“Perón no quería romper con Montoneros”
Con “La Lealtad. Los Montoneros que se quedaron con Perón” siguen revelándose datos y nuevas interpretaciones sobre una cruda relación.
entrevista: aldo duzdevich
carlos torrengo carlostorrengo@hotmail.com
–Volver al peronismo de la mano de la historia… largo trayecto, ¿no? –Y, como dice Dante Gullo: tenemos el bicentenario de Mayo y dentro de él, 70 años de peronismo. –¿Cómo fungieron, a la hora de escribir, las vivencias que almacenaba la propia militancia suya y la de los otros dos coautores del libro? –Presentes estaban, claro. Y de mil maneras. Pero a fuerza de verdad en cuanto al manejo de fuentes, hubo mucho de aluvional. Es decir, el descubrir ahora –por caso– documentos de Montoneros que estaban a medio reflexionar por la historia o simplemente se desconocían. –¿Documentos correspondientes a qué tiempo de la historia de Montoneros? –Un ejemplo: documentos que hacen a lo que nosotros definimos como la “etapa romántica” de los “montos”, que llega hasta el 73. Nosotros abordamos la historia de Montoneros periodizándola. Una, la “romántica”, por así llamarla. Otra, la que comienza avanzado el 73 y se prolonga hasta finales del 75. Es la etapa del “militarismo”, o sea, la práctica que asume la organización. Y una tercera etapa, que es la del terror del que es blanco. Pero, volviendo a la pregunta, si tomamos la primera etapa uno encuentra que se define por la organización de la lucha armada contra la instaurada con el golpe del 66. Cuando en el 70 emerge Montoneros, se legitima luchando contra ese poder. La unidad estaba en la acción, mandaba la acción. En el interior de la organización no se debate en términos de proyecto político de largo plazo, se lucha. –Pero estaba Perón. Exiliado, pero no es neutro en esa historia de comienzos de los 70… –¡Y cómo estaba! Pero hacia el interior de Montoneros, peleando por su retorno, el debate sobre futuros sentidos de largo alcance de la lucha en la que se estaba comprometido está reducido a planos muy puntuales de la organización. Nuestro libro es, desde ese encuadre, un aporte documentado de mucho de esa “interioridad”, un pasado que ignoran hasta hoy muchos de los militantes y cuadros de aquel tiempo. –En un tramo del libro señalan que no aspiran a entregar versiones definitivas sobre Montoneros. Y acotan que no comparten la teoría del “último Perón malo”… –O del “Perón que traicionó a los jóvenes”, que es un relato largo, denso, en el que coinciden mucha izquierda y derecha. –¿Ese no compartir es lo que alienta el libro? –No, es sí un anuncio fuerte en un marco general de reflexión sobre la relación Perón-Montoneros. Es parte puntual en un todo con muchos “puntuales”. Escribimos en dirección a sembrar matices, dudas sobre mucho del relato establecido sobre ese vínculo. Y, es más: en tren de aspiración de ser leídos, buscamos a los jóvenes de hoy que se interesen sobre aquel fiero pasado. No necesariamente vamos a remover relatos ya asumidos, madurados, internalizados. No decimos “esta es la historia”, decimos “sabemos esto”. Nosotros vamos con eso que una vez leí en el “Río Negro”: ir como Churchill, con el farol de la historia en la mano, ayudando a desentrañarla, o algo así. –Un escritor que trabaja mucho sobre el peronismo –Alejandro Tarruella– dice que, a la hora de meterse en la historia, el peronismo es muy polifónico. ¿Cómo manejaron esto ustedes? –Aceptando que la verdad parcial es una constante, capaz de verdades parciales. El tramo de la historia que analizamos nosotros está plagado de verdades parciales y, como tales, algunas entrañan cierto peligro por los términos en que son presentadas. –¿Montoneros como eje sin más de la lucha por Perón? –O, como decimos y en todo caso está en línea con eso, que es parcial decir “la juventud fue la que más luchó para traer a Perón”. –¿Parcial o injusto? –Bueno, incluso injusto. Eso es borrar de un plumazo toda una historia de lucha de protagonistas que tejieron historia con su propia sangre. ¡No se puede restar de la historia a la Resistencia Peronista, a los sindicatos! –¿Perón le teme a Montoneros? –Por la historia que tejió no me parece que Perón fuera hombre de miedos… y tenga la delicadeza de no decirme que disparó en el 55, porque con irse evitó una guerra civil. –Pero ¿cómo entender que, tras echar a los “montos” de Plaza el 1 de Mayo del 74, Perón los sigue, busca soldar la fractura? Ya mandaban las diferencias de neto corte ideológico… –Como lo demostramos en el libro, Perón busca puentes porque intuye por dónde irá la historia si los puentes siguen rotos. Los “montos” mismos buscan incluso, hasta el 1 de julio, con Perón ya al borde la muerte, que Balbín se entreviste con Firmenich para ver si “El Chino” los acercaba a Perón. “Canca” Gullo estaba a cargo de la operación de contacto. –Pero ¿cómo entender entonces la Plaza del 1 de Mayo? –Los “montos” lo fueron a garronear a Perón. Ya transitaban, especialmente tras sumar a la FAR, por mudanzas ideológicas… ligeramente dicho: si Perón hablaba de comunidad organizada, para los “montos” eso era conciliación de clases y etcétera, etcétera. Y el garroneo se tradujo en ofuscación de Perón. No hay que hacer de ese día una lectura muy compleja. –Pero los coloca enfrente del bloque sindical, que a la hora de la dialéctica de los balazos con los “montos” fue un actor muy activo… –¡Ah, ese es otro tema! Perón tira su mirada sobre el sindicalismo y sabe de una conducta: es su roca dura. Incluso más allá de vandorismo y muchos etcéteras, es su, su… –¿Su patria, como lo fue el Ejército a lo largo de su historia personal? –Y, podría ser. Y a pesar de que Montoneros asesina a Rucci y con pruebas muy firmes nosotros adherimos en el libro a esa línea. Pero Perón quiere darse espacio para no romper con los “montos”, no lo quería. –En el libro ustedes deslizan una duda que por primera vez se plantea en la bibliografía sobre todo este tema. Dicen que, cuando en febrero del 71, le lleva a Perón –Madrid– la carta en la que los “montos” le informan sobre las razones por las cuales asesinaron a Aramburu y le informan sobre la lucha que seguirán desarrollando, solo le piden su opinión sobre lo hecho con autonomía de él. Hablan de lo consumado. No le piden instrucciones. –Como era lo habitual en la dirigencia que iba e iba a Madrid… –¿Cómo leer ese estilo de los “montos”? –Por ahora nos quedamos con lo que dijimos: no sabemos cómo Perón configuró, detectó ese estilo. Creo que decimos que “dudamos” sobre lo que habrá pensado sobre el tema. –¿Se le habrá pasado por alto? –¡No, era un conductor! Su historia es historia de conducir. Manejaba hombres, tiempos… –¿Y qué les dice a los “montos” por fuera de esa carta? Ustedes reconocen que Galimberti retornó con otros mensajes… –Conjeturas. Nadie lo sabe, pero existir existieron. Mi impresión es que les pidió que no arremetieran contra el sindicalismo, pero no sé.