Pink Floyd lleva la psicodelia al disco
Hace cincuenta años, Syd Barrett y sus amigos de Cambridge editaban “The Piper at the Gate of Dawn”, el volado estreno discográfico de la banda y lo último del líder antes del derrumbe.
En 1967 todo pasaba en Abbey Road. Durante toda la primera mitad de ese año, The Beatles creaba en el Estudio 2 el extraordinario “Sargent Pepper’s Lonely Heart Club Band”. En el estudio de al lado, un tal David Jones grababa su primer disco antes de ser Ziggy Stardust y un cuarteto psicodélico de Cambridge trabajaba en su debut discográfico que luego llamarían “The Piper at the Gates of Dawn”.
The Beatles y el tal David Jones sacaron sus respectivos discos el 1 de junio de hace cincuenta años. Los muchachos de Cambridge, en cambio, lo harían un par de meses después, el 4 de agosto, un día como ayer (o no).
Pink Floyd, de ellos se trata cuando nos referimos a los muchachos de Cambridge, se estrenaron discográficamente con LP tan extraño como fascinante, el producto de una explosión ácida alimentada por LSD y por la creatividad extrema de su líder Syd Barret. El resto, Roger Waters, Rick Wright y Nick Mason, eran acompañaban con altura, pero el genio era Barret.
Tan intensa era su mente y tan voraz su consumo de ácido, que Barret debió dejar la banda apenas un año después, para perderse silenciosamente en su mente hasta morir en julio de 2006. Lo reemplazó su amigo de Cambridge, David Gilmour.
“La mayoría de la gente, incluyéndome a mí, teníamos celos de lo brillante que era. Era físicamente precioso, ingenioso, divertido… Su forma de hablar, de caminar… No quiero que parezca una canción de amor, pero todo el mundo le quería”, diría Gilmour muchos años después.
Aunque Barret fue el compositor principal del disco, los demás tuvieron un importante trabajo en la construcción del álbum en el cual abundan en sus líricas los gnomos, unicornios, encantamientos, las hadas y un acentuado clima espacial, todo producto de los viajes interiores inducidos por el LSD. Los mejores tramos del disco suceden cuando aparecen las asociaciones libres surgidas de la mente de Barret.
Al igual que los consagrados Beatles, en Abbey Road los novatos de Pink Floyd hicieron del estudio un ámbito experimental. Lo más destacable es su exploración sónica. “Astronomía Domine” muestra el lado pop del grupo; “The Gnome” sobresale como un viaje lírico y musical; y la instrumental “Interstellar Overdrive” hipnotiza con su abrumador fraseo de guitarra.
Como ocurre con los geniales estrenos, sólo es percibido con el paso de los años. Fríamente recibido en sus días, “The Piper at the Gate of Dawn” es el disco que mejor nos muestra el arte psicodélico, algo que excede el sonido y que abarca una cultura y una forma de vida. En este caso, la de Syd Barret.
“The Piper at the Gate of Dawn”, la ficha
Publicado: 5 de agosto de 1967
Grabado: Estudios Abbey Road, Londres, entre el (21 de febrero y el 21 de mayo de
1967
Músicos: Syd Barrett (guitarras, voz, coros), Roger Waters (bajo, voz, coros), Rick Wright (órgano Farfisa, piano, celesta, voz y coros) y Nick Mason (batería, percusión)
Ingeniero de sonido: Peter Brown
Me gustaba Syd [Barrett]. Los demás tenían su propia personalidad: Nick [Mason] siempre se controlaba y Roger [Waters] era muy solemne y voluntarioso, pero Syd siempre estaba muy animado, efervescente, optimista”.
Mike Leonard, colaborador y amigo de Pink Floyd en los primeros tiempos de la banda
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