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«Pase maestro, lo estábamos esperando»: el primer show de Charlie Watts con los Rolling Stones

El 14 de enero de 1963, el baterista tocó por primera vez con Los Rolling Stones. Apenas cinco días antes les había dicho finalmente que sí, tras meses de espera por una respuesta afirmativa.





A comienzos de 1962, The Beatles tenía todo listo para grabar su primer disco. En cambio, The Rolling Stones aún tenían asuntos pendientes con su formación. Por caso, encontrar un baterista. En rigor de verdad, ya lo habían encontrado. Era Charlie Watts.  

Miembro de la Blues Incorporated de Alexis Korner, banda de la también fue parte el Stone original Brian Jones, Watts estaba muy en otra, al menos muy en otra respecto de Jagger, Richards y el mencionado Jones, núcleo duro stone.  

De muy buen vestir y dedicado al diseño, el baterista solo estaba interesado en ser músico de jazz. El rock, en cambio, no le interesaba para nada. Hasta que a mediados de 1962 conoció a los muchachos. Pero, sobre todo, los muchachos lo conocieron a él.  

Una vez fuera Tony Chapman, primer baterista comprobable de Los Rolling Stones, la banda se puso en campaña para encontrar rápidamente su reemplazo. Fue así que Jones recordó a su viejo compañero de la Blues Incorporated, se lo mencionó a Mick y a Keith y allí fueron, los tres, a ver a su futuro baterista. Pero la cosa no resultaría tan sencilla. 

Charlie Watts no estaba para nada interesado en formar una banda de rock, pero la insistencia de los chicos –porque los tres eran más chicos- y las concesiones a las que accedieron para que se incorporara. Entre ellas, cobrar por show y que le permitieran elegir su vestuario. También porque le seducía ese salto al vacío que significaba unirse a una banda como esa. 

Así fue que, tras varios meses de espera, el baterista firmó contrato con Los Rolling Stones. Eso sucedió el 9 de enero de 1963. Cinco días después, el 14 de enero, la banda dio su primer show con Charlie Watts como baterista. Fue en el Flamingo Jazz Club del Soho londinense. Y fue, por supuesto, el primer show de una formación -Jagger, Richards, Jones, Wyman y Watts- que se mantuvo estable hasta la muerte de Brian Jones, en 1969.  

Pero no fue hasta junio de 1963 que Los Rolling Stones pudieron entrar por primera vez a un estudio para grabar su primer single, “Come On”. Para entonces, ya estaban en manos de un pibe muy ambicioso y con ganas de hacerse un lugar en el mundo, y si ese mundo era el del rock y la moda, mejor. Ese pibe era Andrew Loog-Oldham. Así recordó el manager, en su autobiografía “Rolling Stoned” (Reservoir Books, 2011), la impresión que le causó Watts cuando lo conoció: 

“El baterista parecía haber sido transportado por un rayo y daba la impresión de no escuchárselo tanto como se lo sentía. Yo disfrutaba la presencia que aportaba al grupo, así como su forma de tocar. A diferencia de los otros cinco (N. De la R.: incluyó a Ian Stewart, según Oldham el verdadero sexto Stone), que no tenían saco, él tenía los dos botones superiores del suyo meticulosamente abrochados por sobre una pulcra camisa de cuello con botones y una corbata, conjunto indiferente a la temperatura de la sala. Tenía el cuerpo detrás del set de batería y la cabeza girada a la derecha, con un distante y calculado desdén hacia la exhibición de manos que se agitaban a 78RPM frente a él. Estaba con los Stones, pero no era ‘de’ ellos (…) como si hubiera sido transportado solo por esa noche desde el Ronnie Scott’s o el Birdland. Era el único, el eterno hombre de su propio mundo, caballero del tiempo, del espacio y el corazón. Su raro talento musical es una expresión de su mayor talento para la vida. Había conocido a Charlie Watts”. 


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