Pío Fernando Álvarez: recordado chapista del Valle
Neuquén
Cuando en textos anteriores publicamos acerca de los vecinos de la calle Mendoza, en la capital neuquina, nombramos en esa oportunidad a todos aquellos que conformábamos una comunidad vecinal amplia, variada, heterogénea, que generaba ámbitos de amistad y de relaciones perdurables en el tiempo.
Tanto es así que, si bien el urbanismo ha hecho que muchas de esas viviendas familiares fueran demolidas para la construcción de edificios horizontales, aún nos encontramos unidos por esos lazos fraternos cuando nos solemos encontrar en las calles neuquinas de hoy, del siglo XXI, que están pobladas por muchos migrantes venidos de otras provincias, de países aledaños o extranjeros.
Uno de esos casos es el de Pío Fernando Álvarez que tenía su taller en la primera cuadra de esta emblemática calle neuquina. Pío es hijo de Cayo Miguel Álvarez, español de Castilla la Vieja (provincia de León), y de Sara Álvarez, también española y de la misma región. Cuando arribó el matrimonio a la Argentina a fines de la década del 20 se fueron a trabajar con unos parientes a un lugar inhóspito, un campo en la localidad de Maquinchao, el cual resultaba muy frío en invierno (cercano al trágico accidente aéreo de la línea Sol ocurrido en el 2011).
Pío nació en esa localidad el 11 de agosto de 1938. Era el menor de ocho hermanos, y todos, desde muy chicos, trabajaron en el campo. Una de las actividades que suele recordar Pio como uno de sus primeros trabajos (a los 8 o 10 años) era el armado de ruedas de carros, como ser la colocación del aro de hierro que bordea a la misma.
Con el transcurso del tiempo, en la década del 40 se fueron a vivir a Los Menucos. Allí el mayor de los 8 hermanos, Enrique, se conectó con gente de General Roca y fue él quien de a poco les fue consiguiendo trabajo a los hermanos menores, en particular trabajos relacionados a la fruta en una chacra de dicha localidad. Fue allí cuando a todos los hermanos les decían “los galleguitos”.
Posteriormente y con el correr de los años, Pío aprendió el oficio de chapista con el Sr. Eduardo Bessi, actividad a la cual se dedicaría el resto de su vida laboral.
De joven, Pío debió cumplir con el servicio militar en Neuquén en donde conoció a Dante Kostiuk, quien le brindó hospedaje en una habitación trasera de su fábrica de elásticos. Finalizado el servicio se vino a vivir definitivamente a Neuquén, alquiló un amplio local a la familia Paternitti y allí conformó su Taller de chapa y pintura (situado en calle Mendoza al 40). En ese lugar trabajó durante 12 años desde 1966.
A mediados de los 70 compró un terreno al Sr. Gorvachov en calle Alderete esquina Amancay, se mudó en 1978 con su familia y también su local comercial. El lugar, en esa época, era totalmente desértico, con vecinos distanciados a una cuadra y rodeados de terrenos baldíos. Con mucho esfuerzo lograron levantar su hogar y pudieron ver la evolución del barrio con el transcurrir del tiempo. Hoy en día, la calle Alderete (ya asfaltada) es una de las más transitadas de Neuquén Capital.
En 1970 Pio se casó con Ida Esther Cáseres, nacida en Aluminé, hija de Mauricio Cáseres y de Elena Urrutia. Tuvieron tres hijos: Rosana Edith, Malena Alejandra y Pablo Fernando, quienes les dieron tres nietas: Clara Pía, Maia Isabella y Luna.
Una historia de vida que echó raíces tempranamente en este lejano Neuquén, en donde la calle Mendoza era despoblada, de tierra, de médanos, de vecinos que nos sentábamos en la vereda; en fin, en donde todos nos conocíamos, nos unen lazos y vínculos fraternos, de vecindad. Le rindo este sincero homenaje a Pío que hace pocos días partió de este mundo, y en su nombre a todos los que acompañaron nuestra infancia y juventud.
Beatriz Carolina Chávez