“Paro general y patoterismo sindical”
Un nuevo paro general acaba de transcurrir y la pregunta que siempre me hago es: ¿A quién beneficia? El gremialismo patoteril piensa que los sueldos del país lo pagan las grandes empresas o el Estado en todas sus expresiones, pero se equivocan, los pequeños emprendedores, esos que tenemos a lo sumo una docena de trabajadores, que debemos generar su salario día a día, somos los principales empleadores del país, a los que el gobierno tiene abarrotados de feriados nacionales, feriados puente, presiones impositivas, etc., y encima le ofrecemos protestar no trabajando, no generando ingresos con los que mantener nuestras pequeñas estructuras. Señores gremialistas, habría que buscar otra manera, para no perjudicar a quienes quieren y necesitan trabajar. Encima en la región estamos soportando las catástrofes climáticas que han hecho que los ingresos se reduzcan más allá de lo que la propia retracción del mercado indica. El problema no se arregla no trabajando, por el contrario, ya hay mucha gente que lamentablemente no trabaja por distintas razones como para que burócratas enriquecidos, enquistados en la dirigencia, creyendo que descubren el agujero del mate, llamen a no trabajar, obligando a parar, porque el transporte público –era público en otras épocas, porque en Neuquén si no posees una tarjeta, no viajás– no funcionó. Hay muchas cosas para reclamarle a este gobierno, desde su dirigencia extremadamente corrupta hasta el despilfarro económico que han hecho tras la aparición explosiva del yuyo maldito (llámese soja). Pero para tratar de ser mejor hay que obrar con inteligencia, con audacia, y no de la mano de saltimbanquis a los que les da lo mismo estar de un lado o del otro de la política y encima se consideran luchadores por la justicia social. Ser razonable es parte del consenso y los paros laborales a lo largo de mi existencia. Desde que en mi época de estudiante en la década del setenta trabajaba en una metalúrgica muy importante de la ciudad de Buenos Aires hasta hoy, que formo parte de una pequeña sociedad familiar, los paros generales, en su mayoría, fueron luchas políticas para posicionamiento de sindicalistas que poco sirvieron para sus afiliados. Se definen como abanderados de luchas populares que en realidad son impuestas, porque, como siempre, la mayoría silenciosa no entiende ni comparte. Alberto Guglielmetti DNI 7.688.207 Neuquén
Alberto Guglielmetti DNI 7.688.207 Neuquén
Un nuevo paro general acaba de transcurrir y la pregunta que siempre me hago es: ¿A quién beneficia? El gremialismo patoteril piensa que los sueldos del país lo pagan las grandes empresas o el Estado en todas sus expresiones, pero se equivocan, los pequeños emprendedores, esos que tenemos a lo sumo una docena de trabajadores, que debemos generar su salario día a día, somos los principales empleadores del país, a los que el gobierno tiene abarrotados de feriados nacionales, feriados puente, presiones impositivas, etc., y encima le ofrecemos protestar no trabajando, no generando ingresos con los que mantener nuestras pequeñas estructuras. Señores gremialistas, habría que buscar otra manera, para no perjudicar a quienes quieren y necesitan trabajar. Encima en la región estamos soportando las catástrofes climáticas que han hecho que los ingresos se reduzcan más allá de lo que la propia retracción del mercado indica. El problema no se arregla no trabajando, por el contrario, ya hay mucha gente que lamentablemente no trabaja por distintas razones como para que burócratas enriquecidos, enquistados en la dirigencia, creyendo que descubren el agujero del mate, llamen a no trabajar, obligando a parar, porque el transporte público –era público en otras épocas, porque en Neuquén si no posees una tarjeta, no viajás– no funcionó. Hay muchas cosas para reclamarle a este gobierno, desde su dirigencia extremadamente corrupta hasta el despilfarro económico que han hecho tras la aparición explosiva del yuyo maldito (llámese soja). Pero para tratar de ser mejor hay que obrar con inteligencia, con audacia, y no de la mano de saltimbanquis a los que les da lo mismo estar de un lado o del otro de la política y encima se consideran luchadores por la justicia social. Ser razonable es parte del consenso y los paros laborales a lo largo de mi existencia. Desde que en mi época de estudiante en la década del setenta trabajaba en una metalúrgica muy importante de la ciudad de Buenos Aires hasta hoy, que formo parte de una pequeña sociedad familiar, los paros generales, en su mayoría, fueron luchas políticas para posicionamiento de sindicalistas que poco sirvieron para sus afiliados. Se definen como abanderados de luchas populares que en realidad son impuestas, porque, como siempre, la mayoría silenciosa no entiende ni comparte. Alberto Guglielmetti DNI 7.688.207 Neuquén
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