Polémica por las restricciones en la importación de libros

Intelectuales rechazan la medida del gobierno.

Por Redacción

Las revistas importadas, como “Nature”, ¿podrán ingresar?. El gobierno asegura que sí.

Mientras los empresarios de la industria y el gobierno nacional insisten que no habrá inconvenientes para conseguir libros (por las trabas a las importaciones y la resolución que establece niveles mínimos de plomo en la tinta de los textos), intelectuales, escritores y personalidades de la cultura salieron a cuestionar la medida.

La crítica más fuerte es que, a corto o mediano plazo, faltarán textos. No quizás las novelas que ya se imprimen en el país (la mayoría de las editoriales editan en la Argentina) o algunos libros de textos escolares, pero sí las revistas científicas que necesitan los investigadores, algunos textos de medicina, los libros infantiles o los de inglés que necesiten los estudiantes de idioma. También la de aquellos autores menos vendidos en el país.

Tras la medida, los particulares que habitualmente compraban publicaciones en el exterior y que lo recibían en su casa, por correo, deben ahora ir a buscarlas a Ezeiza.

Hay que decir que la medida del gobierno llega después de un dato fundamental: el año pasado, los argentinos “consumimos” 80 millones de libros, de los cuales el 78 por ciento son importados. Pero hay que decir también que los libros argentinos son un 18 por ciento más caros.

La medida generó un fuerte rechazo en las redes sociales. El hashtag #Liberenloslibros se convirtió en uno de los favoritos y #Loslibrosmatan, una suerte de burla a la medida que establece niveles mínimos de plomo en la tinta de los textos, también.

Con respecto a la segunda parte de la restricción, los niveles de plomo en la tinta, un grupo de intelectuales rechazó la explicación de Moreno que sostiene que el texto no debe contener cantidades de plomo superiores al 0,05 y el 0,06% en su composición química. “Causa estupor que el mismo gobierno que acepta la utilización de sustancias químicas contaminantes en la mega minería a cielo abierto alegue ahora razones de índole sanitaria para tomar una medida tan engañosa como falsa”, dijo un grupo integrado por Beatriz Sarlo, Gabriela Massuh, Luis Felipe Noé, Maristella Svampa y Herman Schiller, entre otros.

El periodista y escritor Maximiliano Tomas, en un artículo titulado “Fútbol para todos, libros para muchos menos”, publicado en el diario “La Nación”, sostiene: “El enorme volumen de libros que antes se importaba debería estar produciéndose ahora en el país. Como eso es imposible, ya que la capacidad instalada no puede multiplicarse en tan poco tiempo, las imprentas nacionales están dando prioridad a los pedidos que resultan más convenientes para sus finanzas (los títulos de los grandes sellos, de capitales transnacionales, que son los únicos que se imprimen de a decenas de miles de ejemplares). Así, una medida que busca proteger a la industria nacional favorece en los hechos a las multinacionales de la industria editorial y ahoga a las medianas y pequeñas empresas, que imprimen menos cantidad pero suelen editar los libros más interesantes, innovadores y arriesgados del mercado. Así se llega a la situación actual, donde si nada cambia se reducirá cada vez más la diversidad de la oferta: en poco tiempo habrá menos títulos, de peor calidad y más caros. Será el resultado de un negocio en el que las empresas y la industria gráfica sólo piensan en sus beneficios, y el Gobierno, obsesionado por la balanza comercial, actúa de manera impulsiva y paranoica. En el medio, de rehenes y como siempre, seguirán estando los lectores”.

La polémica recién empieza.