ONU presiona por una salida al conflicto del Sahara Occidental



Hay en el mundo algunos conflictos en materia de reclamos y disputas de soberanía que parecen flotar sobre el tiempo. Eternizándose, sin resolverse. Como si el tiempo no contara.

Ese es, por ejemplo, el conocido caso de Chipre. Y también el algo menos conocido caso que afecta la disputa de soberanía que aún existe sobre la ex colonia española en el Sahara Occidental, que enfrenta a la población original del lugar, la de los simpáticos saharauis, representada por el llamado Frente Polisario, contra Marruecos, país que desde 1975 ocupa por la fuerza el territorio, cuando lo invadiera organizando milimétricamente la recordada “Marcha verde”, disfrazándola de presuntamente espontánea.

Respecto del Sahara Occidental, la diferencia entre las posiciones de las partes es realmente muy grande. Para Marruecos, la alternativa es la de dar alguna autonomía al futuro Sahara Occidental, pero dentro de la integridad territorial marroquí. Para los saharauis, el camino es el definido, desde hace rato, por las Naciones Unidas: el del referendo de autodeterminación en el que habrán de votar sólo los saharauis, con un resultado previsible, entonces.

Visiblemente cansada de las demoras, Naciones Unidas está ejerciendo presión para que el conflicto sea resuelto en un plazo máximo de seis meses. Ocurre que después de 27 años en la agenda del Consejo de Seguridad mantener el “status quo” sin resolver el tema se ha vuelto insoportable. De allí el llamado expreso a las partes a encontrar una solución realista, justa, durable y mutuamente aceptable.

Para los Estados Unidos, la propuesta marroquí podría ser el escenario de negociaciones que conduzcan a una solución. Para Rusia, en cambio, el camino es el de una alternativa aceptable para las dos partes.

No son muy distintas, pero la voluntad de encontrar una solución, que ha estado ausente durante tantos años en un conflicto virtualmente congelado, no aparece. Más allá de los deseos de la comunidad internacional, son las partes las que tienen la responsabilidad esencial de resolver su disputa. Sin flexibilidad, ello no será posible. Tampoco en los próximos seis meses.

*Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


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