Picardía de Frey para convencer al árbitro inglés

Una década en la Comisión de Límites lo vinculó al Nahuel Huapi.

Por Redacción

por FRANCISCO N. JUAREZ

fnjuarez@sion.com

l ingeniero topógrafo argentino Emilio Enrique Frey, pionero en la cordillera limítrofe, en la región de los lagos y en San Carlos de Bariloche, quizás no haya sido suficientemente homenajeado a propósito de sus empeñosas y sacrificadas tareas y exploraciones como integrante de las comisiones de límites con Chile y la de Estudios Hidrológicos del Norte de la Patagonia y hasta deportivas que protagonizó en la región de sus amores.

Habrá que evocarlo el próximo 31 de agosto al cumplirse los 75 años del Club Andino Bariloche (CAB), que Frey fundó con su yerno Juan J. Neumeyer y los pioneros Otto Meiling y Reynaldo B. Knapp.

Quizás la labor y personalidad ejemplar de Frey no fueron suficientemente divulgadas. Sólo la fundación del CAB significó que a partir de 1931 sirviera de apoyatura tanto a la Comisión Pro Parque Nacional como al desarrollo del Parque Nahuel Huapi.

El CAB de aquellos años resultó referente para el desarrollo del turismo regional impulsado por un puñado de fundadores y asociados, sumados a adherentes porteños de indudable influencia. No fue casual que otro de los fundadores, Meiling –junto con su socio Hildelbrandt– instalara en 1930 la primera oficina turística en Bariloche y editara la primera y fundamental guía de turismo regional, ya con 100 páginas, un gran mapa desplegable del Nahuel Huapi y alrededores, y otro del pueblo que dibujó Horst Thienemann. Agregaba otro mapa con el detallado trayecto desde Bariloche al lago Puerto Varas (Chile), lo que algunos llamaban la travesía Roth (por la familia prestadora de los servicios lacustres y terrestres, también muy vinculada al CAB y sobre todo al incipiente turismo transandino).

Emilio E. Frey aportó a Mailing bibliografía regional para esa guía, como también había entregado un par de viejos esquís nórdicos que le habían provisto durante su participación en la Comisión de Límites, y los destinó en el invierno de 1930 a los pioneros del deporte de un futuro entonces no tan cercano. Lo ensayaron entonces intensamente por las faldas del pueblo durante ese invierno de gran nevada y a la vez de crisis económica.

Esa actividad, que en parte motivó la creación del CAB, también cimentó un deporte que dio continuidad invernal al turismo regional.

Aún para muchos, Frey e hoy, simplemente, el nombre de una calle (de San Carlos de Bariloche y otra de Comodoro Rivadavia), un refugio en el cerro Catedral o una aguja pétrea de ese mismo macizo. Pero bastaría que fuera común conocer un esquema de su traza biográfica, para ejemplificar lo que puede la tenacidad de la mano de la honradez como arquetípica en una sociedad progresista.

 

La mano de Genoud y Roth

Es cierto –como suele suceder en vida de personajes trascendentes- que para que Frey apareciera en la región sureña, serviría la intervención de dos personajes. En realidad, fueron intermediarios para que pudiera desarrollar su capacidad arrolladora. Esos personajes fueron: un señor Genoud de Baradero, y el doctor y naturalista Santiago Roth egresado del Politécnico de Zurich y tan vinculado al museo de Ciencias Naturales de La Plata y a la Universidad de esa misma ciudad, de la que fue profesor de paleontología.

Emilio Enrique Frey había nacido en Baradero, provincia de Buenos Aires –el 10 de febrero de 1872– con raíz nativa por parte de Bernabela Borda, su madre, y suiza por su padre, inmigrante helvético, homónimo, y arribado en la primavera de 1863. En Baradero –donde hoy reluce una Villa Frey- Emilio Enrique hijo creció junto a sus otros hermanos. María Emilia nació el 6 de octubre de 1873. Elena Petrona, el 16 de setiembre de 1874. Clotilde Sixta, el 4 de junio de 1877. Guillermo, que se mantuvo bastante vinculado a Emilio, nació el 30 de abril de 1881. Doña Bernabela fue sin duda una madre pródiga. Aún concebiría una mujer y tres varones más. Alumbró a Carlos Alberto el 22 de marzo de 1883, a Rodolfo Maximiliano el 13 de marzo de 1885, a Ernestina Carmen el 17 de setiembre de 1887 y, el menor, Raúl Víctor, el 12 de diciembre de 1889.

El padre de semejante prole fue empleado y llegó a gerente en la fuerte firma de Baradero, «Genoud, Benvenuto, Martelli y Cía.». Cuando el señor Genoud hizo un viaje a Suiza llevó al chiquilín Emilio Frey. El plan de los Frey era que en Zurich permaneciera con su abuelo Rudolf por un año. Pero se encariñaron con él, y fue la razón por la que se quedó a estudiar entre aquellas bucólicas montañas.

Volvió a la Argentina con el título de Ingeniero Topógrafo, hablando alemán (olvidado del castellano) y justo a tiempo como para incorporarse a la Guardia Nacional, donde fue soldado con metalizado kepis de coracero.

Inmediatamente después, el profesor Santiago Roth, amigo de la familia suiza de Frey, presentó al joven Emilio a Francisco P. Moreno. El encuentro fue providencial ya que enseguida Moreno incorporó a Frey en las comisiones de límites, algo de lo que nunca se arrepintió: habí encontrado a su más eficaz colaborador.

 

El ingeniero y el cacique

Corría el año 1893. En la misión encomendada, Frey debió embarcarse con un políglota grupo de noruegos, suecos y daneses para desembarcar en Puerto Madryn. Frey recordaba aquel viaje con detalle hasta sus últimos tiempos de su longeva vida. Según su relato, la comisión fue a Trelew y visitó toda la colonia galesa. Después marcharon hacia la cordillera y cerca de Tecka dieron con los toldos del cacique Foyel.

Fue la primera vez que Frey se topó con la brava raza autóctona. Al revuelo de la tribu lo sosegó el lenguaraz que informó que los recién llegados venían en nombre del gobierno argentino. Y aunque resignadamente atendieron el largo protocolo aborigen y rechazaron almorzar un puchero de guanaco, Foyel no les mezquinó baqueanos para entreverarse en la cordillera.

Pasará toda una década en la Comisión de Límites hasta la colocación de los primeros hitos en 1903, tras el laudo arbitral establecido por la corona británica y tarea que presidió el coronel británico (luego Sir de la Corte),Thomas Holdich. Pero en 1902, cuando Aarón Anchorena llegó a Bariloche en su exótica excursión patagónica, Frey acampó con ese 'bon vivant' en la isla Victoria.

Una de las anécdotas más recordadas fue la picardía de Frey y Moreno para convencer a Holdich de que la zona de Maitén no era la «abrupta cordillera» que señalaba la documentación chilena: lo esperaron para hacer juntos la recorrida en sulky.

Si se da un salto de diez años desde la terminación de esa labor limítrofe, a principios del otoño de 1913 encontramos a ese Quijote de los Andes en un campamento junto al río Ñirihuau, pensando en su Dulcinea. Está enamorado y le durará apenas medio siglo. Ella es bellísima, suiza y se llama Rosa Schumacher. Tres años antes había llegado a Bariloche donde su hermano Ernesto era panadero. Frey no tenía a quién pedirle su mano y se lo hizo a ella misma y por carta con un chasque que la llevó al pueblo. Le prometió una luna de miel en las cataratas del Iguazú y la desposó el 10 de mayo de ese mismo otoño. ¡Qué luna de miel! A caballo hasta Maquinchao, punta de rieles en la construcción de la hoy llamada Línea Sur, y de allí a San Antonio en la incomodidad de una locomotora. Después se embarcaron a Buenos Aires.

En la gran urbe debieron detenerse porque las responsabilidades de Frey en la comisión hidrológica también exigía tareas burocráticas. No llegaron a Iguazú.

(Continuará)

CURIOSIDADES:

• Epopeya del telégrafo. Algunas vez deberá escribirse la historia de la construcción y mantenimiento de la telegrafía por hilo en la vasta Patagonia. Los problemas del cableado a través de zonas desérticas, el clima adverso y la falta de buenos caminos, poblaría un relato de historias dramáticas y la sacrificada vida de telegrafistas y guardahilos.

• Línea telegráfica a Esquel. El 14 de diciembre de 1902 salieron desde la estación Neuquén, 20 carretas de bueyes con elementos y el plantel de constructores del telégrafo para continuar las líneas patagónicas. Todo iba a cargo de Conrado Goytía, esta vez en dirección al lago Nahuel Huapi, «para continuar desde allí la línea telegráficas hasta Colonia 16 de Octubre», según las crónicas de la época.

• Naufragan los postes. Cuando la caravana de carretas que iba al sur para seguir la construcción de la línea telegráfica, llevaba 3 días de marcha desde Neuquén, naufragó en pleno lago Nahuel Huapi una gran barcaza a vela que transportaba troncos que se destinaban a plantar la línea telegráfica.

• La casilla de Paso Limay. Para 1909, abundaron las quejas por la miserable oficina telegráfica de este paraje que sería clave hasta que Vialidad Nacional cambió sus planes de rutas definitivas. Aquel año, en que todo el país se aprestaba a lucir la prolijidad estatal por la llegada del Centenario de la Revolución de Mayo, aquella oficina no era más que un cuartucho con piso de tablas sueltas y techo de paja.

• Cámpora y Chaneton en 1900. Entre los conflictos vividos por José Cámpora en el norte de la Patagonia, se guarda el sumario (archivo del GEHiSo, en la Universidad Nacional del Comahue) sobre el conflicto desatado la noche del 17 de enero de 1900 entre el entonces muy joven Abel Chaneton, telegrafista que acababa de ser echado de su puesto en Chos Malal, y José Cámpora. La causa criminal (número 569 que llevó el juez letrado de Neuquén Manuel Pastor y Montes, secretaría del escribano Ceferino Quevedo) debió caratularse por «tentativa de homicidio». Ese día de enero de principios de siglo, Chaneton siguió de a pie a un Cámpora de a caballo al paso, por la calle 25 de Mayo. Le apuntó con su revólver y le gritó: «Aquí me tiene. Lo voy a matar», por creer que Cámpora lo había hecho echar del telégrafo.


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