Fertilizantes: la oportunidad que Neuquén no puede perder

La provincia tiene tres activos clave: abundante gas, cercanía de los mercados del pacífico y la planta de agua pesada en Arroyito que puede convertirse en dual y también producir urea

Por Daniel Baum

La PIAP dejó de producir en 2017. Foto: archivo Matías Subat.

Desde su mismo comienzo, Neuquén plasmó en su texto constitucional de 1957, la idea de fomentar la producción y de promover la industria con sentido regional procurando su instalación en los lugares de origen.

Los primeros intentos industrializadores, allá por la década de 1960, buscaban aprovechar el gas que brotaba en gran parte de su suelo. No obstante, ello, en plena construcción del Chocón en 1970, se inauguraba el primer gran gasoducto que, saliendo de Neuquén recorría 570 kilómetros y llegaba hasta Bahía Blanca. Ya se vislumbraba que la industria necesitaba imperiosamente construir ductos que pudieran facilitar el transporte del gas desde la cuenca neuquina a los centros de consumo.

La exploración del yacimiento Loma de la Lata permitió en 1977 descubrir, para ese momento, la reserva de gas más grande de la Argentina. Demandó tres años comenzar su explotación, para lo cual era necesario construir un nuevo ducto que llegara a la Capital y al conurbano bonaerense. Nacieron entonces el Neuba II de casi 1.400 kilómetros de largo y una planta compresora en General Cerri, cerca de Bahía Blanca.

Mientras se cosntruía el Neuba II, retornada la democracia en 1983, el COPADE, organismo de planificación creado por Felipe Sapag, elabora un proyecto para construir en la provincia de Neuquén, mas precisamente en Plaza Huincul, una planta de fertilizantes nitrogenados.

Se crea Fertilizantes Neuquinos S.A. (Fertineu), en la que la Provincia se asociaba con la empresa estatal YPF con el objeto de fabricar fertilizantes. Retomaba una vieja idea que venían formulando técnicos de YPF en la década de 1960 buscando aprovechar el gas que se venteaba por la falta de gasoductos.

Factores como, la cercanía del mercado de consumo, la existencia del puerto, y el lobby de las grandes empresas ganaban la pulseada para que la industrialización del gas se realizara en Bahía Blanca. Así nacieron primero el “NO al caño” y poco tiempo después “Ahora Fertineu”, dos intentos con mucha repercusión mediática, pero ambos fracasos.

Más allá de la gran de la simpatía popular que despertó la consigna, el Neuba II terminó concretándose. Algo parecido pasó con “Ahora Fertineu”, el anuncio pronunciado frente a la Municipalidad de Neuquén por el ex presidente Raúl Alfonsín en presencia de una gran multitud que aplaudía con alegría.

Al final, se terminó instalando el polo petroquímico y la fábrica de fertilizantes nitrogenados en Bahía Blanca, ayudado también por desencuentros internos de la política local. Sin embargo, aquellos intentos y discusiones de los años ochenta hoy vuelven a cobrar actualidad porque cambió el contexto energético y comercial.

Nuevo contexto global


Diversos acontecimientos en el mundo permiten aseverar que existen mercados con demanda insatisfecha de fertilizantes nitrogenados. Controversias geopolíticas entre China y la India, los más grandes importadores de urea en el mundo, permiten vislumbrar la posibilidad de exportarles urea desde la Argentina.

Actualmente, además de Pro Fértil, Pampa Energía a través de Fértil Pampa S.A.U. aumentará la producción nacional de urea granulada con una inversión millonaria en Bahía Blanca, siempre con el gas que sale de Neuquén.

Se dirá que Bahía Blanca está más cerca del mercado interno de consumo, pero lo que no se dice es que India, Vietnam, Tailandia, entre otros, mercados del Pacífico y grandes importadores de urea, pueden abaratar sus costos logísticos importando desde los puertos de Chile. La India sola compra más de 10 millones de toneladas de urea por año.

Si se mira hacia el Asia-pacífico, aparecen ventajas y posibilidades para producir fertilizantes nitrogenados en Neuquén, teniendo en cuenta tres activos de la provincia: abundante gas, cercanía de los mercados del pacífico y con una inversión de relativa magnitud puede reformar la planta de agua pesada (PIAP) en Arroyitos para producir fertilizantes nitrogenados, sin dejar de producir agua pesada.

Como la PIAP es una gran fábrica de amoníaco, bien podría utilizarse para producir urea, transformando la actual planta en una fábrica dual, ya que el amoníaco es el insumo principal para la producción de urea.

La inversión para reconvertir la PIAP se calcula en unos 300 millones de dólares, mucho menos que los 2.700 millones de dólares que le demandará al grupo Pampa Energía la construcción de su planta en Bahía Blanca.

La historia demuestra que Neuquén exportó durante décadas su materia prima y dejó que el valor agregado se generara lejos de su territorio. Hoy, con Vaca Muerta, la PIAP y una creciente demanda internacional de fertilizantes de los países del Asia-Pacífico puede revertir ese pasado.

Transformar la PIAP no es una utopía ni un proyecto faraónico, es la posibilidad concreta, más rápida y económica de comenzar a industrializar el gas en origen. Después de tantos años de oportunidades perdidas, quizá haya llegado el momento de dejar de enviar solamente gas por los caños y se comience a exportar valor agregado industrializando el gas en suelo neuquino.

* Exsenador y diputado nacional, exlegislador provincial.


La PIAP dejó de producir en 2017. Foto: archivo Matías Subat.

Desde su mismo comienzo, Neuquén plasmó en su texto constitucional de 1957, la idea de fomentar la producción y de promover la industria con sentido regional procurando su instalación en los lugares de origen.

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