Obama, un guerrero reticente en apuros

El presidente de EE. UU. enfrenta un duro fin de mandato.

Redacción

Por Redacción

DEBATES | Nuevas guerras

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nunca fue tan claro como la semana pasada: su gobierno subestimó a la milicia terrorista Estado Islámico (EI), dijo. Y por eso, entre otras cosas, Estados Unidos vuelve a estar involucrado en una intervención militar. La mayoría de los estadounidenses lo tiene claro: consideran que su país vuelve a estar en guerra. A causa de ello, Obama tiene una serie de problemas que en realidad hubiera querido evitar.

1. La posible escalada. Hasta ahora, Estados Unidos se limitó a los ataques con aviones y misiles contra posiciones del EI. Obama subrayó que seguirá así: “Ninguna bota de soldado pisará ese suelo” es su mantra. Pero las dudas crecen: según una encuesta de la cadena NBC, el 72% de los estadounidenses cree que pronto volverán a enviar soldados a la guerra. En Irak ya hay 1.600 asesores y especialistas. Los asesores de Obama no quieren descartar de ninguna manera la intervención de tropas de combate. Y el presidente de la Cámara de Representantes abrió hace poco la puerta para ello: la meta de destruir al EI “reclama más que ataques aéreos -dijo John Boehner-. No tenemos otra opción. Son unos bárbaros”.

2. Los costos extremadamente elevados. Obama suele rechazar las intervenciones militares con el argumento de que son demasiado caras. “Gastamos sumas impresionantes en ultramar mientras que aquí en casa tuvimos un presupuesto ajustado”, dijo en el 2010 cuando anunció el fin de la guerra en Irak. La lucha contra el EI le arruinó los planes. Los expertos estiman que la intervención en Irak y Siria ya costó casi mil millones de dólares. Si se mantienen los ataques aéreos, es posible que haya gastos anuales de 6.800 millones de dólares. Si se envía a 25.000 soldados a la guerra, la suma podría aumentar a 22.000 millones al año, según un estudio del Center for Strategic and Budgetary Assessments en Washington.

3. La dudosa situación legal. El exprofesor de Derecho Constitucional de Obama no deja lugar a dudas: su orden de atacar a la milicia EI responde a sus “facultades legales como comandante en jefe”. Por eso no pidió autorización al Congreso a pesar de que en Estados Unidos sólo éste puede declarar una guerra. Hay expertos legales que lo consideran ilegal. Incluso desde el punto de vista del derecho internacional hay dudas: en Naciones Unidas, la Casa Blanca argumentó que la intervención en Siria es para proteger a Irak. Pero no pidió una resolución del Consejo de Seguridad.

4. El polvorín de Cercano Oriente. Obama hizo una confesión escalofriante: Estados Unidos y su poderoso servicio secreto subestimaron a la milicia sunnita. Siria se convirtió así en “la zona cero para los yihadistas de todo el mundo”. Durante unos tres años, halcones estadounidenses como el senador republicano John McCain reclamaron una intervención en Siria. Pero Obama no quería inmiscuirse en la “guerra civil de otros”, más cuando Siria es el aliado más estrecho de Irán. En la Casa Blanca se habló del peligro de una “explosión” en la región con graves consecuencias para Israel, el Líbano o Jordania. Pero ahora Obama está metido. Y se basa en el apoyo de países como Arabia Saudita, Bahrein y Qatar, pero nadie puede predecir cuánto aportan realmente.

5. La imagen destruida en los libros de historia. Obama hizo campaña electoral con un discurso antibélico. Según pregonaba, no quería pisotear el derecho internacional como su antecesor Bush. Y cuando enviaba militares a luchar contra terroristas lo hacía de la manera más precisa y secreta posible. Pero seguramente la historia lo juzgará de otra manera. “Lo quiera o no, Obama al final será recordado como un presidente guerrero”, comentó el “Los Ángeles Times”. Tras todas las negativas anteriores, “se unió al partido de la guerra”, escribió el “New Yorker”.

Marko Mierke


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