No te contagies


La foto del viernes en la Casa de Gobierno, con Gutiérrez y los intendentes, fue una ratificación de lo actuado más que un reinicio del diálogo.


El gobierno provincial tuvo que dar marcha atrás con las medidas que, inconsultamente, dispuso para intentar contener la descontrolada curva de contagios de coronavirus. No lo hizo en base a los resultados obtenidos, porque en los hechos las restricciones no se cumplieron, sino por la presión de los intendentes de las ciudades más importantes de la provincia que, pese a tener una gravísima situación sanitaria, le ganaron de mano al gobernador y salieron a comunicar más aperturas. Un clásico de la política y las metáforas deportivas: el que pega primero pega dos veces.

La iniciativa la tomó el intendente capitalino, Mariano Gaido, que, mientras anunciaba una rimbombante propuesta al exclusivo country Rincón Club de Campo para resolver la ocupación de tierras fiscales, en paralelo lanzaba un supuesto acuerdo con al menos una decena de municipios neuquinos y rionegrinos para unificar horarios. A juzgar por los hechos la maniobra fue exitosa pese a que los contactos, confirmados por la secretaria de Capacitación y Empleo, María Pasqualini, fueron desmentidos por varios gobiernos, incluido el provincial de Río Negro.

El gobernador Omar Gutiérrez quedó condicionado por los intendentes, además de Gaido, Gloria Ruiz de Plottier, José Rioseco de Cutral Co y Carlos Koopmann de Zapala. En épocas de crisis financiera, cuando la billetera central se achica, los mecanismos de sustitución de consensos quedan invalidados y el mismo cara a cara de los jefes comunales con sus vecinos muta de diagnóstico fiel a herramienta de presión.

La foto del viernes en la Casa de Gobierno, con Gutiérrez y los intendentes, fue una ratificación de lo actuado más que un reinicio del diálogo.

Neuquén pasó del “botón rojo “ al “sálvese quien pueda”. Lo que no cambió fue la situación sanitaria. En realidad cambió, pero para peor. Los municipios, en algo que dejó de ser un secreto a voces, garantizaron a los comerciantes que no realizarían controles. No fue una comunicación con el comercio de barrio, por los que hay tantos preocupados, fue con los grandes empresarios gastronómicos.


Neuquén pasó del “botón rojo” al “sálvese quien pueda”. Lo que no cambió fue la situación sanitaria. En realidad cambió, pero para peor.


Seguramente un día cerrado para una despensa, algo que las medidas de provincia no contemplaban, es un drama. Pero la protección de los intendentes pareció estar más enfocada en garantizar los momentos de recreación de la clase media urbana que en defender la actividad comercial y los ingresos genuinos.

El gobierno provincial aseguró que se esmeró en hacer cumplir las restricciones, pero no se notó. Informaron que, hasta el lunes, se habían labrado más de 13 millones de pesos en multas. Negaron que falte personal policial, pese a que los crecientes índices delictivos la obligan a dejar los controles de movilidad para atender la inseguridad. Una fuente del oficialismo dijo, hace días, que “era una medida pedida por el sistema de salud”. Quizá pueda entenderse como un cumplido.

Las habilitaciones que se aplicarán desde el lunes contemplan mayores aperturas que las preexistentes a los últimos 14 días de restricciones. Es raro porque nada mejoró en el sistema sanitario que sigue colapsado. La decisión, arrancada a un gobierno provincial que se mostró paralizado, parece reflejar más el hartazgo lógico de la ciudadanía que alguna decisión necesaria. El mensaje de mayores aperturas no es un alivio para el comercio, que atraviesa una aguda crisis, sino una señal para que la sociedad disponga.

El trasfondo de la discusión tiene origen en la disputa política desatada en la provincia y en un gobierno que perdió autoridad, quizá acostumbrado a no necesitar consensos, pero lejos están de lo sanitario. Incluso si la discusión aperturas o cierres no resulta el tema, tampoco se ven otros debates en marcha como los tratamientos. El foco no es la presión económica de los pequeños comerciantes, ese es el disfraz para ocultar la fricción política. Quedará para los intelectuales analizar si una pandemia es un terreno político justo.

Mientras tanto, no te contagies. Recordá usar tapaboca, lavarte las manos y ventilar los espacios cerrados.


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