No solo el coronavirus nos acosa
Ricardo Villar*

Debemos prestar mucha atención a las andanzas del virus Corona por nuestros pueblos. Es cierto. Descuidarnos puede llevarnos por caminos sin retorno.
Pero si no prestamos atención a otras cuestiones que influyen en la vida diaria, presente y futura, podremos encontrarnos ante un panorama espantoso e indescifrable apenas el Corona nos otorgue una tregua.
El tema es amplio, e imposible de desarrollar en poco espacio. Pero desde información concreta y básica se puede armar un panorama presente de grandes carencias y que proyectado a los próximos meses genera grandes interrogantes y varia certezas. A todos. A los gobernantes y a los gobernados que se animen a hacer sus análisis.
Lo medular es la situación económica y financiera de nuestra provincia del Neuquen, sobre la que se ha formado un frente de tormentas donde confluyen la caída hasta niveles históricos de todas las fuentes que generaban recursos para nutrir un presupuesto que llegaba a varios miles de millones de dólares.
Semejantes cifras eran envidia de todas las provincias y de los mismos gobiernos centrales, que venían como el tesoro neuquino lucía superalimentado con aportes de las regalías petroleras, gasíferas e hidráulicas, de los contratos multimillonarios de empresa petroleras, de los impuestos provinciales y de la coparticipación federal y, en los últimos años, de una fuente aletargada y reactivada como es el turismo.
Esos componentes de aportantes, se ha caído. Apenas gotean monedas por donde antes llegaban grandes volúmenes de plata.
En forma simultánea los gastos del Estado, siempre muy altos, se incrementan porque al financiamiento del aparato estable, se suman las demandas de todos por subsidios de subsistencia, aportes para pagar sueldos y para evitar la caída de empresas y los gastos extraordinarios que obliga la emergencia sanitaria.
Por primera vez en muchos años, se teme que el gobierno no pueda cumplir con la obligación de pagar sueldos a los casi 60.000 agentes públicos y 20 y pico mil de jubilados, sin olvidar a los miles de beneficiados por subsidios asistenciales muy variados.
Esto desvela a miles, desde los gobernantes hasta los empleados públicos, pero también el resto de la sociedad que se beneficia con los centenares d millones de pesos que cada día reparte el estado.
Se manifiesta, así, con crudeza, la fortísima influencia que el Estado tiene sobre la sociedad neuquina, algo que se sabe pero que impacta cuando ocurren estos fenómenos de estrechez extraordinaria.
El estado cumplirá, con seguridad; pero el relojito suizo que era el calendario mensual de pagos, está sufriendo una avería y no será de reparación fácil y menos rápida. Tal vez apele a algún préstamo que engrose el endeudamiento que se va convirtiendo en otra pesada carga.
El equipo de gobierno está ante una coyuntura crucial. Seguro contará con oxígeno de la fábrica nacional de billetes, pero es un respirador con escaso oxígeno y peligroso si se extiende más de lo que indican pautas básicas de la economía.
Darán explicaciones, mostrarán números, pedirán comprensión. Todo necesario. Y desde los referentes de la sociedad, en general, le responderán con exigencias, con reproches históricos, con críticas a gestiones de tal o cual. Todo lógico y comprensible.
Pero no alcanza. Sirve como catarsis de un momento que seguramente se renovará periódicamente.
No adhiero a la búsqueda de soluciones o salidas a través de la confrontación. Espero que el gobierno asuma que no hay recetas escritas y homologadas para una crisis como esta, que es diferente a todas las anteriores que vivimos en las décadas de los 90 y de los 2000.
Estamos cercados por factores adversos. Son tiempos, entonces, de abrir el juego a los aportes políticos e intelectuales de los actores sociales, institucionales y personales. Desde la diversidad, y la generosidad en los aportes debemos lograr consensos para generar acciones seguramente novedosas y para cuya ejecución se necesitarán esfuerzos compartidos en forma proporcional a capacidades y posibilidades. Nadie debe quedar afuera en la convocatoria o autoconvocatoria. Si después hay decisión de quedar como espectador/a, es problema ajeno.
Sobre Neuquén se ha formó una tormenta donde confluyen la caída a niveles históricos de todas las fuentes que generaban recursos para nutrir un presupuesto de miles de millones de dólares.
El gobierno, repito, tiene la responsabilidad –si es que no tiene una solución propia para este problema mayúsculo- de convocar, escuchar, procesar y dar devoluciones a sus interlocutores. Me intriga saber, la respuesta de la sociedad, aunque tengo esperanzas que sea ajustada a los momentos que se viven.
Aclaro que no me inspira ninguna intención partidaria y menos personal en este escrito. Tampoco me interesa hoy la cómoda posición de crítica.
En su tiempo, hice las críticas que creí necesarias al modelo que hoy lidera el contador Omar Gutierrez, pero el electorado no las compartió y siguió votando a lo que creyó mejor.
Hoy pretendo interesar a los neuquinos de buena voluntad –empezando por los mayores que hemos acumulado experiencias de todo tipo hasta los más jóvenes que deben aspirar a vivir mejor y con esperanzas-, a aunar esfuerzos en la noble tarea de reconstruir lo que quede roto pero en pié, reformular modelos y comportamientos y diseñar un modelo de sociedad diferente y mejor, y sobre todo mas justo.
La coyuntura es compleja y dramática, pero no debe comernos el futuro.
*Exdiputado nacional, UCR