Plan y fondos faltantes
Relegada, la planificación estatal asoma en la agenda. Río Negro logró un préstamo y recibirá 350 millones.
A Weretilneck le sobra habilidad en la construcción de conquistas políticas, pero también tiene la virtud de deshacerse de las frustraciones. Instaló que su gabinete prepararía un plan estratégico de políticas públicas, pero esta semana terminó socializando esa faena ante su impedido y descuidado equipo. La percepción de poder del gobernador contrasta con la planificación estatal a largo plazo, que formalizó en su mensaje en la Legislatura. Su concepción política está atada a la respuesta, chica o grande, pero inmediata. Cualquier diseño de futuro mediato veda su distintivo y tenaz trato directo, que no piensa descuidar. Después de su triunfo en mayo, Weretilneck entendió que debía ofrecer misiones más ambiciosas. Decía que ya no existían “excusas para no avanzar en reformas reales” y preveía “grandes líneas de políticas públicas para las próximas generaciones”. Ordenó al gabinete trabajar en eso, incluso le impuso noviembre como plazo de presentación. Allí estarían los lineamientos para su gobierno 2015-2019. Esos esbozos no aparecieron, más allá de espasmos ministeriales. Así el jueves, al asumir, Weretilneck encontró una salida a esa contrariedad: socializó la misión pendiente. Lanzó un llamado general para preparar un plan estratégico. Esa intención siempre estuvo motorizada por el vicegobernador Pedro Pesatti. Sus conceptos aparecieron en el discurso de Weretilneck, incluyendo el fuerte reconocimiento al exgobernador Edgardo Castello. El vice ya tiene concluido el proyecto –que se trataría en la próxima sesión– para estructurar el programa a partir de la creación del Instituto de Planificación y Desarrollo, conformado por representantes de distintos poderes y organizaciones. Su presencia es aparente, pero existe una Secretaría de Planificación y Control de Gestión en órbita del Poder Ejecutivo. Su inexistencia emerge con observar qué estructura y disponibilidad administra. Su plantel no llega a los 40 agentes y técnicos y los recursos anuales no llegan a unos 12 millones. Ínfimos frente a un universo de 50.000 estatales y un presupuesto de 19.000 millones de pesos. Su supervivencia técnica se explica en los convenios con INTA e Indec y la posibilidad de préstamos del CFI. Su innovación fue la descentralización, con un asentamiento en Alto Valle, aunque respondió esencialmente a la necesidad de su secretaria Laura Perilli, radicada en Cipolletti. A pesar de esta degradación, bienvenida la revalorización gubernamental para alcanzar la planificación estratégica para Río Negro. Por ahora Weretilneck repitió un viejo anhelo del vicegobernador, mientras que su pensamiento auténtico estuvo en el Centro Cultural con la ceremonia de su gabinete ratificado. Allí se enfocó en los asuntos de su interés: la relación y respuesta de sus funcionarios. Arengó que deben “trabajar 24 horas por los rionegrinos”, planteando que no pueden “dejar de atender, escuchar y resolver los problemas”. Casi sin renovación, busca alguna regeneración con el cambio de actitudes de sus ministros, entonces los instó para que se comprometan más. Le importa la actitud y el reflejo político frente a la demanda cotidiana. Esta inmediatez no ayuda –obviamente– a la pretendida programación futura para el Estado. Tampoco será sencilla, porque es falaz, aquella conclusión de Weretilneck sobre que “la coyuntura está resuelta”. El presupuesto contradice esa sentencia. Vaticina un creciente déficit y su primera evidencia ya asoma, más allá de que aún no se informó oficialmente. Economía acordó un préstamo con el Banco Patagonia de unos 450 millones de pesos aunque, en realidad el depósito neto estará en los 350 millones. El resto será un asiento, porque cancela un pasivo de un crédito anterior. El ministro Alejandro Palmieri se fue, pero antes derrumbó un testimonio a favor. Aquel relato de que la Provincia no había sumado deuda propia, salvo la operación del 2013 que se explicaba mayoritariamente por las obligaciones de un préstamo tomado por la administración radical. El crédito ayudará a cancelar aguinaldos y salarios de diciembre. Este año se cierra con ese aviso cuando una alarma llega desde Bariloche a partir de la violenta reacción gremial contra los concejales en ocasión del tratamiento de la emergencia de ese municipio. “Bariloche tiene otros problemas y (Gustavo) Gennuso no es Alberto”, aluden en los despachos de Viedma, trasladando inquietud por el manejo del intendente. Es cierto, hay pocas similitudes entre ambas situaciones y gobernantes. También es cierto que ya no todo es como era y, por eso, Weretilneck está detrás –como nunca– de los pasos de Nación. Se entusiasmó con las transferencias extras de coparticipación (suspensión del 15% que se asignaba a la Anses), facilitadas por el último decreto/ley de la aún presidenta Cristina Fernández. Esos envíos vaticinan un adicional de unos 150 millones mensuales. Pudo ilusionarse con unos 1.700 millones para el 2016. Ayer, al almorzar con los gobernadores, Macri desactivó bastante la continuidad de esos agregados, valiéndose de la cautelar judicial. Habrá retoques, pero nada definido. No caerá la solución desde Nación. Valdrá aceptar que la gestión de Weretilneck, más allá de sus logros, arrastra asuntos por resolver.
Adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
Panorama de Río Negro
A Weretilneck le sobra habilidad en la construcción de conquistas políticas, pero también tiene la virtud de deshacerse de las frustraciones. Instaló que su gabinete prepararía un plan estratégico de políticas públicas, pero esta semana terminó socializando esa faena ante su impedido y descuidado equipo. La percepción de poder del gobernador contrasta con la planificación estatal a largo plazo, que formalizó en su mensaje en la Legislatura. Su concepción política está atada a la respuesta, chica o grande, pero inmediata. Cualquier diseño de futuro mediato veda su distintivo y tenaz trato directo, que no piensa descuidar. Después de su triunfo en mayo, Weretilneck entendió que debía ofrecer misiones más ambiciosas. Decía que ya no existían “excusas para no avanzar en reformas reales” y preveía “grandes líneas de políticas públicas para las próximas generaciones”. Ordenó al gabinete trabajar en eso, incluso le impuso noviembre como plazo de presentación. Allí estarían los lineamientos para su gobierno 2015-2019. Esos esbozos no aparecieron, más allá de espasmos ministeriales. Así el jueves, al asumir, Weretilneck encontró una salida a esa contrariedad: socializó la misión pendiente. Lanzó un llamado general para preparar un plan estratégico. Esa intención siempre estuvo motorizada por el vicegobernador Pedro Pesatti. Sus conceptos aparecieron en el discurso de Weretilneck, incluyendo el fuerte reconocimiento al exgobernador Edgardo Castello. El vice ya tiene concluido el proyecto –que se trataría en la próxima sesión– para estructurar el programa a partir de la creación del Instituto de Planificación y Desarrollo, conformado por representantes de distintos poderes y organizaciones. Su presencia es aparente, pero existe una Secretaría de Planificación y Control de Gestión en órbita del Poder Ejecutivo. Su inexistencia emerge con observar qué estructura y disponibilidad administra. Su plantel no llega a los 40 agentes y técnicos y los recursos anuales no llegan a unos 12 millones. Ínfimos frente a un universo de 50.000 estatales y un presupuesto de 19.000 millones de pesos. Su supervivencia técnica se explica en los convenios con INTA e Indec y la posibilidad de préstamos del CFI. Su innovación fue la descentralización, con un asentamiento en Alto Valle, aunque respondió esencialmente a la necesidad de su secretaria Laura Perilli, radicada en Cipolletti. A pesar de esta degradación, bienvenida la revalorización gubernamental para alcanzar la planificación estratégica para Río Negro. Por ahora Weretilneck repitió un viejo anhelo del vicegobernador, mientras que su pensamiento auténtico estuvo en el Centro Cultural con la ceremonia de su gabinete ratificado. Allí se enfocó en los asuntos de su interés: la relación y respuesta de sus funcionarios. Arengó que deben “trabajar 24 horas por los rionegrinos”, planteando que no pueden “dejar de atender, escuchar y resolver los problemas”. Casi sin renovación, busca alguna regeneración con el cambio de actitudes de sus ministros, entonces los instó para que se comprometan más. Le importa la actitud y el reflejo político frente a la demanda cotidiana. Esta inmediatez no ayuda –obviamente– a la pretendida programación futura para el Estado. Tampoco será sencilla, porque es falaz, aquella conclusión de Weretilneck sobre que “la coyuntura está resuelta”. El presupuesto contradice esa sentencia. Vaticina un creciente déficit y su primera evidencia ya asoma, más allá de que aún no se informó oficialmente. Economía acordó un préstamo con el Banco Patagonia de unos 450 millones de pesos aunque, en realidad el depósito neto estará en los 350 millones. El resto será un asiento, porque cancela un pasivo de un crédito anterior. El ministro Alejandro Palmieri se fue, pero antes derrumbó un testimonio a favor. Aquel relato de que la Provincia no había sumado deuda propia, salvo la operación del 2013 que se explicaba mayoritariamente por las obligaciones de un préstamo tomado por la administración radical. El crédito ayudará a cancelar aguinaldos y salarios de diciembre. Este año se cierra con ese aviso cuando una alarma llega desde Bariloche a partir de la violenta reacción gremial contra los concejales en ocasión del tratamiento de la emergencia de ese municipio. “Bariloche tiene otros problemas y (Gustavo) Gennuso no es Alberto”, aluden en los despachos de Viedma, trasladando inquietud por el manejo del intendente. Es cierto, hay pocas similitudes entre ambas situaciones y gobernantes. También es cierto que ya no todo es como era y, por eso, Weretilneck está detrás –como nunca– de los pasos de Nación. Se entusiasmó con las transferencias extras de coparticipación (suspensión del 15% que se asignaba a la Anses), facilitadas por el último decreto/ley de la aún presidenta Cristina Fernández. Esos envíos vaticinan un adicional de unos 150 millones mensuales. Pudo ilusionarse con unos 1.700 millones para el 2016. Ayer, al almorzar con los gobernadores, Macri desactivó bastante la continuidad de esos agregados, valiéndose de la cautelar judicial. Habrá retoques, pero nada definido. No caerá la solución desde Nación. Valdrá aceptar que la gestión de Weretilneck, más allá de sus logros, arrastra asuntos por resolver.
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