Pa’que bailen con el Sexteto Milonguero

Una milonga clásica que se propone rescatar el baile.

Redacción

Por Redacción

Eduardo Rouillet

Tras su presentación en Viedma, el Sexteto Milonguero subirá al escenario del Centro Municipal de Arte, Tucumán 1135 de Roca, este sábado. La formación, creada en el 2006, abarca un repertorio escuchado en las milongas porteñas, de diferentes orquestas de la década del 40. La meta, no dejar que el tango se aleje del barrio, de los bailarines, de lo popular… La integran Marisol Canessa y Gustavo Garay en violines, el bandoneonista Mauricio Jost, Juan Rivero en piano, el contrabajista Cristian Sepúlveda y la voz de Javier Di Ciriaco. Poco antes de la presentación, Di Ciriaco, dialogó con “Río Negro” en su casa porteña. “Con el tiempo, a nuestro repertorio, se fueron sumando temas de folclore y también propios, que quedaron registrados en el último compacto salido hace dos meses, junto a versiones de clásicos viejos de los 40. En esos años, hubo orquestas que se escucharon más que otras… Y nosotros, cuando arrancamos, quisimos hacer hincapié en las que no tuvieron la gran repercusión de (Juan) D’Arienzo, por ejemplo. Nos abocamos a (Carlos) Di Sarli, (Rodolfo) Biagi, (Osvaldo) Fresedo, las de Enrique Rodríguez, Alfredo Malerba y Aníbal Troilo. –De chico me colé en un baile de carnaval, en Bragado, mi pueblo, y me impresionó ver cómo los directores de esas orquestas manejaban el pulso del público. –Quizá, algunos artistas lo hacían visceralmente, otros porque estructuraban una rutina. Es un tema muy interesante… Yo creo que hubo una brecha en la que se cortó eso, el diálogo con la gente. Algunos músicos se cansaron de tocar en lugares bailables, se quejaban de que no los escuchaban o no les prestaban la debida atención. Se armó un hueco y las milongas, también por una cuestión económica, recurrieron a los discos, a las grabaciones. Pero también se perdió ese manejo del tiempo que recordabas. Para mí era importantísimo. Siempre fue así en el Sexteto, un ensamble que toca en vivo para que la gente baile. Todos nosotros milongueamos y sabemos, entendemos, por decirlo de alguna manera, lo que allí sucede. Entonces, prestamos mucha atención y si vemos que no muchos salen a bailar, cambiamos un tema u otro. –Tu acento delata que no sos porteño. –Soy de Córdoba (sonríe Javier, 39). Siempre digo –y no como provinciano; hace trece años que vivo en Buenos Aires– que me vine porque acá está la gran movida, la cocina, donde hay muchas propuestas, muchas orquestas, músicos, bailarines. Después de tantas décadas, el tango, sin dejar de ser de acá, sin que Buenos Aires deje de ser su cuna, se ha establecido en tantísimos lugares. Es muy fuerte lo que ha sucedido con el tango. Yo creo que en vez de ponerse uno a defender el localismo, debemos sentir orgullo por el modo en que ha trascendido en todo el planeta. Cuántos músicos de aquella década del 40 eran también provincianos y se radicaron en la capital por amor a este género. La comunidad tanguera es enorme, con gente de nuestras provincias, de Latinoamérica y del mundo. Así como yo vine de Córdoba, por esa necesidad de crecer, de seguir avanzando en esta carrera, en el grupo hay un misionero, el bandoneonista (Mauricio Jost), el contrabajista (Cristian Sepúlveda) es chileno. ¡Mirá vos!”


Eduardo Rouillet

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar