Otra vez colapsó la cárcel de Bariloche y peligra la convivencia

Tuvieron que ocupar las celdas de “refugiados” y los “buzones” para alojar a 20 nuevos internos

Redacción

Por Redacción

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Una rápida recorrida por el Penal 3 es suficiente para constatar que la vida carcelaria allí es dura. El edificio es un laberinto de pasillos y celdas, algunas improvisadas, que desnudan falencias de todo tipo. Esos problemas se multiplicaron en los últimos 15 días, porque la población de internos creció y profundizó el drama del hacinamiento. El director del penal, comisario Manuel Poblete, informó que la población carcelaria hasta ayer era de 81 personas. Hay 40 internos condenados y 41 procesados. “En la última quincena se incrementó en 20 internos, de los cuales sólo dos o tres recuperaron la libertad”, indicó. La población carcelaria creció de manera abrupta estos días tras varios procedimientos policiales ordenados por jueces de la ciudad donde hubo varios detenidos. Poblete argumentó que a raíz de ese incremento no es posible cumplir con el fallo del juez Martín Lozada, quien ordenó a finales de diciembre pasado alojar un máximo de 60 internos. Por esa resolución judicial, el Servicio Penitenciario Provincial dispuso en enero traslados de internos a otros penales, pero hubo fuertes quejas de los familiares que exigieron el retorno a Bariloche. La situación forzó a las autoridades a alojar detenidos en los llamados “buzones” y en las celdas 19 y 20, que no tienen contacto con los pabellones ni acceso al patio. Allí se aloja normalmente a los “refugiados”, internos que no pueden convivir con los otros detenidos por el riesgo de un enfrentamiento. El director explicó que hay grupos antagónicos que tienen diferencias fuera del penal, pero que cuando son detenidos, las reproducen dentro de la cárcel, lo que obliga a distribuirlos de manera que no tengan contacto. A la compleja realidad hay que sumar la adicción que sufren muchos internos, a quienes “el período de abstinencia se les hace muy difícil” en el penal. Señaló además Poblete que la falta de personal penitenciario se padece más cuando hay mayor población de internos. El Penal 3 tiene unos 60 empleados, pero en los pabellones son mucho menos los que trabajan. Los problemas de infraestructura son constantes, sobre todo, con las cloacas que se tapan cuando arrojan allí botellas con “pajarito” (bebida alcohólica casera), ropa y hasta pedazos de colchones.


SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Una rápida recorrida por el Penal 3 es suficiente para constatar que la vida carcelaria allí es dura. El edificio es un laberinto de pasillos y celdas, algunas improvisadas, que desnudan falencias de todo tipo. Esos problemas se multiplicaron en los últimos 15 días, porque la población de internos creció y profundizó el drama del hacinamiento. El director del penal, comisario Manuel Poblete, informó que la población carcelaria hasta ayer era de 81 personas. Hay 40 internos condenados y 41 procesados. “En la última quincena se incrementó en 20 internos, de los cuales sólo dos o tres recuperaron la libertad”, indicó. La población carcelaria creció de manera abrupta estos días tras varios procedimientos policiales ordenados por jueces de la ciudad donde hubo varios detenidos. Poblete argumentó que a raíz de ese incremento no es posible cumplir con el fallo del juez Martín Lozada, quien ordenó a finales de diciembre pasado alojar un máximo de 60 internos. Por esa resolución judicial, el Servicio Penitenciario Provincial dispuso en enero traslados de internos a otros penales, pero hubo fuertes quejas de los familiares que exigieron el retorno a Bariloche. La situación forzó a las autoridades a alojar detenidos en los llamados “buzones” y en las celdas 19 y 20, que no tienen contacto con los pabellones ni acceso al patio. Allí se aloja normalmente a los “refugiados”, internos que no pueden convivir con los otros detenidos por el riesgo de un enfrentamiento. El director explicó que hay grupos antagónicos que tienen diferencias fuera del penal, pero que cuando son detenidos, las reproducen dentro de la cárcel, lo que obliga a distribuirlos de manera que no tengan contacto. A la compleja realidad hay que sumar la adicción que sufren muchos internos, a quienes “el período de abstinencia se les hace muy difícil” en el penal. Señaló además Poblete que la falta de personal penitenciario se padece más cuando hay mayor población de internos. El Penal 3 tiene unos 60 empleados, pero en los pabellones son mucho menos los que trabajan. Los problemas de infraestructura son constantes, sobre todo, con las cloacas que se tapan cuando arrojan allí botellas con “pajarito” (bebida alcohólica casera), ropa y hasta pedazos de colchones.

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