeno; emitidos a causa de la actividad humana, que se concentran en la atmósfera e impiden que el calor de los rayos solares sea reflejado en la tierra y se dispersen en el espacio. Esto se ve potenciado por el patrón de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles que hace al corazón del sistema energético mundial (encíclica). El sacerdote carmelito y científico Eduardo Agosta Scarel, quien está doctorado en el estudio de la atmósfera y los océanos, brindó recientemente una disertación en la ciudad de Zapala y la catedral de Neuquén se abocó al fenómeno de la contaminación desde una mirada integral, advirtiendo que la explotación carburífera, petrolífera, gasífera y de carbón vegetal a gran escala planetaria están causando estragos en la vida toda, e hizo referencia al acuerdo de París celebrado por varios estados que se comprometieron a modificar sus acciones ¡en un plazo al 2030! ¿No será mucho? Y si no cumplen, ¿quién los sanciona? Máxime que los mayores contaminantes son las grandes potencias como Estados Unidos, China, Japón, Emiratos Árabes. Muchos indicadores marcan que algo anda muy mal, y la tierra advierte tales como: aumento del nivel del mar, acidificación del suelo y océanos, pérdida de selvas tropicales, desertificación, destrucción de los arrecifes de coral, inundaciones, deshielo de glaciales, fenómeno de El Niño y La Niña, que van generando una progresión destructiva a gran escala. Los monitoreos dan cuenta de ello, estamos a 1,5 de calentamiento global. Si llegamos a 2, ¡la vida puede desaparecer definitivamente! De allí que urge generar una conciencia ecológica especialmente en los gobernantes y empresarios. Tampoco se puede desconocer el uso, abuso y derroche del agua dulce, preocupa también la privatización del vital elemento. Dice el papa: “La tierra gime y sufre dolores de parto”, “Olvidamos que somos parte de ella”, por lo que nada de lo que le pase puede sernos indiferente, podemos parar nuestra cultura consumista, que es una forma a pequeña escala de colaborar también. El papa habla de una conversión económica global, de vivir inmersos en una auténtica ecología humana, para un desarrollo sostenible e integral, dado que los pobres serán los más afectados con la contaminación de los mares y selvas –pues estará comprometido su alimento–. El uso de fungicidas, pesticidas, controladores de malezas, insecticidas, humo y desecho industrial, residuos radioactivos, desarrollo armamentista, uso de cianuro en la explotación minera y fracking hidráulico denota que se prioriza la tecnificación ligada a las finanzas y no al bien común, con una clara ausencia de los estados como órganos de contralor. Todo esto va generando degradación social, violencia; la deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica (encíclica).
El papa cuestiona la debilidad a las reacciones de los políticos a nivel internacional (por ejemplo: fracaso de las cumbres mundiales de medioambiente), el interés económico; capitalismo salvaje que muchas veces prolifera sobre el bien de la sociedad.
Alicia Martínez
DNI 14.712.012
“Nada de lo que le pase puede sernos indiferente,
podemos parar nuestra cultura consumista, que es una forma a pequeña
escala de colaborar también”.
Alicia Martínez
DNI 14.712.012
Datos
- “Nada de lo que le pase puede sernos indiferente,
- podemos parar nuestra cultura consumista, que es una forma a pequeña
- escala de colaborar también”.
Alabado seas mi señor. Así comienza la carta encíclica de la casa común escrita por el papa Francisco referida al cuidado del ambiente. Menciona que el cambio climático es un problema global con dimensiones graves ambientales, sociales, económicas, administrativas y políticas. El santo padre exhorta especialmente a los estados y empresas multinacionales a adoptar urgentemente medidas para contrarrestar el efecto invernadero que está afectando seriamente la vida en la tierra, la concentración de gases como anhídrido carbónico, metano, óxido de nitrógeno; emitidos a causa de la actividad humana, que se concentran en la atmósfera e impiden que el calor de los rayos solares sea reflejado en la tierra y se dispersen en el espacio. Esto se ve potenciado por el patrón de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles que hace al corazón del sistema energético mundial (encíclica). El sacerdote carmelito y científico Eduardo Agosta Scarel, quien está doctorado en el estudio de la atmósfera y los océanos, brindó recientemente una disertación en la ciudad de Zapala y la catedral de Neuquén se abocó al fenómeno de la contaminación desde una mirada integral, advirtiendo que la explotación carburífera, petrolífera, gasífera y de carbón vegetal a gran escala planetaria están causando estragos en la vida toda, e hizo referencia al acuerdo de París celebrado por varios estados que se comprometieron a modificar sus acciones ¡en un plazo al 2030! ¿No será mucho? Y si no cumplen, ¿quién los sanciona? Máxime que los mayores contaminantes son las grandes potencias como Estados Unidos, China, Japón, Emiratos Árabes. Muchos indicadores marcan que algo anda muy mal, y la tierra advierte tales como: aumento del nivel del mar, acidificación del suelo y océanos, pérdida de selvas tropicales, desertificación, destrucción de los arrecifes de coral, inundaciones, deshielo de glaciales, fenómeno de El Niño y La Niña, que van generando una progresión destructiva a gran escala. Los monitoreos dan cuenta de ello, estamos a 1,5 de calentamiento global. Si llegamos a 2, ¡la vida puede desaparecer definitivamente! De allí que urge generar una conciencia ecológica especialmente en los gobernantes y empresarios. Tampoco se puede desconocer el uso, abuso y derroche del agua dulce, preocupa también la privatización del vital elemento. Dice el papa: “La tierra gime y sufre dolores de parto”, “Olvidamos que somos parte de ella”, por lo que nada de lo que le pase puede sernos indiferente, podemos parar nuestra cultura consumista, que es una forma a pequeña escala de colaborar también. El papa habla de una conversión económica global, de vivir inmersos en una auténtica ecología humana, para un desarrollo sostenible e integral, dado que los pobres serán los más afectados con la contaminación de los mares y selvas –pues estará comprometido su alimento–. El uso de fungicidas, pesticidas, controladores de malezas, insecticidas, humo y desecho industrial, residuos radioactivos, desarrollo armamentista, uso de cianuro en la explotación minera y fracking hidráulico denota que se prioriza la tecnificación ligada a las finanzas y no al bien común, con una clara ausencia de los estados como órganos de contralor. Todo esto va generando degradación social, violencia; la deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica (encíclica).
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