Otro sindicalista detenido

Por Redacción

Pasaron más de cuatro meses entre el asesinato de un joven militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, y la detención del jefe vitalicio de la Unión Ferroviaria, José Pedraza. Aunque la larga demora podría atribuirse a la lentitud que es típica de la Justicia en nuestro país y a lo difícil que pudo haber sido averiguar ciertos hechos relacionados con la causa, muchos darán por descontado que se debió a factores políticos. Si bien han fracasado los intentos de los interesados en otorgar a los sindicalistas “fueros” parecidos a aquellos que sirven para proteger a legisladores y gobernantes, nadie pensaría en subestimar la capacidad de los líderes de lo que llaman el “movimiento obrero” para obligar a la Justicia a respetar la impunidad que creen merecer. No sorprendió, pues, que la detención de Pedraza se viera seguida por paros en diversas líneas ferroviarias y algunas manifestaciones callejeras de apoyo al reo. Con todo, motivó alivio el escaso interés de la CGT en repetir la reacción corporativista escandalosa de un par de semanas atrás cuando, alarmada por la detención del ruralista Gerónimo Venegas improvisó una declaración en la que repudió “un ataque a las instituciones”, sin duda por entender algunos firmantes que ellos también podrían compartir la suerte de un compañero arrestado por su presunto vínculo con “la mafia de los medicamentos”. Asimismo, en aquella oportunidad existían fuertes sospechas de que el juez Norberto Oyarbide había ordenado la detención de Venegas con el propósito de salpicar a dirigentes opositores como el ex presidente interino Eduardo Duhalde. En el caso de Pedraza, las eventuales connotaciones políticas son distintas. Según quienes se suponen enterados de las vicisitudes de la interna gubernamental, la fracción más comprometida con “la profundización del modelo” setentista mira con buenos ojos la detención del ferroviario mientras que la calificada de pragmática se siente preocupada, ya que prefiere dejar las cosas como están y seguir colaborando con los representantes permanentes del viejo sindicalismo peronista. Sea como fuere, el que por fin se haya ordenado el arresto de un personaje que, como tantos otros, parecía tomar por algo meramente anecdótico el uso de armas de fuego en una refriega sindical es muy positivo. Desde hace muchos años, demasiados sindicalistas están acostumbrados a creer que han adquirido el derecho a comportarse como gánsteres, rodeándose de matones que no vacilan en emplear la violencia contra quienes cuestionan su liderazgo. Pedraza dista de ser el único sindicalista peronista que, como en los años setenta, se supone en guerra con la izquierda extrema y por lo tanto facultado para emplear cualquier medio para oponérsele, pero felizmente para todos el país ha cambiado bastante en las décadas últimas y la mayoría no está dispuesta a tolerar el asesinato de militantes. El sindicalismo peronista, virtualmente institucionalizado merced a leyes de origen fascista, no ha evolucionado con el resto del país. A pesar de todo cuanto ha sucedido en el ínterin, abundan los jefes que se mantienen en sus puestos durante 20 años o más, confiados en que seguirán ocupándolos hasta que la biología los obligue a abandonarlos. Se trata de una oligarquía al parecer inamovible. El último esfuerzo serio por reformarlo fue emprendido a inicios de su gestión por el presidente Raúl Alfonsín, pero luego de sufrir una derrota parlamentaria tuvo que resignarse a tratar de convivir con quienes procurarían socavar su gestión organizando una serie de paros generales. Aunque por motivos ideológicos el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no quiere mucho a los veteranos “derechistas” que dominan la CGT, lo mismo que el de su marido ha optado por tratarlos como aliados valiosos, colmándolos de favores de todo tipo, entre ellos medidas que han ayudado a los líderes a aumentar sus ya abultados patrimonios personales, pero parecería que por lo menos algunos sectores gubernamentales quieren reanudar la campaña histórica contra “la burocracia sindical”. Sin embargo, no les será del todo fácil impulsar cambios, si esto es lo que se han propuesto hacer. El poder de fuego, por decirlo así, de la CGT sigue siendo notable, sobre todo en un año electoral en que la inflación, agravada por la puja salarial que ya está en marcha, podría desempeñar un papel decisivo.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 24 de febrero de 2011


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