Cuando el mar nos conmueve: una oportunidad para reconectarnos con la vida marina
@InstitutodeconservacióndeBallenas
Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia
Las imágenes de ballenatos muertos en en el Golfo Nuevo de Península Valdés y otros sectores de Chubut nos conmovieron, nos dolieron, nos desesperanzaron. Esa reacción habla de un vínculo afectivo con la ballena franca austral (Eubalaena australis), símbolo de la Patagonia y Monumento Natural de la Argentina. Desde el Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia creemos que esa profunda emoción es una oportunidad para reconectarnos con el mar y con todas sus formas de vida, y para repensar cómo fortalecer es hilo invisible que nos une con lo bello de la vida.
Una historia que no podemos olvidar
El nombre en inglés de esta especie, right whale, guarda una historia poco feliz. Los balleneros europeos y norteamericanos la consideraron la ballena “correcta” para cazar: era lenta, tenía barbas largas, producía mucho aceite y flotaba al morir. De una población original estimada en más de 100.000 individuos, a principios del siglo XX quedaban unos pocos centenares, restringidos a las costas de Sudáfrica, Nueva Zelanda y Argentina. Aunque en 1936 fue protegida internacionalmente, la matanza ilegal continuó hasta 1970.
Hoy, quien observa a las ballenas en Península Valdés y se maravilla con su comportamiento pacífico difícilmente imagina el daño que las personas causaron a sus antepasados. Gracias al esfuerzo conjunto del Estado nacional, provincias y municipios, investigadoras e investigadores, operadores turísticos y sociedad civil, la población crece entre un 3 % y un 4 % anual y ronda los 5.500 animales. Sin embargo, sigue muy lejos de su número histórico de 55.000 (Romero et al., 2024).
Frente a la urgencia, la ciencia
Lo que sabemos todavía es provisorio. El Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral, coordinado por la Dra. Marcela Uhart desde 2003, continúa investigando las causas de las muertes. Según informó el Gobierno de Chubut, en muestras de ballenatos se confirmó la presencia de la bacteria erisipela (Erysipelothrix rhusiopathiae ), asociada a una infección aguda. La aparición de adultos muertos amplía los interrogantes y una de las hipótesis en estudio es la exposición a toxinas de floraciones algales nocivas (“marea roja”), sin resultados concluyentes. Estos son algunos de los primeros hallazgos. Aunque es comprensible la necesidad de obtener respuestas, es fundamental evitar conclusiones apresuradas y esperar a que la evidencia científica permita comprender lo ocurrido.
Las ballenas nos obligan a mirar más allá de ellas
Una mortandad extraordinaria puede ser señal de procesos que necesitamos comprender en todo el ecosistema marino. No se trata de asumir una única causa ni de establecer relaciones que la evidencia aún no demuestra, sino de generar la información necesaria para detectar riesgos y actuar a tiempo. Eso requiere mediciones sostenidas en el tiempo, vigilancia de la calidad del agua y estudio de las conexiones entre los componentes del ecosistema.
Además, las ballenas no reconocen fronteras: sus desplazamientos conectan hábitats, países y aguas internacionales. Protegerlas exige cooperación regional, conocimiento compartido y decisiones coordinadas frente a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.
Una responsabilidad compartida
Aquí los gobiernos deben reforzar su compromiso: destinar recursos estables a la investigación científica y al monitoreo ambiental de largo plazo, y asegurar que instituciones, autoridades y especialistas trabajen de manera articulada. La ciencia necesita continuidad para detectar cambios, anticipar riesgos y orientar decisiones. La información verificada es una forma de cuidado. Pero la responsabilidad no es solo estatal. Informarnos con fuentes confiables es importante, pero no suficiente. Como sociedad también podemos reclamar políticas de prevención y controles efectivos, apoyar a las instituciones científicas y acompañar a las organizaciones que trabajan por la conservación.
Las ballenas nos conmueven, pero también nos interpelan. ¿Qué nos están mostrando sobre el estado del mar? ¿Qué necesitamos investigar y monitorear para comprenderlo? ¿Y qué estamos dispuestas y dispuestos a hacer para protegerlo?
La conservación no comienza ni termina con una noticia. Que el dolor se convierta en conocimiento, el conocimiento en decisiones y las decisiones en compromisos duraderos requiere ciencia, políticas públicas y una ciudadanía activa.
La salud del Mar Patagónico es una responsabilidad compartida que exige mucho más que preocuparnos: exige involucrarnos.
Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia
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