Nuestra obra

Redacción

Por Redacción

Inconfundible es la actitud argentina de echar culpas. De aquel “todo tiempo pasado fue mejor” a este “todo pasó por el pasado” no sólo hay una enorme brecha conceptual sino además una conducta irresponsable. Cabe preguntar cuántos de los argentinos hemos nacido hoy para evaluar si es o no justificable algún argumento que indique por qué no asumimos nuestra parte en esa historia tan mal escrita, que al parecer boya huérfana en nuestra tierra. Y si aún nos convencemos de que el sistema representativo, republicano y federal nos rige y el régimen democrático despliega libre sus dones en esta bella nación, caemos en cuenta de que los responsables directos de esta confusión hoy somos todos. Grandes y pequeños, ancianos y niños, hombres, mujeres, ricos o pobres, sin distinción al fin, igualados por ese derecho que exigimos se nos respete en cada acto: el de ser ciudadanos. Pero lo curioso es que también conlleva obligaciones, más allá de la de optar, esas que garantizan la salud del “sistema” y del “régimen” que adoptamos para Argentina. Y si por comodidad, ideología, conveniencia, desidia, o simple estupidez, no hemos querido y/o sabido tomarlas, entonces al menos tengamos la decencia de asumir que ese pasado y este presente es obra nuestra, de todos los argentinos… Porque una “obra” sin autor no tiene quien la cuide.

Karina Zerillo Cazzaro

DNI 21.653.863

Karina Zerillo Cazzaro

DNI 21.653.863


Inconfundible es la actitud argentina de echar culpas. De aquel “todo tiempo pasado fue mejor” a este “todo pasó por el pasado” no sólo hay una enorme brecha conceptual sino además una conducta irresponsable. Cabe preguntar cuántos de los argentinos hemos nacido hoy para evaluar si es o no justificable algún argumento que indique por qué no asumimos nuestra parte en esa historia tan mal escrita, que al parecer boya huérfana en nuestra tierra. Y si aún nos convencemos de que el sistema representativo, republicano y federal nos rige y el régimen democrático despliega libre sus dones en esta bella nación, caemos en cuenta de que los responsables directos de esta confusión hoy somos todos. Grandes y pequeños, ancianos y niños, hombres, mujeres, ricos o pobres, sin distinción al fin, igualados por ese derecho que exigimos se nos respete en cada acto: el de ser ciudadanos. Pero lo curioso es que también conlleva obligaciones, más allá de la de optar, esas que garantizan la salud del “sistema” y del “régimen” que adoptamos para Argentina. Y si por comodidad, ideología, conveniencia, desidia, o simple estupidez, no hemos querido y/o sabido tomarlas, entonces al menos tengamos la decencia de asumir que ese pasado y este presente es obra nuestra, de todos los argentinos... Porque una “obra” sin autor no tiene quien la cuide.

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