Un día de justicia


El actual feminismo punitivista pregona que los varones son mentirosos, violentos y violadores, mientras que las mujeres son seres angelicales que siempre dicen la verdad.


Hay un tema que ha tenido en vilo a buena parte del planeta. No es ni la Guerra en Ucrania ni las matanzas de niños en las escuelas de EEUU. Es el juicio por difamación mutua entre Johnny Depp y Amber Heard. Tik Tok y Twitter ardieron durante semanas: hubo memes que obtuvieron cientos de miles de FAVs. Ningún otro tema en el siglo XXI ha cosechado en los medios tantas columnas de opinión (y esta que usted está leyendo aporta su granito de arena a esa avalancha). Todo el mundo dijo algo sobre el juicio que sentó en el banquillo de los acusados a dos grandes estrellas de Hollywood. Encima el juicio fue sobre el tema más controversial de nuestra época: el alud de cancelaciones y juicios en contra de hombres reconocidos que siguió a la irrupción del feminismo punitivista (y que en EEUU se conoce como el movimiento Me Too).

Lo llamativo es que fue la primera vez que la inmensa mayoría de las personas (tanto las mujeres como los varones) ven a la parte femenina del caso como la culpable. Esto se sentía aun antes del veredicto del juzgado que, por unanimidad, declaró a Amber Heard culpable de difamación (es decir, de mentir a conciencia sobre el abuso que dijo que había sufrido por parte de Johnny Depp). El público ya estaba en contra de ella; y se puso en su contra porque ella no logró probar sus afirmaciones sobre el abuso que denunciaba.

El actual feminismo punitivista pregona que todos los varones son mentirosos, violentos y violadores, mientras que todas las mujeres son seres angelicales que siempre dicen la verdad y que viven de manera abnegada para hacer del mundo un lugar más vivible. Esa imagen de la mujer-ángel y el varón-demonio que pregona el feminismo actual (en EEUU, en España y en la Argentina) no se destruyó. Pero el fallo -y las manifestaciones públicas de millones de personas en torno a este juicio- han puesto un freno a semejante irracionalidad. Es difícil imaginar que debido a este juicio se pueda soñar con una Justicia totalmente libre de presiones cuando haya un caso en el que una mujer se presente como víctima, pero es posible que ya no sea tan fácil condenar a cada varón acusado sin otra prueba que la declaración de la mujer.

Entre los 60 y comienzo del siglo XXI existió un feminismo que luchó para que las mujeres obtuvieran los mismos derechos que los varones. Fue un movimiento necesario porque en esa época aun las mujeres no tenían plenos derechos: aunque en todas partes ya tuvieran derecho al voto y a ser elegidas, lo cierto es que había trabas de distinto tipo que hacía que muy pocas ocupasen cargos de importancia en las instituciones. Eso cambió totalmente. En la Argentina, por ejemplo, no solo no hay leyes ni barreras fácticas para que las mujeres no puedan tener iguales derechos que los varones, sino que incluso en todas partes hay cupos a favor de las mujeres; incluso en lugares en los que ellas son la mayoría (como en las universidades).

El feminismo de los últimos años, el nacido del Me Too en los EEUU (o del Ni Una Menos, en la Argentina, que es muy similar) no lucha por la igualdad de la mujer (porque ya existe), sino para degradar a los varones. Presenta a las mujeres como víctimas y a los varones como seres que viven abusando de las mujeres. El feminismo punitivista ha impuesto que todo hombre demandado por una mujer sea condenado por la sola denuncia. Cuando los jueces dudan de hacerlo porque no hay pruebas que sostengan esa denuncia son, a su vez, denunciados como machistas y llevados a juicio.

El nuevo feminismo logró que el principio constitucional de presunción de inocencia sea tirado a la basura. Este principio básico de la legalidad occidental es considerado ahora como “patriarcal”: se considera machista que se le pida a una mujer que presente pruebas contra el hombre demandado.

El juicio en que se condenó por difamación a Amber Heard no cambió esta situación. Se seguirá presionando a los jueces para que fallen siempre a favor de lo que el feminismo quiere. Se seguirá cancelando y destruyendo la vida de los varones por la sola denuncia de una mujer. Eso posiblemente no cambiará. Pero el fallo en contra de Amber Heard (que, no olvidemos, es una de las principales voceras del feminismo norteamericano, una de las heroínas del Me Too) ha debilitado la autoridad moral que tenía este movimiento.

La historia es una sucesión de avances y retrocesos que van dejando víctimas inocentes en el camino. Hace medio siglo muchas mujeres no podían acceder a puestos y condiciones de vidas semejantes a los varones. Hemos mejorado: hoy es eso es casi impensable. En los últimos años se impuso condenar a cada varón denunciado, sin darle derecho a defenderse. Ahora muchos varones podrán soñar con tener un juicio justo. Quizá no sea posible aun que se hagan juicios justos, pero ya se ha abierto una ventana para que llegue ese luminoso día de justicia.


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