Odisea y desamparo en la cuarentena

Carina Fernández de Bacsay*


Necesitamos instituciones que estén a la altura de las circunstancias y que resulten operativas a la hora de resolver problemas, dirigidas por profesionales competentes


Tal como era de esperar, el covid 19 llegó a nuestro país y aparecieron los primeros casos en Neuquén. Se decretó cuarentena, se tomaron muchas medidas y la situación sanitaria, económica y social sigue empeorando en nuestra ciudad.

Tras tratar de resistir, mi hijo Maximiliano Bacsay decidió concluir con lo que fuera su sueño. Ninguna de las ayudas que se ofrecieron le llegó a él y el Estado no supo, no pudo, no quiso o no estuvo interesado en apoyar de ninguna manera su proyecto que fuera la continuidad de una empresa familiar. Todo lo contrario.

Encontró tantos escollos a la hora de abrir su hostería, para sostenerla en el momento en que se decretó la emergencia sanitaria, como para hacer el sinnúmero de trámites que implica cerrarla definitivamente.

Él, como muchos, vio frustrado su sueño y sintió que este es un país en el que es muy difícil crecer. Pero no termina acá la historia. Es en este punto en el que la odisea comenzó, por lo que como familia decidimos ayudarlo a atravesar el trago amargo.

Al decretarse la cuarentena, no estaba permitido alojar nuevos huéspedes; otros trataron de retornar a sus lugares de origen, algunos que estaban alojados de manera permanente fueron despedidos de sus trabajos y así, uno a uno, se fueron yendo y la hostería se fue desmembrando.

Ahí quedó al descubierto la tristísima realidad de una huésped que nos pidió quedarse pues no tenía adónde ir, con una situación de salud física y mental precaria.

Compadecidos ante su situación, se le permitió estar en la hostería, hasta que llegó el momento de entregar el inmueble y esperábamos que alguna institución dependiente del Estado pudiera hacerse cargo de una mujer que quedaba en situación de calle. Grave error el nuestro. Nos desaconsejaron asistir a los consultorios de salud mental de la Provincia, a menos que estuviera en una crisis psiquiátrica.

La acompañamos hasta el hospital, solo le dieron un medicamento para el dolor de garganta y no atendieron a su bajo peso, a su estado de salud general.

Desde Acción Social nos aconsejaron que acudiéramos a la línea 148, de asistencia a la mujer víctima de la violencia. Y en esta línea no podían socorrerla pues no era una víctima de violencia.

A pesar de la buena voluntad con la que nos atendían, pasaron los días, se sucedieron varias operadoras, nos respondían que seguían evaluando la situación y hasta observaban con desconfianza nuestra insistencia y apuro. Mientras tanto, tratábamos de albergar en una casa ya vacía a una mujer que no tenía adónde ir, ninguna persona acudía en su ayuda, y tiraba la comida que le llevábamos porque sentía rechazo a comer y se enojaba cuando le explicábamos que teníamos que dejar esa casa.

Si el aislamiento social obligatorio fue decretado para fortalecer el sistema de salud, éste no la incluía. Quedó al margen de toda asistencia social y médica.

Una situación que nos excedía en todos los sentidos, que no nos corresponde resolver y que habla de un Estado absolutamente ausente a la hora de auxiliar a los más vulnerables y apoyar las acciones de los ciudadanos que de buena fe intentan ser solidarios y humanos.

Necesitamos instituciones que estén a la altura de las circunstancias y que resulten operativas a la hora de resolver problemas, dirigidas por profesionales competentes que asuman su tarea con el compromiso y la responsabilidad necesaria.

Ni este es el único proyecto frustrado, ni esta huésped es la única persona en situación de desamparo, ni somos la única familia que se sintió excedida en el intento de ayudar.

Son solo un lamentable ejemplo de los desaciertos de políticas diseñadas por funcionarios que no tienen la menor idea de la realidad de las personas que habitamos este lugar, ni del funcionamiento de las instituciones que deberían estar al servicio del bienestar de las personas.

Invito a quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones, de dirigir los destinos de todos los neuquinos, a conocer y a mirar de cerca la realidad, el sufrimiento y la odisea de cada una de las personas que no son consideradas, escuchadas, ni protegidas en su diario peregrinar.

Quizás así sea posible la construcción de una sociedad más inclusiva y solidaria, donde la defensa de la vida y la protección de cada ciudadano, en toda su humanidad, sea el valor primordial.

*Psicóloga



Necesitamos instituciones que estén a la altura de las circunstancias y que resulten operativas a la hora de resolver problemas, dirigidas por profesionales competentes


Tal como era de esperar, el covid 19 llegó a nuestro país y aparecieron los primeros casos en Neuquén. Se decretó cuarentena, se tomaron muchas medidas y la situación sanitaria, económica y social sigue empeorando en nuestra ciudad.

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