Ocurrencias para YPF en tiempos de covid-19

A. Rubén Etcheverry*


El saldo comercial energético favorable tiene sentido estratégico y comercial. No así el panfletario eslogan del autoabastecimiento, que en su concepción estricta resulta contraproducente económicamente.


Podemos debatir en términos políticos, estratégicos o ideológicos sobre la necesidad y conveniencia de una empresa petrolera del Estado como lo fue la antigua Yacimientos Petrolíferos Fiscales SE (YPF SE). Lo considero una discusión vetusta pero aún válida.

Sin embargo, el título de la propuesta de dirigentes del Frente de Todos, “Una YPF enteramente estatal para salir de la crisis”, aparece como arcaico y extemporáneo, de una temeridad y osadía propia del desconocimiento de la problemática, el mercado, las causa-efecto de la actividad petrogasífera del país y por ende proponer una solución que va a contramano con el propósito. Su mero enunciado genera más ruido, que solo logra agravar el contexto del sector.

¡¿Qué relación puede tener la recompra del 49% en manos privadas de YPF SA por parte del Estado nacional con salir de la doble Nelson del mercado petrolero actual: derrumbe de la demanda por la covid-19 y sobreoferta por el no acuerdo de la OPEC y Rusia a los recortes de producción?! Ninguna. Creamos la triple Nelson.

En la mezcolanza del artículo publicado se menciona la oportunidad para el relanzamiento de una nueva política energética. Coincido en su absoluta prioridad. Ya que desde que el nuevo gobierno, que hace 9 meses ganó las PASO, no ha generado propuesta, ni política energética, ni interlocutores en el ámbito petrolero.

“Completar el proceso de recuperación de YPF iniciado en el 2012”. Sin dudas se refiere a recuperar la compañía de la privatización concretada por el propio peronismo, con el senador neuquino Oscar Parrilli como informante del proyecto de ley que lo permitió. Y reconociendo como propios ambos errores históricos: la privatización y la recuperación a medias de YPF con la reestatización irregular de Cristina Kirchner.

“Una ofensiva en pos de consolidar el control estratégico sobre nuestra compañía de bandera”. Solidaridad. Blindaje. Será control estratégico o recuperación la nueva palabra fetiche para salir de la crisis. Surge el interrogante: ¿qué no podría hacer YPF actualmente o qué no se puede hacer desde las leyes del Congreso, la política de la Secretaría de Energía o con la voluntad política del 51% de su accionariado que impondría una compra del restante 49% en manos privadas?


La mayor dificultad que enfrentan las empresas petroleras es el acceso al financiamiento. Si el Estado nacional comprara la totalidad de YPF no solo gastaría dinero que no tiene en algo que no hace falta, sino que además empeoraría la situación crediticia.


Es más, hoy el Estado nacional disfruta del sueño del pibe: poder manejar con el 26% la totalidad de la empresa (1). Será que cotizar en Bolsa en los mercados bursátiles de Nueva York y Buenos Aires representa un problema, ya que impone controles y transparencia o quizás sea simplemente oportunismo político, demagogia populista o la cómplice pretensión de nombrar un par de directores afines con buenos honorarios.

El gobierno de Néstor Kirchner creó Enarsa para evitar dañar a YPF, cuyo control luego cediera a manos de sus amigos Eskenazi. Aún existe esta herramienta, que siendo 100% del Estado nacional y las provincias podría en gran parte cumplir con las demandas de estos legisladores sin desembolsar fondos que el Estado hoy no dispone.

Podemos hacer show, distracción frente a los reales problemas del sector, pero la demagogia populista barata puede volver a costarnos muy caro. Basta recordar el “no va a costar nada” de Kicillof por la expropiación de YPF al pago multimillonario en EE. UU. cuando Repsol inició el juicio.

La mayor dificultad que enfrentan las empresas petroleras, al ser de capital intensivo, es el acceso al financiamiento para sus proyectos. Si el Estado nacional comprara la totalidad de YPF no solo gastaría dinero que no tiene en algo que no hace falta, ni mejoraría su posición, sino que además empeoraría la situación crediticia por partida doble: limitaría el crédito y lo encarecería.

Salvo que creamos que el dinero es infinito y que con la maquinita se resuelven todos los problemas, y no que somos los ciudadanos que pagan esa emisión con devaluación, impuestos, inflación y más pobreza, los caprichos setentistas de su dirigencia. Si así fuese le regalamos a cada argentino $ 10 millones y se acaban las dificultades económicas.

O quizás haya que rever otros aspectos que reclama la industria: la falta de una política clara y normas estables, el congelamiento de los precios de los combustibles establecido por el gobierno anterior o la pretensión de establecer por decreto el valor de los bienes de la economía, el uso de las empresas con fines político partidarios, el fijar tarifas que no permiten a los distribuidores pagar sus insumos (energía eléctrica y gas natural a los productores), con lo cual generan un agujero financiero a la misma YPF; o intentar compensar con subsidios que luego no se liquidan ni pagan.

Recuperar YPF para desandar la pesada herencia del macrismo. Si es por echar culpas, el “Gato” está de turno, y nos conviene olvidarnos de la “magia” de Galuccio, que con Chevron en época de Cristina inició el shale intensivo en Loma Campana, que denostaron estos mismos diputados. Y esperemos que no se refiera a haber logrado, con tanto esfuerzo, equilibrar la balanza comercial energética, como se muestra en el gráfico, y a volver a gastar los dólares del Tesoro en importar nuevamente combustibles.

El saldo comercial energético favorable tiene sentido estratégico y comercial. No así el panfletario eslogan del autoabastecimiento, que en su concepción estricta resulta contraproducente económicamente. Autoabastecimiento, ¿a qué costo? ¿Qué sentido tiene abastecer desde yacimientos argentinos hasta el último metro cúbico de gas en el pico de invierno y luego tener toda esa infraestructura dedicada (pozo, operación, mantenimiento, gasoducto, distribución) ociosa e improductiva los otros 364 días del año? No tiene lógica. ¿Por qué no importar un par de garrafas en la Puna jujeña desde Bolivia en lugar de llevarlas desde Refinor?

Qué bueno hubiese sido haber escuchado del oficialismo que está buscando las herramientas, los profesionales, el financiamiento, para convertir a YPF en una empresa moderna, eficiente, modelo, de crecimiento, generadora de riqueza y trabajo en lugar de este despropósito más en línea con el triste cierre de Argentina al mundo, generando conflictos con nuestros socios del Mercosur, adhiriendo al grupo Puebla y encaminándonos con seguridad a convertir a YPF en la próxima Pdvsa. (2)

*Ingeniero, exsecretario de Energía de la Provincia de Neuquén


(1) Por Ley 26741, el Estado nacional posee el 26% de las acciones, el restante 25% las provincias. Al actual en forma sindicada, con ese 26% mantiene el control de las decisiones del directorio.

(2) Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima. Llegó a aparecer en Fortune en el puesto 39 entre las empresas más grandes del mundo por sus ingresos, la segunda de Latinoamérica. En 1998 logró ser la tercera en el mundo en capacidad de refinación: 3,3 millones de barriles diarios de petróleo y administraba 24 refinerías en todo el mundo. Para 2019 solo administra 11 refinerías y su producción petrolera según el informe de la OPEP de septiembre de 2019 cayó a 680,000 B/día (promedio mensual)


Exit mobile version