¿Patria grande o bipolaridad sudamericana?
Geopolítica
La idea de la bipolaridad tiene dos acepciones conocidas: una, proviene de la psiquiatría y la otra, de la geopolítica. En los humanos el trastorno bipolar es una patología de la psiquis y en política internacional refiere a la interacción entre dos Estados, generalmente, poderosos.
En materia geopolítica, América del Sur presenta una bipolaridad de rasgos originales. Es una bipolaridad sorda -aunque suelen oírse ruidos y verse furias- de larga data y alta complejidad. No son dos países o potencias los que confrontan; se oponen dos proyectos históricos.
Se trata de una desemejanza cultural. Es un estadio diferencial en su génesis y en el desarrollo posterior de la Sudamérica de origen hispánico y la de matriz portuguesa.
Hacia fines del siglo XV España recibe de manos de Cristóbal Colón un inmenso regalo. El descubrimiento europeo del mundo americano pone sobre la mesa de poder de las Coronas de Castilla y Aragón la mayor oferta de tierras y riquezas a la que accedió el Imperio español en su historia. Fue como un enorme premio al esfuerzo de la reconquista.
Portugal conoció, previamente, el proyecto del navegante genovés dado que Colón ofreció sus servicios al rey de Portugal antes que al monarca español. Y a la vuelta de su primer viaje, el “Almirante de la Mar Océana” se vio forzado, por una serie de tormentas, a recalar en Portugal. Este contratiempo obligó a Colón a informar al rey de ese país -reservándose algunos datos- los motivos y resultados del viaje.
La reacción de los portugueses ante esta nueva realidad fue rápida y contundente. Gracias a la mayor experiencia marítima que poseían -España acababa de ser reunificada por Castilla, un reino mediterráneo y pastoril- organizaron una importante escuadra, cruzaron el Atlántico y descubrieron Brasil en 1500. En 1532 fundaron San Vicente, la más antigua ciudad brasileña y en 1535, Olinda que pronto se convirtió en la capital de la colonia portuguesa en Brasil.
Posteriormente (1556) los lusos llegaron a Macao (China) creando el primer asentamiento europeo en el extremo Oriente.
La conquista simultánea de América del Sur por España y Portugal generó competencia y enfrentamientos entre ambos reinos. La Línea de Tordesillas, (1494) divisoria de ambas zonas de conquista, fue siempre corrida hacia occidente, primero por los portugueses (bandeirantes) luego por Brasil (interiorizaçäo). Esta política, consolidada por el Barón de Río Branco a principios del siglo XX y definida como “La marcha hacia el Oeste”, tuvo su coronación al erigirse la capital, Brasilia (1960) en la altiplanicie central brasileña.
A todo esto, España recién envió su primera expedición importante en 1536, que llegó maltrecha al Río de la Plata. La comandaba Pedro de Mendoza, quien fracasó en esa primera fundación de Buenos Aires.
El enorme vientre continental brasileño se proyectó sobre el Atlántico y avaló lo dicho por el general Golbery (Geopolítica del Brasil): “La geografía confirió a la costa brasileña y a su promontorio nordestino casi el monopolio del Atlántico sur”. La forma de este abdomen terrestre recuerda a su machihembrado con África.
La masiva incorporación a Brasil de la “negritud” transformó ese país para siempre. El término “negritud”, concebido por Léopold Sédar Senghor (1906-2001), poeta y primer presidente de Senegal, no alude a una mera cromaticidad de la epidermis, sino a un abarcador concepto cultural de lo africano.
Los perfiles, dimensiones y proporciones de los componentes de la población brasileña establecen precisas diferencias con el resto de los países sudamericanos. En su último censo, Brasil se muestra como el país más negro y el menos indígena de América del Sur. Algo más de la mitad de su población -más de 100 millones de habitantes ¡nada menos!- es de origen africano y mulato, y los aborígenes representan el 0,5% de sus habitantes.
Y, simultáneamente, “el país tropical” tiene en su frontera oeste a los dos países con la mayor proporción de población indígena de América de Sur: Bolivia 62% y Perú 24%, ambos con escasa y diluida presencia afroamericana.
La diferencia idiomática hace más precisa esa separación: hacia el norte, el oeste y el sur se habla castellano y en el centro, portugués.
El brasileño ya no se siente excluido por el idioma, abandonó su otrora famoso “portuñol” y ahora habla portugués o inglés, fuera de su país.
Brasil dejó atrás su aislamiento y pasó a ser el centro radial -concéntrico- de Sudamérica. A excepción de Ecuador, todos los países del subcontinente tienen frontera común con Brasil.
Los procesos independentistas marcaron mayores diferencias aún. Los países de matriz hispánica se independizaron al romper y enfrentarse con la metrópoli. Brasil no sólo no quebró su relación con Portugal sino que fue recipiendario del luso poder. Y el talante imperial heredado resurgió en tierra americana.
La tracción que ejercen, en opuestos sentidos, los océanos que enmarcan a América del Sur proyecta hacia el Atlántico sur a Brasil y a Oriente, a los países de la costa pacífica.
Las alianzas definieron con claridad la conducta y la esencia de cada país. La Argentina fue titubeante durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y al final de la contienda declaró la guerra al Eje. Brasil, a solicitud de su gran aliado nórdico, participó decididamente en la guerra con su Fuerza Expedicionaria Brasileña. Estados Unidos premió a su asociado sudamericano instalando la acería de Volta Redonda, con lo que reforzó el perfil industrial brasileño.
Perón, a mediados del siglo pasado, trató de establecer una alianza con Brasil y Chile, en el marco de ese armado ideológico llamado “Patria Grande”. La historia y la realidad se impusieron y el presidente argentino fracasó luego de proveer a los presidentes, Ibáñez del Campo y Getúlio Vargas, de ingentes recursos para que pudieran acceder al poder.
En la década del 90 reapareció la ambivalencia argentina. Se establecieron “relaciones carnales” con Estados Unidos y pocos años después, el kirchnerismo confrontó con Norteamérica y armó una suerte de “ménage à trois” con China y Rusia.
La firmeza y estabilidad de la alianza entre Brasil y Estados Unidos es, también, reflejo de la conducta portuguesa. Portugal e Inglaterra mantienen la coalición más antigua (1373) que existe.
En este escenario, entrecruzado por dominios, aparece la semántica como expresión escrita de lo que pretende cada poder. España genera términos como “Hispanoamérica” o “Iberoamérica” para seguir teniendo influencia sobre sus excolonias; Francia compensa su escaso poder militar apelando a lo literario: crea el término “Latinoamérica”. Sólo la lucidez y el desprejuicio de Borges advirtieron que este invento galo no refleja la realidad.
Pero no sólo en Europa se crean palabras con intenciones geopolíticas. En el Cono Sur, en la estrechura abarcada por la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, los araucanos se autodenominan “mapuches” para cohonestar su expansionismo patagónico.
Brasil cumplió la primera fase de su desarrollo geopolítico al lograr “la posición de mayor potencia sudamericana” (general de Meira Mattos) y se dirige, más allá de sus avatares políticos circunstanciales, a hacer valer globalmente su poder.
Para transformarse en potencia mundial nuestro vecino lleva adelante una formidable política de rearme. En los próximos años, mediante acuerdo con Francia, su Armada dispondrá de cinco submarinos de propulsión nuclear y veinte nuevos de impulso tradicional. Y el reciente convenio con Suecia le permitirá tener una de las mejores flotas aéreas de combate del mundo.
A pesar de la creciente anomia del Mercosur, el kirchnerismo insiste en la ideología de la “Patria Grande”: “tenemos que aligerar las fronteras” le dice, irresponsablemente, Cristina a Bachelet; la Argentina desarrolla una política industrial, en realidad un armado de autos, dependiente de Brasil desde ciertas autopartes hasta la colocación del producto terminado. Supeditación que afecta, también, a otras industrias y a las economías regionales.
LAN hace acuerdos estratégicos con TAM, lo que permite a la aerolínea chilena disponer de la inmensa plataforma brasileña para proyectarse al Atlántico y a la compañía brasileña disponer de la base chilena para penetrar en la inmensidad del Pacífico. Esta alianza posibilita a ambas aerolíneas señorear los cielos sudamericanos. Argentina adopta a Embraer como principal proveedor aeronáutico. Esta sujeción a la aeronáutica brasileña puede trasladarse al plano militar cuando Suecia construya en Brasil su fábrica de aviones de combate.
Si los prejuicios ideológicos del kirchnerismo siguen manejando la política exterior, la Argentina va camino a ser el gran “patio trasero” de Brasil.
Héctor Landolfi
Exdirectivo de la industria editorial argentina
Héctor Landolfi