Las derechas triunfan gracias a los errores progresistas

Las políticas de la identidad y el auge de los extremismos. Las derrotas electorales después de gobiernos “progresistas” tienen factores estructurales y varios peligros.

La extracción de la piedra de la locura”, Jan Sanders van Hemessen, 1550.

La utilidad del resentimiento.

1. El péndulo se mueve hacia la derecha


Si la derrota de Petro en Colombia, de Boric en Chile y la victoria de Keiko Fujimori en Perú no alertan a nadie es porque las izquierdas y los progresismos continúan muy cómodos encerrados en sus burbujas.

Las elecciones las pierden cada vez más los gobiernos que se van, no sus candidatos. Se vota, entre otras cosas, pensando en el pasado, rechazando y castigando.

La derrota de Boric o de Petro, precisamente de Jara o Cepeda, fue tan predecible como fue su fallido intento de cambiar la Constitución. En el caso de Chile, una posibilidad irrepetible para una constitución autoritaria y con la peor historia del constitucionalismo global. Esa oportunidad fue cancelada por las políticas de identidad que abrazó la elite y sus asesores internacionales.

El proyecto constitucional, apoyado por la vanguardia progresista internacional, estaba tan disociado del pueblo chileno que su rechazo en números, 62 por ciento, habla por sí mismo. Ese error se repitió con Petro. No se puede hacer un cambio constitucional mayoritario haciendo políticas minoritarias de la división y fragmentación identitaria. La derrota de Petro fue ajustada, es cierto, pero su discurso frente a los resultados fue ejemplar de la desconexión con los malestares que alimentaron su fracaso.

En 2020 en contexto de la amenaza vital de la pandemia y con miedos económicos reales ciertas minorías intensas y ruidosas coparon la esfera pública. Eso llevó a que las mayorías silenciosas expresen sus enojos a través del sufragio. Todo indica que esa tendencia continúa.

Milei inició un proceso que pronto se pondrá a prueba con Lula en Brasil. Por eso internacionalmente se lo reconoce como precursor. Cabe recordar que tanto Bullrich como Larreta eran moderados centristas, con meros intentos de emular los malestares que Milei sintetizó en 2023. La propuesta de Bullrich de su “sistema que ponga el foco en el ser humano” lo demostraba. “Ya lo vas a entender”. Bullrich mezclaba populismo represivo y humanismo. Estas nuevas derechas proponen -con aspectos diferenciados- una cosa más intensa y peligrosa.

Las guerras progresistas del pánico y miedo fueron muy peligrosas y provocaron mucho daño y censura que seguirán fortaleciendo a Milei en 2027. Milei fue una respuesta electoral irracional a un pico demencial de ciertas elites identitarias.

En ese contexto, es más fácil votar en un cuarto oscuro que debatir esas políticas de persecución y humillación que el progresismo realizó. Esas acciones extremas y sus amenazas siguen activas. El Gobierno las continúa capitalizando de formas indirectas, manteniendo un clima más que resolviéndolas. No parece haber un verdadero interés de reconocer el daño hecho por parte de los progresismos ni de iniciar procesos de reparación por parte del Gobierno. La tensión, entre miedo y resentimiento, es útil.

2. Un progresismo reaccionario y autodestructivo


La contracción económica global, la inflación y la pandemia fueron factores estructurales. Impactaron incluso contra Trump y Bolsonaro en 2020 y 2022. Sin embargo, al poco tiempo, las políticas de identidad fueron un boomerang para los oficialismos a nivel global. Tomemos Argentina o EEUU, próximamente Brasil o España. Las fuerzas progresistas se devoraron y fragmentaron entre sí, entraron en lógicas punitivista o directamente anti-derechos, anti-garantistas, generando Estados de excepción y frecuentes linchamientos para-judiciales de sus propios miembros que la derecha reprodujo y capitalizó.

La parálisis de la política trajo a Milei. Esa parálisis subsiste y se profundiza. Quizás como Trump, un segundo mandato de Milei sería más radical que el primero.

La fragilidad del Gobierno tiene más fortaleza que el vacío opositor que enfrenta. El rincón ficticio donde la oposición “tiene” al Gobierno es parecido a las crisis de indignación pública que tenía Menem con miles de episodios que quedaron en la nada política y judicial. El tiempo dirá si el Gobierno tiene ese trayecto.

La oposición a Milei, siguiendo el patrón progresista, despreció a las mayorías que lo votaron, lo subestimó, lo ha dado por terminado y mucho más. Hizo todo salvo romper los espirales de silencio que lo sostienen, escuchar sus malestares y ver cómo sus errores le pavimentaron la llegada y le permiten pensar en su reelección.


* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


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