Pero, ¿realmente existe?

Por Redacción

¿Hay un «síndrome de la agenda en blanco», entonces? Por supuesto que no existe como tal, aclara Hazaki, pero el cambio de almanaque suele habilitar, sí, algunos mitos y supersticiones.

Al igual que las «dietas» que comienzan los días lunes para habilitar al descontrol dos o tres día después, enero suele dar lugar a autopromesas, que la mayoría de las veces se ven incumplidas y no conducen más que a la frustración. «Son supersticiones acerca de que 'este año va a ser diferente de los anteriores', pero suelen basarse en promesas que por lo general la gente no cumple».

¿Esto quiere decir que las personas con menos aspiraciones sean quienes mejor la pasan? «Eso no lo sé», responde el psicoanalista, «pero me parece que los que sueñan mucho terminan más vinculados a la insatisfacción que a la posibilidad de realización».

«El problema está en que se prometen más de lo que pueden cumplir, y eso en el fondo lo saben», puntualizó Hazaki.

Hay, por último, una manera «culposa» de vivir las vacaciones. Una manera culposa que puede tener cierto correlato en algunas profesiones donde el trabajo es precario o inestable. Y si bien la persona no sabe si tendrá su fuente de ingresos asegurada en el año que comienza, no tiene más remedio que esperar marzo o abril, cuando la rueda se reanude.

Tal vez la manera de pasarla lo mejor posible -ya que de preocupaciones estériles nadie vive tampoco -sea en principio, entender que hay circunstancias externas que conducen a esa situación, y que la responsabilidad no es sólo de la persona.

Y tomar nota de la propia experiencia: «Aunque no sea la solución del problema, seguramente en su vida esa persona ya ha pasado por alguna experiencia similar y, de alguna manera, lo resolvió».


Exit mobile version