Distancia pero sin romper puentes

La abstención de Corroza en la ley de glaciares reabre el debate sobre el rol de los representantes neuquinos en un escenario de tensiones con Nación. Entre acuerdos pragmáticos y gestos de distancia, el oficialismo provincial busca sostener gobernabilidad sin diluir su identidad política.

Por Mario Rojas

La abstención de la senadora Julieta Corroza en la votación de la ley de glaciares no modificó el resultado legislativo, pero sí dejó expuesta una dinámica política que atraviesa a Neuquén desde hace tiempo: la tensión permanente entre los intereses provinciales y las estrategias del gobierno nacional.

Su argumento, centrado en la necesidad de mayor debate ante un cambio que otorga más protagonismo a las provincias en áreas sensibles como las zonas periglaciares, intenta ubicarse en una zona intermedia, aunque no logra evitar lecturas cruzadas.

En ese gesto, Corroza también volvió a poner sobre la mesa una lógica que defendió desde su llegada al Senado: votar en función de lo que considera conveniente para Neuquén.

Sin embargo, esa premisa convive con críticas por decisiones anteriores, como su acompañamiento a la reforma laboral o al presupuesto nacional, justificadas en la necesidad de garantizar gobernabilidad.

Esa doble vara —entre convicción provincial y pragmatismo político— no es nueva, pero sí adquiere mayor visibilidad en un contexto donde cada voto se interpreta en clave de alineamientos.


El equilibrio entre la autonomía y la Casa Rosada


El contraste con etapas anteriores también aparece en el análisis. Históricamente, los senadores neuquinos, incluso dentro de estructuras como el MPN, reivindicaron la autonomía de sus decisiones bajo fundamentos propios, aun en votaciones de alto impacto nacional.

Hoy, en cambio, el criterio parece correrse hacia una evaluación integral de costos y beneficios, donde la relación con la Casa Rosada pesa tanto como el contenido de las leyes. Ese vínculo, lejos de ser lineal, muestra signos de incomodidad.

La reciente visita a Neuquén de funcionarios nacionales, encabezados por Karina Milei y Manuel Adorni, dejó más gestos elocuentes que declaraciones. La ausencia del gobernador Rolando Figueroa y la discreta participación institucional a través de la Legislatura reflejaron un equilibrio delicado: cumplir con las formas sin sobreactuar cercanía.

Incluso en los detalles, como la escasa visibilidad de los funcionarios en las imágenes oficiales, se percibe una voluntad de marcar distancia sin romper puentes.


Beneficios concretos y el escenario electoral


En paralelo, el gobierno provincial administra una relación que combina beneficios concretos con costos políticos. En el haber, aparecen avances significativos: la posibilidad de acceder a financiamiento internacional para obras viales, el reconocimiento de deudas previsionales y el traspaso de rutas nacionales que ya eran sostenidas de hecho por la provincia.

También se inscribe allí la expectativa de incluir inversiones energéticas en regímenes que potencien el desarrollo de Vaca Muerta y la exportación de gas. Pero ese mismo vínculo exige concesiones y lecturas políticas finas.

Cada decisión en el Congreso, cada gesto institucional, se inscribe en una negociación más amplia donde Neuquén busca fortalecer su autonomía sin quedar aislada. Es un equilibrio inestable, donde el margen de maniobra depende tanto de la coyuntura nacional como de la capacidad provincial para sostener una agenda propia.

En este escenario, el mapa político neuquino comienza a ordenarse de cara al próximo turno electoral. Tres espacios concentran la atención: el oficialismo provincial de Rolando Figueroa, el armado municipal de Mariano Gaido y la representación libertaria que encarna La Libertad Avanza con la senadora Nadia Marquez.

Mientras el voto opositor —especialmente el progresista— aún no encuentra una referencia clara que lo articule. La discusión de fondo, entonces, trasciende nombres y coyunturas; se trata de cómo Neuquén construye su lugar en una Argentina atravesada por cambios económicos y políticos profundos.

Entre la necesidad de recursos, la defensa de sus intereses estratégicos y la presión de un escenario nacional polarizado, la provincia vuelve a transitar un camino conocido: negociar sin resignar, acercarse sin alinearse del todo. Un ejercicio complejo que, como muestra el episodio de la ley de glaciares, está lejos de resolverse.


La abstención de la senadora Julieta Corroza en la votación de la ley de glaciares no modificó el resultado legislativo, pero sí dejó expuesta una dinámica política que atraviesa a Neuquén desde hace tiempo: la tensión permanente entre los intereses provinciales y las estrategias del gobierno nacional.

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