Todos los argentinos somos víctimas de la mala educación

Redacción

Por Redacción





Gladys Esther Seppi de Fernández *


¿Tomamos en serio los argentinos nuestra educación?
¿Alienta la escuela y la sociedad al que hace y se esfuerza?


Aunque algunos argentinos piensen que están protegidos de los males del país, sobre todo de los que vienen de nuestra criticada y reconocida deficiente educación, pensamos que este mal nos afecta a todos.
No solamente me estoy refiriendo a lo mal que nos hacen quedar los marginales que salen del país o andan por nuestras calles, mostrando en cada paso, su incapacidad de adaptación y formación de malos hábitos. Su marginalidad del progreso humano.


Me quiero referir, a la educación mediocre que se viene recibiendo últimamente, sobre todo desde que la escuela fue tomada como un botín de la política. Es que, evidentemente también a la escuela se la ha tomado como un lugar en el que se consiguen votos, y de esa manera, se busca en ella, ir sembrando relatos que formen a futuros votantes. Apenas o antes de egresar miles, millones de jóvenes, son conquistados, multiplicados, arrebatadas sus fantasías y sueños de tener más, ganar más con facilidad .


Así, a los que no piensan, no leen, y sin embargo, pasan lo mismo de curso y ganan puestos mejor pagados, se les fortalece la idea de que son los vivos, de que no vale la pena estudiar porque en nuestra sociedad da lo mismo no saber leer, no entender lo que se lee, ve, escucha. Por eso no razonan. La cosecha de este facilismo evidencia un mayor y notable acortamiento de su propia mirada, y agudización de su ignorancia condenada a una eternidad.


La conducción de un partido político funda hoy su crecimiento en la utilización de esas armas para ganar adherentes . Así, dándoles, llevándolos y trayéndolos, pagándoles sin pedir a cambio nada más que su aplauso, su acompañamiento en actos y marchas, se han ido metiendo en la escuela donde siembran ideas que corroen, socavan las potencias que permitirían crecer, ser. Encontrar su propio destino a los alumnos.


¡Que falta de entusiasmo! Todo es desánimo, debilidad, desde el hecho de ir a la escuela al de potenciar los talentos con que cada uno ha sido dotado.


La escuela que tenemos parece un carro atascado en el terreno cenagoso que ella misma ha permitido generar, porque, si aún tenemos memoria y sinceridad, no podemos dejar de reconocer que la escuela se ha ido transformando en la maestra del facilismo, “haga poco esfuerzo”, “está aprobado” y “pase al curso que sigue”, hasta el extremo: “tiene la mejor nota aunque merezca un tres”.


Claro que nos duele reconocerlo y más de uno va a poner el grito en el cielo ante estas consideraciones…. Pero sepamos que ningún mal ni enfermedad se cura si no se hace un sincero diagnóstico de sus causas.
Por empezar: ¿tomamos en serio los argentinos nuestra educación? ¿Hemos pensado alguna vez en el daño que provoca la demagogia generalizada que hace su tarea demoledora de voluntades, mediante la aplicación del facilismo, los aprobados con exigencias mínimas? ¿Alienta la escuela y la sociedad al que hace y se esfuerza? ¿Premia al que estudia y castiga la mala conducta del alumno? Apoyan los padres? ¿Piden que se exija más?


La mediocre formación que se recibe en la escuela y la falta de apoyo familiar a los que enseñan con auténtica vocación, son la madre de todos nuestros males y es tiempo de que, por lo menos, empecemos a reconocerlo.


Si no caemos en la cuenta de que la escuela, que es decir la educación argentina, viene transitando las décadas sin preguntarse el por qué y para qué de su existencia y de cada asignatura; si continúa sin determinar los fines de su misión, la educación, no saldrá de su parálisis y todos seremos perjudicados porque los aprobados fáciles que tanto festejamos, lanzan a la sociedad- salvo las honrosas excepciones que nos salvan- bocanadas de individuos, de obreros, oficinistas, profesionales, todos mediocres que no se superaron a sí mismos, que no responden con trabajos acordes a nuestras necesidades; ser bien atendidos en un caso médico, ser asesorados en una situación injusta, contar con la guía necesaria para que cualquier actividad que nos es ajena, sea desarrollada correctamente.


Como resultado y causa- todo a la vez- de los males que sufrimos como pueblo, cada uno de nosotros mismos, debido a que se han poblado indiscriminadamente los puestos de conducción con acomodados, ñoquis, amigos, seguidores políticos, nos encontramos con superabundancia de empleados de toda jerarquía que son, la mayoría, incapaces, gentes de escasa idoneidad, poco criterio, corto punto de vista y proyección, y que esa es la razón por la que se pierden oportunidades de sacar a instituciones, al país mismo, del terreno cenagoso en que se encuentra.


Como vemos al solo intento de reflexionar sobre un tema tan vital; nos enfrenta a una triste realidad creada por todos los argentinos . Así lo indica la observación de las tareas tan poco significativas, tan escasas de reales aportes, de directivos, ministros, funcionarios y sobre todo de los que se erigen en líderes del país. Ellos mismos, los conductores, muestran un desempeño por demás mediocre, irrelevante, y hasta muy dañino y contrario a los requerimientos de una sociedad que necesita crecer.


¿Podremos mejorar esta situación? Hagamos algo. Intentemos mejorar la calidad de vida de los argentinos. Haciendo más y mejor. Exigiendo y exigiéndonos. mejores notas en la escuela de la ciudadanía argentina.

* Educadora. Escritora


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