Obras clandestinas en el cerro Otto desafían multas y prohibiciones en Bariloche

Se estima que hay 5 edificaciones en dos terrenos ubicados por encima de la cota 900, donde no se puede construir. Hay causas judiciales y la Municipalidad aguarda una orden de allanamiento.

Los operativos de control realizados por el municipio y por la dirección de Bosques de la provincia no han conseguido frenar hasta ahora la construcción de viviendas en el faldeo superior del cerro Otto de Bariloche, a pesar de que existe una prohibición absoluta de nuevas urbanizaciones.

Los inspectores y los vecinos denunciantes documentaron la existencia de al menos cinco casas, algunas de ellas habitadas. También comprobaron la apertura ilegal de caminos, el volteo de árboles nativos y la reciente colocación de un ampuloso portón eléctrico pensado para desalentar a los curiosos.

El secretario de Ambiente y Desarrollo Urbano del municipio, Pablo Bullaude, dijo que “son dos los terrenos afectados, uno privado y otro que es de propiedad municipal pero está cedido al Ejército”. Aseguró que en el municipio constan las denuncias pero reconoció no saben a ciencia cierta cuántas construcciones hay en el lugar, porque los inspectores llegan hasta un portón que les veda el acceso y no consiguen ir más allá.

Bullaude señaló que tienen pedidas las órdenes de allanamiento a la Justicia para avanzar con la fiscalización. Aseguró que las únicas constancias de las construcciones con las que pueden contar hasta ahora es por registros satelitales. Aclaró que no se trataría de obras excedidas, sino totalmente fuera de norma, ya que en el lugar está prohibido emplazar cualquier tipo de edificio.

Según el funcionario, se trata de un tema “complejo y difícil de manejar”. Aceptó que hay “una afectación ambiental”, ya que son terrenos “con fuerte pendiente y superficie boscosa”.

La vista que tienen desde la zona donde se realizaron construcciones ilegales en el cerro Otto. Foto: Alfredo Leiva

Sostuvo que hasta ahora tienen “sospechas” de la irregularidad y para avanzar necesitan “entrar y constatar”. La actuación municipal podría derivar en multas a los titulares de la tierra, y en última instancia no habría otro camino que ordenar la demolición.

Bullaude dijo que ese tipo de salidas “siempre son traumáticas”, pero no quedaría otro camino porque no se trata de infracciones que admitan mantener las obras en pie con una compensación económica.

Ausencia de controles

El faldeo norte del cerro Otto es uno de los sitios más valorados de la ciudad, por la cercanía del centro de Bariloche y por las hermosas vistas sobre el lago Nahuel Huapi. Barrios como Las Vertientes, Melipal, El Faldeo, Rancho Grande y San Ignacio del Cerro, entre otros, han crecido ladera arriba, hasta el límite máximo permitido por el Código y aun más allá, favorecidos por la falta de controles.

Las casas que fueron motivo de la denuncia están bastante más arriba de la cota de 900 metros sobre el nivel del mar, que históricamente fue fijada como el tope para cualquier urbanización. Tan alto es el terreno en cuestión que no se puede ingresar desde abajo, por los barrios ya desarrollados, sino que los supuestos infractores abrieron un camino desde la parte superior, como un desvío de la ruta que lleva hasta el refugio Berghof y la confitería ubicada en la cumbre del Otto.

Bullaude dijo que trabajan sobre el caso desde hace “algunos meses”, pero este diario ya había informado sobre construcciones ilegales en ese lugar en noviembre de 2017.

Héctor Goye, uno de las denunciantes, dijo que les preocupa mucho la irrupción de particulares sin autorización para construir y que las obras se intensifican los fines de semana. Dijo que “abrieron caminos, rompieron el bosque y vendieron lotes” en forma indiscriminada. El hombre afirmó que la situación “es cada vez más grave”, habló de la especulación inmobiliaria de los que “sólo buscan plata” y se quejó por la inacción del municipio.

Mientras la municipalidad espera la venia de la Justicia para actuar, quien ya la obtuvo y realizó varias inspecciones y decomisos en el lugar fue el inspector de la dirección de Bosques Alfredo Allen.

Consultado por este diario aseguró que en ese punto crítico del cerro Otto se desarrolló “una especie de loteo”, lo relacionó con un litigio entre privados por la titularidad de un valioso lote, que enfrentaría “a la familia Goye y los hermanos Boock” y confirmó que labró actuaciones tiempo atrás por la “tala ilegal” de lengas y por movimientos de suelo con el empleo de máquinas, lo cual está prohibido.

Allen confirmó que hay un portón que impide el paso y sólo pudo ingresar con apoyo policial y una orden de allanamiento. Además de infraccionar a los responsables decomisó herramientas, motosierras y un grupo electrógeno.

Dijo que hasta donde sabe “las multas no las pagaron y fueron derivadas (por Bosques) a la Fiscalía de Estado provincial”, para su ejecución.

El portón y el camino que abrieron sin autorización en el cerro Otto, metros antes del refugio Berghof. Foto: Alfredo Leiva

Ratificó que hay “al menos cinco casas” con distinto grado de avance y que en algunas “hay gente viviendo”. Dijo que su actuación se limita al daño sobre el patrimonio forestal y que ahora lo que queda por hacer ahora, si se trata de revertir la urbanización, “es algo que depende del municipio”.

La presión inmobiliaria que avanzó sobre las tierras más altas del cerro Otto choca con los informes técnicos y las advertencias de los expertos sobre el alto riesgo de desmontar esos sectores, donde las formaciones de bosque que todavía perduran se mantienen en delicado equilibrio y cumplen una función clave amortiguador de las precipitaciones.

Aun así, algunas visuales desde la avenida de los Pioneros, que corre al pie del faldeo permiten comprobar que año tras años aparecen nuevas construcciones, y cada vez más cerca del filo del superior del cerro. El desmonte en esos sectores, podría derivar en aluviones que perjudiquen a los pobladores de la zona inferior.

Razones de sobra

Existen estudios del Servicio Geológico Minero Argentino que desaconsejan por completo cualquier urbanización en esa franja de tierras, lo cual entró en tensión con los intereses de sus propietarios, ya que en una amplia proporción fueron parceladas y vendidas hace ya varias décadas.

Allen aseguró que los movimientos de tierra y la afectación al bosque natural en esa zona es particularmente peligroso porque “hay pendientes mayores a los 30 grados”.

Bullaude reconoció que hay irregularidades que ameritan la intervención municipal y que el allanamiento que pidieron a la Justicia fue tramitado “hace un mes” y estaría “listo para salir”.

Aclaró que uno de los lotes es privado y sería el primer objeto de atención del municipio, al menos del departamento de Obras Particulares, que está a su cargo. Respecto de las construcciones que están asentadas en un predio del municipio, con cesión al Ejército que nunca fue “protocolizada”, dijo que le fue trasladado el caso al Instituto Municipal de Tierras y Viviendas, a quien le correspondería “efectuar la denuncia por usurpación”.

Bullaude admitió sin embargo, que el deslinde territorial es confuso, porque no hay mensuras ni amojonamientos en esas tierras y uno de los cometidos del municipio, al avanzar con las actuaciones, será el de encargar esa tarea a un agrimensor.


Herramientas legales


El control y sanción de las construcciones irregulares siempre fue un dolor de cabeza para el municipio. En las zonas de alta densidad urbana ya es una dificultad documentar las faltas y mucho más en áreas periféricas o semirrurales, donde hay cercos, tranqueras y propietarios que se niegan a franquear el paso y debe intervenir la Justicia.

El caso del cerro Otto es distinto pero equiparable a lo que ocurrió en el lago Moreno, donde un relevamiento reciente comprobó la existencia de decenas de muelles y embarcaderos no declarados, que jamás fueron objeto de fiscalización y cuyos dueños no pagan derecho alguno.

El municipio, según dijo el secretario Pablo Bullaude, tiene decidido avanzar con las inspecciones en el cerro Otto y solicitó un pedido de allanamiento desde hace un mes, que todavía no prosperó. En ese lapso, aseguran los denunciantes particulares, la obra ilegal siguió a buen ritmo, sobre todo los fines de semana, cuando cualquier fiscalización es todavía más improbable.

En la dirección de Bosques también han actuado sobre denuncias previas y al parecer sus planteos a la Justicia fueron más enérgicos, porque obtuvieron el permiso de allanamiento y el inspector a cargo consiguió entrar e infraccionar.

La duda es hasta qué punto las sanciones económicas son disuasivas, cuando se trata de grandes inversiones. Al municipio le queda el discurso de ordenar la demolición de los construido, de lo cual hay escasísimos antecedentes.


Denuncia particular


Detrás del avance urbanístico en los faldeos superiores del cerro Otto hay un conflicto entre familias que pugnan por la titularidad de la tierra. Héctor Goye mantiene un litigio por el lote 192 C, de unas seis hectáras con los hermanos Boock, lindante a su vez con el lote H, que en catastro figura como propiedad municipal. Las construcciones ilegales se extenderían en ambas parcelas.

Los Goye acusan a su contraparte de vender lotes sin ubicación precisa y que los compradores que se presentan como “de buena fe” comenzaron en algunos casos a abrir caminos y a construir, sin mayores trámites. Otros estarían a la espera de ver qué ocurre con los “pioneros” para seguir el mismo camino.

Héctor Goye consideró que la Justicia tiene su parte de responsabilidad porque “lleva 20 años sin resolver una sucesión, es una locura”.

Según los denunciantes, los nuevos propietarios “apuestan a avanzar y consolidar la situación” y una vez levantadas las viviendas “va a a ser muy difícil volver atrás, es lo que se está viendo”.

Aseguraron que las ofertas de terrenos en ese lugar, donde está prohibida cualquier construcción, abundan en las redes sociales y cotizan a razón de 10 mil dólares por 1.000 metros cuadrados.

La situación es muy “complicada”, se quejaron, porque el municipio se mueve con exasperante lentitud, “con dictámenes y más dictámenes, mucha burocracia”, al punto de que “las presentaciones están formuladas desde hace tiempo, prometen actuar, pero pasan los meses y nada de nada”.

Goye dijo que su aspiración es destrabar el conflicto y ceder la parte superior del cerro, donde es poseedor de 60 hectáreas, para “otorgarlo a una institución de montaña y que la gente lo pueda disfrutar”.

Dijo haber hecho gestiones personales ante el Ejército y el municipio pero “nadie se pone las pilas para aclarar la cosa”.


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