Pichetto y el nacimiento del partido Latinoamericanista



Santiago Fernández*


Por paradójico que suene, el excandidato a vicepresidente Miguel Pichetto encarna aceleradamente la construcción de un partido político latinoamericanista.

Cuando la nominación del senador rionegrino se avizoraba como la pata céntrica de un proyecto político que, a más de guiños, no podía mostrar políticas seductoras a las amplias mayorías centristas de la sociedad argentina, la dinámica de su candidatura ha adquirido un perfil disruptivo en el escenario electoral, con perspectivas de futuro cierto, lejos del centro político argentino pero en el mismísimo centro de la Latinoamérica política.

El senador, escueto pero siempre inteligente, definió para el peronismo lo que en el peronismo no se define: el peronismo es un partido de centro-nacional y capitalista.

El Senador, eterno oficialista o mejor perfumado como “hombre de Estado”, como si tal cosa contuviera unos intereses que le son propios y nunca de partes, encarnó en los años post-kirchneristas el rol del vocero político de los gobernadores peronistas que, urgidos de fondos y gobernabilidad, conchabaron dicha vocería para abjurar en tercera persona de su pasado y poder desdecirse y decir, cual ventrílocuos, todo lo que el nuevo tiempo político cultural demandaba de ellos. Allí, en su rol, el Senador, escueto pero siempre inteligente, definió para el peronismo lo que en el peronismo no se define: el peronismo es un partido de centro-nacional y capitalista. Tomá.

No es el espacio donde dar cuenta de sus virtudes de equilibrista del nuevo statu quo pero lo cierto es que el Senador llegó a principios de junio bien espectado como “peronista racional”. Su nominación fue construida como el sustento político peronista al nuevo orden ¿antiperonista? y celebrado con alzas de acciones, bonos y copas regadas con espumantes. Hasta allí, el centro-nacional capitalista aportaría, quizás, lo que la Doctrina Social de la Iglesia podría al neoliberalismo, es decir, cual remake noventista apenas una mirada caritativa ante el rostro de la pobreza. Pero no fue así.

No se sabe si es fruto del tan mentado “laboratorio duranbarbista”, pero Pichetto disparó para la derecha, legó al presidente-candidato el cariz de la sensibilidad y la comprensión por los daños colaterales y resguardó para sí lo que gusta a los paladares negros. Su raid fue de reclamar “menos cartoneros y más Mercados Libres”, pasando a la queja por “los venezolanos que no conocen Buenos Aires y trabajan en gastronomía”, a la advertencia de que “quienes tengan un departamento lo deberán entregar a la Revolución” en caso de triunfo de los Fernández, al, aún tibio, pedido por “dinamitar todo” en alusión a la presunta venta de droga en una villa porteña. Pero no quedó allí y haciendo profesión de fe peregrinó gustoso al Planalto a recibir el abrazo de oso de Jair Messías Bolsonaro.

Como se entiende que el gobierno no necesitaba consolidar el voto más allá de la derecha, no parece esta una estrategia electoral. Pero como sí se le reconoce al senador toda la inteligencia política, tampoco parece la decisión fruto de un rapto de xenofobia ante el laboratorista ecuatoriano. Más bien parece que Pichetto prepara la fundación del Partido Latinoamericanista de cara a la Argentina que viene.

Otra rionegrina, brillante ella, ha escrito acerca de la construcción de la Argentina como una sociedad excluyente y cómo esto ha constituido, de alguna manera, nuestra latinoamericanización. La filósofa y doctora en sociología Maristella Svampa ha dado cuenta del modo en que el neoliberalismo ha destruido la sociedad integrada que distinguía a la Argentina en su propio barrio y que, sin dudas, planteamos desde este espacio, moderaba la pregnancia de los poderes concentrados en los imaginarios políticos de mayoritarios sectores medios y populares.

La destrucción de ese impregnante y de los lazos sociales que sostenían dicho imaginario ha permitido el avance de sectores dominantes que han consolidado la Argentina excluyente, la fractura de las solidaridades sociales sobre las que se justifica el individualismo meritocrático y se enciende, en épocas de crisis, la llama que busca explotar los temores y rencores de los que resisten la última caída al mundo de los excluidos. Ya no son siquiera los burgueses asustados de Brecht sino apenas aspirantes a… en los suburbios de la escala social.

Si lo que está en proceso es la construcción de ese Partido que expresa la fractura definitiva de una Argentina que sucumbió a su latinoamericanización, las tradiciones políticas populares y democráticas de nuestro país deberán resguardarnos de la llegada de nuestro propio Mesías.

* Profesor de Historia, San Martín de los Andes .


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