El constitucionalismo antisocial y la destrucción de los derechos laborales

Mientras lo público y lo social se destruyen, la misantropía avanza. La reforma laboral propuesta es inconstitucional pero también inefectiva para crear empleo de calidad.




“El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros”, Antonio Gisbert, 1888.

La reforma laboral y la Constitución.

1. La cuestión antisocial


La reforma laboral propuesta por el Gobierno es inconstitucional y puede ser otro retroceso sin freno opositor. Nadie tiene ni la voluntad ni la imaginación política para reparar un sistema político roto y paralizado.

La Corte Suprema es garante de esa parálisis republicana. La Corte Interamericana de Derechos Humanos puede tardar unos 20 años en dictar una sentencia contra una injusticia evidente empeorada por el paso de ese tiempo. Ambas Cortes grafican la debilidad estructural de los derechos humanos y laborales, cada vez más privilegios de pocos.

En una época en la cual la soledad y la atomización son la regla, las relaciones sociales e íntimas se ven como una amenaza, muchas parejas “eligen” adoptar gatos a tener hijos, muchos niños, jóvenes y mayores parecen atrapados por pantallas y prefieren encerrarse en sus burbujas digitales sin contacto físico ni humano, en una cultura narcisista que los lleva a picos de ansiedad y depresión, en ese contexto, no debe sorprender que el momento político sea autodestructivo y de profundo resentimiento hacia lo social, lo comunitario y lo público.

Otro tema son las agendas autolesivas de los que hablaban de “justicia social” realizando actos de abierta crueldad y persecución, como cancelaciones y linchamientos, entre otras demencias. Esa minoría privilegiada empeoró los malestares que se estaban gestando. La regla siempre es la misma: las minorías intensas y las mayorías silenciosas. Esas mayorías formaron el 56 por ciento. Se verá si la minoría libertaria -igual de intensa- mantiene sintonía con la mayoría en 2027.

Este pico antisocial fue fomentado por varios actores, no únicamente por sus beneficiarios, la nueva contraelite irresponsable que improvisa gobernar día a día. La miope elite tradicional fue su socia en la construcción de este momento misantrópico.

La misantropía es el espíritu de nuestros tiempos y permite pensar en un nuevo constitucionalismo antisocial. Un reverso de un proceso que se generó hace 150 años con los primeros movimientos de trabajadores luchando por su dignidad, con fuerzas sociales construyendo la posibilidad de conquistas laborales que hasta Bismarck o el Papa León XIII reconocerán y serán legalizadas en el mismo Estado de Bienestar del siglo XX. Eso se está desmantelando en el siglo XXI a nivel global.

El constitucionalismo social fue un éxito real y concreto. Palpable todavía en nuestros cuerpos. La gran mayoría nacidos en hospitales públicos, educados en un sistema público que existe gracias a ese constitucionalismo liberal-social del siglo XIX y XX.

El ciclo antisocial es un proceso de largo alcance con hitos de aceleración en 1976, 1983, 1989, 2001, 2023 y con colaboración política y técnica transversal. Los contrastes de los líderes políticos y sindicales en ese ciclo de integración-desintegración son fuertes.

2. Del sindicalismo social al sindicalismo empresarial


Hay razones para una reforma laboral. No para la que propone el gobierno. El mundo sindical es diverso y complejo. Las cabezas sindicales no son el sindicato. Sin embargo, podemos decir que la burocratización sindical de un modelo corporativo -que frenó los rebencazos en los frigoríficos- dio paso al empresariado sindical que hizo que cabezas de ciertos sindicatos tengan más poder económico -o comunicativo- que casi todos los empresarios con los que negocian. Del otro lado, ciertos empresarios son las viejas promesas de la clase política de los 80/90, hijos de coordinadoras y renovaciones fallidas.

Se puede proyectar otra reforma laboral para crear más empleo. La reforma que se propone debilitará a los pocos trabajadores formales que existan y permitirá que se incumpla más la escasa protección laboral que quede.

Resalta que el constitucionalismo social que construyó hospitales, escuelas y todo el aparato del Estado-Nación tuvo un sin número de mártires, trabajadores humildes y semianalfabetos, con una calidad y claridad moral infinita. Sabían que la explotación laboral y el trabajo infantil debían terminar.


En contraste, la clase que está impulsado el momento antisocial tiene a un grupo de tecno-burócratas irresponsables, fantasiosos y delirantes, meros especuladores que no construyeron nunca nada real. Hacen daño mientras bloquean la regulación. La ley se deja bloquear y neutralizar sin resistir. Sturzenegger lo dijo claro en Davos: “Mi objetivo es que no aparezca ninguna ley de la inteligencia artificial”.

Sabemos que los creadores de las plataformas no permiten que sus hijos las usen. La exposición de una generación al contenido bazofia creado por inteligencia artificial profundizará el momento antisocial, traerá más distracción y deterioro cognitivo. Ni civilización ni barbarie, algo mucho peor, estímulo digital basura que subordina. Más entropía social y necrosis política. Así la misantropía avanza.

* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


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