“No testimonio por valiente sino en defensa propia”

“Tenía una deuda (con Julio López) y era mi forma de pagarla”, dice Walter Docters, quien hizo el reconocimiento del “Pozo de Arana” junto al testigo desaparecido desde el 2006.



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El libro se presenta mañana a las 18 en el Salón Azul de la UNC y el viernes 20.30 en la biblioteca Carlos Guido y Spano de Cinco Saltos.

Oscar Livera

CINCO SALTOS (ACE).-Walter Docters presentó anoche en Cipolletti el libro “Arana”, una compilación documental de los centros clandestinos que funcionaron en esa localidad durante la dictadura militar. “Soy un compañero que escribe, no un escritor; no lo hago por valiente, sino en defensa propia porque testimoniar –en los juicios donde se ventilan los delitos cometidos durante la dictadura– es la única manera de poder sobrevivir con los míos, que estos tipos estén en cana; es un acto de justicia y es en defensa propia”, dijo Docters. Llegó desde La Plata, donde reside. Desde que salió a la calle el 24 de marzo, el libro fue declarado de interés municipal en varias comunas y legislativo por la cámara de Diputados en Buenos Aires. Hace dos años y medio un problema grave de salud le alertó que deambulaba con un cúmulo de investigaciones sobre los hechos clandestinos de la dictadura, y consideró que era tiempo de saldar la deuda que cree tener con Julio López, desaparecido el 18 de septiembre de 2006, tras declarar como testigo en contra del comisario de investigaciones, Miguel Etchecolatz. “Yo lo escribí, se lo di a un corrector y luego una persona lo armonizó literariamente”, explicó Docters. Su testimonio fue parte de los primeros juicios que se hicieron contra las Juntas Militares, cuando aportó un plano de uno de los centros clandestinos que funcionó en la ciudad de Arana: el destacamento de cuatrerismo. Para testimoniar sobre su paso por diferentes centros clandestinos, continuó buscando pruebas y testimonios para los juicios, inclusive en aquellos como los Juicios por la Verdad, que reunieron pruebas de los secuestros y la picana en las Cámaras Federales pese a la vigencia del Punto Final y la Obediencia Debida. “En el libro tengo una lista incompleta de 295 personas que pasaron por Arana; está todo documentado: nombres de represores, cargos y funciones; elegí poner lo estrictamente documental de los testimonios”, dijo Docters. Aclaró que la publicación no es la historia de su periplo de detención y tortura, sino “un trabajo de compilación documental que ni siquiera es mío, sino el aporte de un sinnúmero de compañeros –aun de aquellos que no están–, con mucho documental de los organismos. Yo sólo firmé”, dijo. Al término del juicio contra Etchecolatz “me quedó un sabor amargo por la satisfacción de la condena pero la pérdida de Julio López, con quien hicimos juntos el reconocimiento y aportamos nuestros testimonio; sentía que tenía una deuda y ésta fue una forma de pagarla”, dijo. El libro “es sobre el funcionamiento del campo de concentración, un centro de interrogación y de exterminio”, insistió. En la ciudad de Arana funcionó la tortura en la estancia “La Armonía” (actual regimiento 7); a un kilómetro de allí la división policial de “cuatrerismo” (actualmente una subcomisaría) y el Vivero Ferrari, a unos 700 metros del casco de la estancia. A excepción de la división policial, los otros dos lugares pertenecían a familias de Arana en 1976. Explicó que para sentar a los responsables en el banquillo de los acusados “hay que buscar las pruebas porque la memoria tiene rincones ocultos: unos recuerdan muchos detalles, otros sólo nombres, y otros espacios físicos. Hay que hacer todas las consultas”, consideró.

Presentan en la región un libro sobre el centro clandestino de la ciudad de Arana


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