“No sería el mayor de los males”
Las autoridades sanitarias se precian de detectar el ébola en 24 horas, o sea, igual que en los otros países. Con las últimas técnicas el espacio anterior de días se ha reducido a horas, según información pública que consta en internet. Así y todo el dato, si es cierto, está muy bien. Pero vale una pregunta: ¿es el ébola el mal, la amenaza, la carga mayor que la Argentina enfrenta en estos días? Veinticuatro horas se tardaría aquí en detectar la enfermedad que actualmente preocupa a naciones organizadas y con problemas diversos pero habituales de gran parte del mundo civilizado y democrático. La relación de sólo horas para ayudar a salvar o intentar salvar una vida es muy estimada y bienvenida ante un flagelo “nuevo” para esta parte del mundo. Pero, antes del ébola, nosotros ¿qué hicimos con tantas horas, días, semanas, meses, años, décadas, para prevenir los males que azotan al país en estos momentos? ¿Qué hemos hecho para que las muertes indebidas, provocadas, se diseminen por doquier, a toda hora y en todo lugar y con escasísimas posibilidades de defensa, como sí se presentarían ante la actual enfermedad viral sobre la que se destaca poder tratar de combatir? ¿Qué hemos hecho para la prevención de la desnutrición infantil en un país con capacidad de alimentar a diez Argentinas pero al que se le trabó insólita y caprichosamente el desenvolvimiento de acuerdo con su voluntad y su mundialmente reconocida capacidad? ¿Qué hemos hecho con la educación o, más apropiadamente expresado, con la analfabetización de nuestra niñez y nuestra juventud y con la salud, la prevención de drogadicciones de diverso tipo, la vivienda y la infraestructura de servicios vitales de agua y cloacas? ¿Qué hemos hecho sino todo lo contrario a lo que al parecer se hace e intenta hacer frente al ébola? ¿Y con la institucionalidad jurídica y económica y lo necesario para fomentar las condiciones de desarrollo y progreso verdadero y sustentable que otorgue trabajo digno para la población y no humillantes dádivas clientelistas e insostenibles? ¿Acaso hemos hecho todo lo que la razón y el servicio al país y su gente reclamaba y reclama? ¡No hemos hecho nada! Ahora no serán suficientes veinticuatro horas para curar la enfermedad del país y su pueblo. Harán falta nada menos que veinticuatro años, ¡una generación! Éste es nuestro ébola. Propio. Autóctono. No llegado de ninguna otra parte. Sigfrido José Moroder, DNI 4.172.885 Buenos Aires
Sigfrido José Moroder, DNI 4.172.885 Buenos Aires