Pedro Smekal da vida a los tulipanes en su chacra de Bariloche

Llegó de Austria a la Península San Pedro. Se fue a Holanda para aprender a cultivar estas flores de belleza única pero a la vez efímera: solo un puñado de semanas se puede disfrutar de este espectáculo de colores.




Pedro Smekal tiene su campo de tulipanes en la Península San Pedro de Bariloche. Foto: Alfredo Leiva

Pedro Smekal tiene su campo de tulipanes en la Península San Pedro de Bariloche. Foto: Alfredo Leiva

Con la llegada de la primavera, los colores invaden la Chacra Danubio, en un rincón de la Península San Pedro, a 20 kilómetros del centro de Bariloche. Miles de tulipanes florecidos, dispuestos en prolijas hileras de los más diversos colores y combinaciones, se convierten en un paseo para familias que no dejan de tomar fotografías.

“Más que el trabajo en el campo, en esta época resultan cansadoras las visitas que no se conforman con ver y elogiar. Preguntan de todo. Los vecinos de la Península terminan siendo guías de la gente que viene a la chacra”, se sincera Pedro Smekal, un austríaco de 74 años que nació muy cerca de Salzburgo y desembarcó en Argentina con sus padres, cuando tenía dos años y medio.

De todos modos, sabe que las visitas se extienden solo por un par de semanas. “Pasa muy rápido el ciclo de los tulipanes”.

Mi abuela fue mi mentora. Tenía un jardín hermoso con más de 2.000 tulipanes y me trasladó su pasión. No lo hacía por trabajo, sino por placer. Siendo muy chico, me enseñó los nombres de las plantas en latín. De ahí nació mi semillita por el oficio”, cuenta este hombre a Río Negro, mientras aprovecha para tomar un café ante la ausencia de público.

Pedro Smekal llegó a Austria a la Península San Pedro, donde cultiva tulipanes. Foto: Alfredo Leiva

La guerra y la hambruna en Europa fueron determinantes para que la familia Smekal decidiera probar suerte en Argentina en 1948. En un principio, se establecieron en Monte Grande, provincia de Buenos Aires, donde tenían una granja de gallinas.

En Plaza Constitución, un cartel de Bariloche llamó la atención del padre de Pedro. “Vinimos de vacaciones por primera vez en el 56. Hacíamos camping donde nos agarraba la noche. Había muy pocos caminos asfaltados”, rememora.

El colorido de los tulipanes y otras flores son un atractivo este mes en la chacra de Pedro Smekal. Foto. Alfredo Leiva

La familia compró un predio en Península San Pedro en 1960 y dos años después, adquirieron otras dos fracciones que se convirtieron en lo que hoy es la Chacra Danubio. Pedro se radicó en Bariloche junto a su familia, cuando terminó el secundario en 1964.

En ese entonces, su padre había comprado bulbos de tulipanes de Sudáfrica pero no prosperaron ya que esas variedades “no servían puesto que tenían virus”. Pedro tomó entonces la decisión de viajar a Holanda en barco para aprender sobre el cultivo “en forma más profesional”.

Durante seis semanas, trabajó en el campo de un exportador holandés para aprender los secretos del cultivo de tulipanes. “Estamos hablando de 50 años atrás. Los holandeses ya eran capos en esos años. Estuve como seis semanas trabajando en ese campo, ganándome una platita encima. Me solventaba los gastos de alquiler, me sobraban algunos florines por semana y hacía paseítos en bicicleta”, recuerda.

Pedro asegura que aprendió mucho sobre el aspecto sanitario de los bulbos, “lo más importante. Cuando empezás con los cultivos, se multiplican en forma geométrica. Si al primer año, plantaste 10.000, al segundo año tenías 20.000. Al tercer año en Bariloche, ya empezamos a vender”, señala.

“Como todo productor –añade–, cuando uno no tiene experiencia y tiene un solo producto se lo vende a un mayorista. Por ende, precios bajos y bicicleteos en los pagos. Ahí uno cambia de mentalidad. Decidí diversificar los bulbos para conseguir clientes minoristas”.

En octubre, es un clásico en Bariloche ir a la chacra de la Península San Pedro a comprar tulipanes para el hogar. Foto: Alfredo Leiva

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En la chacra de Península San Pedro, abundan los tulipanes amarillos, los amarillos un poco más oscuros, los amarillos con borde violeta, los naranjas con tonalidades amarillas y los rojos con unos toques naranja. Los colores se entremezclan en el paisaje.

Según Pedro, la gente busca “colores especiales, raros y ahí vienen los problemas”. Atraen en gran medida los tulipanes violetas y los negros pero “no por eso son más bonitos. Son distintos”.

Tulipanes de colores intensos nacen en la Península San Pedro. Foto: Alfredo Leiva

El clima y el espacio son fundamentales para el cultivo. Pero también el cuidado para extraer, por ejemplo, los restos secos de la planta ya que “si se meten esporas de hongos a la tierra, se hace inservible”.

La Chacra Danubio cuenta con caños de drenaje ya que el terreno es mallinoso y en invierno se anega. “Tiene la ventaja de tener mucha humedad; entonces, no tengo que dar riego. Solo hay que controlar el nivel de agua”, dice Pedro. Cuando se le consulta cuántos tulipanes tiene actualmente su campo, responde que “cada vez tiene menos” y recuerda años atrás, “la época de mayor trabajo”, cuando armaba meticulosamente los paquetes para enviar a Rosario, Córdoba y Buenos Aires.

El problema es que por el precio, los tulipanes no son negocio. En Bariloche, las florerías no los quieren porque no son flores caras. Prefieren vender rosas o lirios”, comenta.

Pedro vende cada vara de tulipán a 20 pesos pero si tiene que comprar un bulbo –aclara– le cuesta el doble. “Para vender la flor, hay que extraer un tallo largo y al sacarle dos hojas a la planta, al año próximo, el bulbo sale más chico”, especifica.

Pedro Smekal y su familia cultivan los tulipanes en la chacra de Península San Pedro. Foto. Alfredo Leiva

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