Orejeando las cartas

La conmoción originada por la aún confusa muerte del fiscal Nisman no detiene la campaña electoral. En la oposición, Macri tomó la iniciativa y espera ahora lo que resuelva la convención radical. Scioli está empecinado en hacer buena letra con el kirchnerismo. Su meta es suceder a Cristina.

Redacción

Por Redacción

DE DOMINGO A DOMINGO

Mientras discurre la exasperante, por lo confusa, investigación por la muerte del fiscal Alberto Nisman, los principales dirigentes políticos han puesto viento en popa hacia la elección presidencial de octubre.

«El proceso democrático es imparable. Habrá borrascas peligrosas, pero los intentos de golpe blando se cayeron el domingo uno de marzo, luego del fallo del juez Daniel Rafecas (desestimando la denuncia por encubrimiento de terroristas, más tarde apelada por el fiscal Gabriel Pollicita) y el fuerte discurso de Cristina, acompañado de una gran movilización popular», refirieron a «Río Negro» diplomáticos que se desempeñan en el Vaticano y tuvieron una reunión privada con la presidenta.

La candidatura más definida en la oposición es la de Mauricio Macri. Se prepara para dirimir en las PASO con «Lilita» Carrió. Captó al moderado peronista no kirchnerista Carlos «Lole» Reutemann como posible compañero de fórmula. Espera, además, que el radicalismo, tras la convención nacional del próximo sábado en Gualeguaychú, introduzca en la lista al presidente de ese partido, Ernesto Sanz, como prolegómeno de una gran coalición para el período 2015-2019.

No todas son rosas. Julio Cobos, apoyado por el alfonsinismo más refractario al macrismo, todavía mantiene sus aspiraciones y se muestra cerca de Margarita Stolbizer, catapultada al primer plano por el socialista Hermes Binner, quien se bajó de la pelea mayor para concentrarse en Santa Fe y tratar de evitar que su agrupación pierda la gobernación frente al cómico de Midachi, Miguel del Sel.

Al tiempo que, objetivamente, se diluyen los apoyos a Sergio Massa, la estrella rutilante de las legislativas del 2013, se mantienen las incógnitas en el Frente para la Victoria, porque Cristina, manteniendo una férrea disciplina interna, no se inclina por nadie en especial, aunque se muestra más a gusto con el desafiante ministro Florencio Randazzo que con el favorito Daniel Scioli.

Tanto en el peronismo estructurado alrededor del PJ y los cuerpos administrativos, como en la disidencia esparcida por doquier, se orejean las cartas. Tanto se le teme a Cristina como se es consciente de que el reloj avanza y que su mandato está en tiempo de descuento.

Alineado (en su último discurso ante la asamblea legislativa bonaerense, elogió las medidas del kirchnerismo y adelantó que no volverá a empezar de nuevo, sino que se parará en el legado de Cristina), Scioli recoge adhesiones y se regodea con el estancamiento de Massa. Sostiene que será beneficioso polarizar con Macri, a quien lo une una amistad personal y familiar.

«Me voy a comer todas las que me tenga que comer hasta que sea presidente», le confió Scioli a un colaborador que frecuenta a kirchneristas de paladar negro como Carlos Kunkel y Diana Conti. Resulta que si bien los jóvenes de «La Cámpora» juran que el liderazgo de Cristina se mantendrá más allá de diciembre, en el peronismo son más pragmáticos y recuerdan los procesos que culminaron con desplazamientos en la cúpula: Eduardo Duhalde colaboró en la caída de Carlos Menem; Néstor Kirchner llegó a la Rosada prohijado por el caudillo bonaerense y después se lo sacó de encima, captando el apoyo de los «barones» del conurbano. Hasta Randazzo, más consustanciado con el relato K, negó en un programa de la televisión pública que su destino sea convertirse en marioneta de nadie si es que alcanza como se propone la primera magistratura.

«En el peronismo, como en el bonapartismo, a rey muerto, rey puesto», repiten primeras líneas encantadas con el mando de Cristina, el desendeudamiento, la disputa con los «fondos buitre» y la recuperación de puestos laborales y el salario real a lo largo de más de una década.

Hay sindicatos, los rebeldes que responden a Hugo Moyano, que planifican un paro de actividades para el 31 de este mes. Lo hacen con poca fuerza, pese a que desde el Ministerio de Economía se dieron señales de que no se modificará la base del impuesto a la cuarta categoría, un reclamo sentido.

Otros sindicatos, los más afines al poder central, sostienen que hay una desaceleración de la inflación y que si este año, en paritarias libres, consiguen recuperar los 2 ó 4 puntos que perdieron en el 2014, se darán más que satisfechos.

«Si me ofrecen 29%, firmo ya sin consultar a las bases», se sinceró el metalúrgico Antonio Caló, al recibir un informe del economista Dante Sica, dando cuenta de que la proyección del aumento de precios para este año será del orden del 23/25%.

En los posicionamientos, sobresale en el Pro la tesitura de Gabriela Michetti, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de mojarle la oreja a Horacio Rodríguez Larreta, el preferido de Mauricio. Todo se hace en armonía y sin gestos autoritarios. Ahora, si «Gaby», como predicen las encuestas, desbanca al pollo de Macri, se fijará metas cada vez más ambiciosas. «Hasta la Rosada no para», augura el ministro de Seguridad porteño Guillermo Montenegro.

Los baches institucionales transitan en las serias diferencias entre el Ejecutivo y el Judicial. Hubo un contrapunto entre Cristina Fernández y el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que puso al desnudo las diferencias por irresueltos casos resonantes, entre ellos los atentados contra la embajada de Israel, en 1992 y la AMIA, en 1994.

«Es tiempo de terminar con la impunidad», clamó en tono sereno Lorenzetti. Cristina, por su parte, cargó las tintas contra «el partido judicial» representado por fiscales como Germán Moldes, quien acaba de ser recusado por el diputado Andrés «Cuervo» Larroque, en la abierta causa por supuesto encubrimiento de terroristas iraníes.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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