El territorio como campo de negociación
El Movimiento Popular Neuquino busca reorganizarse sin romper su convivencia con el gobierno de Rolando Figueroa. En el escenario emergen el reordenamiento territorial de sus liderazgos y la expansión silenciosa del armado de Mariano Gaido. La transición política en la provincia abre un esquema inédito de oficialismos múltiples y fronteras difusas. La necesidad de gobernabilidad posterga las internas ante un mapa electoral que reconfigura el histórico poder partidario.
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La política neuquina atraviesa un proceso singular: el Movimiento Popular Neuquino intenta reorganizarse después de haber perdido el poder provincial, pero lo hace sin romper con el gobierno que lo desplazó.
La lámpara de Rolando
El dato no es menor. El MPN ya no discute hoy cómo volver al poder en soledad, sino cómo sobrevivir políticamente dentro del ecosistema construido por el gobernador Rolando Figueroa. Y en esa transición aparece otro actor clave: Mariano Gaido y su estructura de Primero Neuquén, un armado que también salió a buscar músculo territorial.
Reorganización y gobernabilidad partidaria
El diputado Gabriel Álamo, exintendente de Aluminé y presidente del principal bloque legislativo de la Cámara, se convirtió en una de las caras visibles de ese intento de reorganización del MPN. Su discurso tiene una definición central: primero la gobernabilidad, después el partido. La construcción que impulsa busca evitar una interna traumática y ordenar al partido detrás del acompañamiento a Figueroa. No casualmente, los dirigentes que mencionó como parte de ese diálogo territorial fueron Carlos Koopmann, Hugo Gutiérrez y Carlos Saloniti.
La omisión también habla. Esta semana el exintendente de Villa El Chocón, Nicolás Di Fonzo, oficializó su pase a las filas de Primero Neuquén. El movimiento expone una realidad incómoda: el goteo de dirigentes hacia el esquema de Gaido sigue activo, mientras el partido que gobernó por seis décadas busca redefinir su lugar dentro del esquema de Rolando Figueroa, mientras Mariano Gaido expande su propio armado con sello propio y lógica municipal.
Paradojas y tensiones en el territorio
Parece una paradoja: el oficialismo provincial necesita de la estructura territorial del MPN, pero al mismo tiempo promueve nuevos espacios que disputan esos mismos liderazgos locales. El problema para ambos espacios es que la convivencia todavía no tiene reglas claras.
En algunas localidades podría haber candidatos distintos apoyando al mismo gobernador, incluso desde sellos diferentes. Esa definición abre una etapa inédita para la política neuquina: un oficialismo múltiple, con fronteras difusas y liderazgos superpuestos. El viejo verticalismo del MPN empieza a convivir con una lógica más fragmentada, donde la “neuquinidad” funciona como paraguas común, pero no necesariamente como estructura única.
El escenario ante el armado de listas
El interrogante de fondo es si ese equilibrio podrá sostenerse cuando llegue el momento de definir candidaturas y lugares concretos de poder. Hasta ahora, el consenso aparece como necesidad. Pero la política neuquina siempre termina ordenándose cuando se acerca la lapicera electoral. Ahí se verá si MPN y Primero Neuquén son piezas complementarias de un mismo proyecto o si, debajo de la tregua actual, ya empezó una disputa silenciosa por el futuro del poder provincial.
La lámpara de Rolando
La política neuquina atraviesa un proceso singular: el Movimiento Popular Neuquino intenta reorganizarse después de haber perdido el poder provincial, pero lo hace sin romper con el gobierno que lo desplazó.
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