“Patagonia”

Redacción

Por Redacción

El extenso territorio al sur del río Colorado, constituido por cerros, estepas y mesetas, se consolidó como parte de Argentina a finales del siglo XIX con la incursión del Ejército comandado por el general Julio Argentino Roca, que desalojó a los mapuches trashumantes que lo ocupaban. Éstos no tenían el sentido de pertenencia de la tierra, sólo la habitaban como si fuera parte de ellos naturalmente. Son oriundos de Chile y el similar desarrollo cultural con los pehuenches, habitantes de estas regiones, y el fácil acceso a través de la cordillera habría facilitado la integración. La ganadería de origen europeo introducida en territorio rioplatense fue, entre otros, motivo de su expansión hacia el este, donde se consolidaba el espíritu criollo. Los grandes centros en desarrollo, bajo la enseña patria, la Constitución, el himno nacional, el idioma y el deseo de consolidarse en nueva nación definían los límites de su dominio circunscripto hasta entonces a la llanura pampeana, Cuyo y el norte, de Jujuy a la Mesopotamia. La Patagonia, con población no nativa muy reducida, quedaba lejos y constituía una tentación para terceros que la miraban con ambición para ocuparla y establecerse. Los extranjeros desde antaño vislumbraron posibilidades de inversión sin descartar la idea de la toma de posesión de la enorme región. En el último cuarto del siglo XIX la dirigencia nacional actuó oportunamente para consolidar nuestro territorio hasta el extremo sur. La incorporación territorial con población nacional fue gradual y su concreción hay que atribuirla a la actividad de YPF y en menor medida a los asentamientos del Ejército, a los salesianos y a esfuerzos individuales como el del Perito Moreno. El crecimiento poblacional fue y es a ritmo muy lento, no obstante que el lejano y feraz territorio es un importante proveedor de energía que es transportada hasta los grandes centros urbanos. La devolución en sentido contrario es mínima, imperando sólo postergación. Grandes extensiones de ese territorio fueron cedidas inicialmente para la explotación de la ganadería, sin control económico ni social al propio arbitrio de ocupantes durante décadas. La tendencia continúa con el agravante de que se hacen propietarios de cientos de miles de hectáreas de las mejores zonas a precio vil, lo que incluye la cordillera dotada de los mejores paisajes con valiosos bosques y enormes espejos de agua de origen glaciar. Ésta por sí sola constituye una reserva de inconmensurable valor, además del encanto turístico de toda la región y la minería. Una bibliografía actual y muy ilustrativa la constituyen “Tierras SA: Crónicas de un país rematado”, de Andrés Klipphan y Daniel Enz –Ed. Aguilar– y “La Patagonia vendida: Los nuevos dueños de la tierra”, de Gonzalo Sánchez –Ed. Marea–. Son interesantes obras a las que hay que remitirse para conocer los detalles de los principales hechos relacionados con lo afirmado en el párrafo anterior. Los citados autores ponen de manifiesto la actitud de los inversores extranjeros so pretexto de protección del recurso ambiental. Tal vez sean realmente benefactores, pero lo cierto es que hacen operaciones de gran significancia y magnitud que no se observa por parte de argentinos. La Patagonia crece con dificultad, en correlato con la anomia de gobiernos y ciudadanos que aún no logramos asumir la importancia de la vasta región. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén


El extenso territorio al sur del río Colorado, constituido por cerros, estepas y mesetas, se consolidó como parte de Argentina a finales del siglo XIX con la incursión del Ejército comandado por el general Julio Argentino Roca, que desalojó a los mapuches trashumantes que lo ocupaban. Éstos no tenían el sentido de pertenencia de la tierra, sólo la habitaban como si fuera parte de ellos naturalmente. Son oriundos de Chile y el similar desarrollo cultural con los pehuenches, habitantes de estas regiones, y el fácil acceso a través de la cordillera habría facilitado la integración. La ganadería de origen europeo introducida en territorio rioplatense fue, entre otros, motivo de su expansión hacia el este, donde se consolidaba el espíritu criollo. Los grandes centros en desarrollo, bajo la enseña patria, la Constitución, el himno nacional, el idioma y el deseo de consolidarse en nueva nación definían los límites de su dominio circunscripto hasta entonces a la llanura pampeana, Cuyo y el norte, de Jujuy a la Mesopotamia. La Patagonia, con población no nativa muy reducida, quedaba lejos y constituía una tentación para terceros que la miraban con ambición para ocuparla y establecerse. Los extranjeros desde antaño vislumbraron posibilidades de inversión sin descartar la idea de la toma de posesión de la enorme región. En el último cuarto del siglo XIX la dirigencia nacional actuó oportunamente para consolidar nuestro territorio hasta el extremo sur. La incorporación territorial con población nacional fue gradual y su concreción hay que atribuirla a la actividad de YPF y en menor medida a los asentamientos del Ejército, a los salesianos y a esfuerzos individuales como el del Perito Moreno. El crecimiento poblacional fue y es a ritmo muy lento, no obstante que el lejano y feraz territorio es un importante proveedor de energía que es transportada hasta los grandes centros urbanos. La devolución en sentido contrario es mínima, imperando sólo postergación. Grandes extensiones de ese territorio fueron cedidas inicialmente para la explotación de la ganadería, sin control económico ni social al propio arbitrio de ocupantes durante décadas. La tendencia continúa con el agravante de que se hacen propietarios de cientos de miles de hectáreas de las mejores zonas a precio vil, lo que incluye la cordillera dotada de los mejores paisajes con valiosos bosques y enormes espejos de agua de origen glaciar. Ésta por sí sola constituye una reserva de inconmensurable valor, además del encanto turístico de toda la región y la minería. Una bibliografía actual y muy ilustrativa la constituyen “Tierras SA: Crónicas de un país rematado”, de Andrés Klipphan y Daniel Enz –Ed. Aguilar– y “La Patagonia vendida: Los nuevos dueños de la tierra”, de Gonzalo Sánchez –Ed. Marea–. Son interesantes obras a las que hay que remitirse para conocer los detalles de los principales hechos relacionados con lo afirmado en el párrafo anterior. Los citados autores ponen de manifiesto la actitud de los inversores extranjeros so pretexto de protección del recurso ambiental. Tal vez sean realmente benefactores, pero lo cierto es que hacen operaciones de gran significancia y magnitud que no se observa por parte de argentinos. La Patagonia crece con dificultad, en correlato con la anomia de gobiernos y ciudadanos que aún no logramos asumir la importancia de la vasta región. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén

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